Arlette Pichardo: Vacunación Coronavirus. Emular a la Universidad de Costa Rica

En un país con 5 universidades públicas y al menos una decena de universidades privadas de tamaño mediano funcionando con regularidad, la apuesta debería ser la participación y coordinación con estos entes y organizaciones civiles representativas, garantizando el derecho a la gratuidad de la salud pública, más allá de permitir y favorecer la venta de la vacuna en el mercado privado.

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Arlette Pichardo Muñiz, Socióloga

Las máximas autoridades de la Universidad de Costa Rica (UCR) han anunciado que a partir del martes 4 de mayo se instalará un centro de vacunación contra el Coronavirus (COVID-19, por sus siglas en inglés) dirigido a apoyar los esfuerzos de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS). Enhorabuena que la UCR se compromete con una iniciativa de tal naturaleza.

Costa Rica recibe el primer lote de vacunas el 23 de diciembre de 2019 y al día siguiente se inicia la campaña de inmunización con personas trabajadoras de la salud y adultas mayores.

Desde entonces, y como era de esperarse, el proceso ha seguido un curso diferente a nivel nacional, en función de la composición demográfica cantonal y del grado de organización y desempeño funcional de los Equipos Básicos de Atención Integral en Salud (EBAIS).

Según los datos consignados en una de las fuentes de información internacional, con base en reportes oficiales de los países, al 30 de abril de 2020, Costa Rica registra un total de 818 884 dosis de vacunas administradas  (https://www.covidvisualizer.com/). Para esa misma fecha, el Ministerio de Salud en su informe de situación nacional COVID-19 da cuenta de 250 991 casos confirmados.

Al momento los países que han logrado una curva sostenida de vacunación han apostado desde el principio al diseño, ejecución y evaluación de una estrategia ad hoc de vacunación, fuera de los centros habituales. Primero, con el propósito de no interferir en las tareas habituales de dichos centros; y, segundo, con el fin de lograr una curva más acelerada de prestación del servicio.

La experiencia indica que el establecimiento de alianzas público-privadas, en particular con universidades, que cuentan con espacio físico, disposición para orquestar equipos de trabajo en salud y particularmente capacidad de organización de eventos masivos, ha sido un factor determinante en la curva exponencial de vacunación. Amén, claro está, de la disponibilidad y suministro de vacunas por parte de las autoridades públicas correspondientes.

En un país con 5 universidades públicas y al menos una decena de universidades privadas de tamaño mediano funcionando con regularidad, la apuesta debería ser la participación y coordinación con estos entes y organizaciones civiles representativas, garantizando el derecho a la gratuidad de la salud pública, más allá de permitir y favorecer la venta de la vacuna en el mercado privado.

 

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