Armando Vargas: 130 años de democracia, la experiencia de Costa Rica

Museo de la Democracia Australiana Canberra, 7 de noviembre de 2019

0

Armando Vargas Araya. Embajador en Australia.

SOBRE EL BORDE ORIENTAL del Pacífico, un siglo y tres décadas atrás, en un compacto país esmeralda, anidado entre continentes y océanos al centro de las Américas, la democracia se consolidó por la firme voluntad de su pueblo.

Ese jueves por la noche, 7 de noviembre de 1889, centenares de ciudadanos munidos de herramientas de labranza, palos, piedras, unos pocos revólveres y algunos rifles de caza, a pie y a caballo, rodearon San José, la ciudad capital. Era una inaudita protesta en demanda de respeto por los sufragios depositados dos días antes en la primera ronda electoral –un puñado de policías habían marchado al mediodía por la calle principal vivando el triunfo del candidato gobiernista–. El asedio cívico se mantuvo hasta que el último voto no fuese contado. Tres semanas después, el candidato opositor fue electo en la segunda ronda de votación.

Sin habérselo propuesto, aquellos escasos 300 000 habitantes hacían historia en sus 51 000 kilómetros cuadrados. Fue la primera elección genuinamente libre y popular. Por vez primera un gobierno era derrotado en las urnas de votación. Ahí surgieron los partidos ideológicos, no simplemente personalistas. La libertad de expresión y la libertad de prensa no tuvieron cortapisas en la campaña. Y los ciudadanos se organizaron para defender su derecho electoral, por la fuerza si fuese necesario.

Perdió el partido secular del liberalismo progresista, en el mando por los anteriores veinte años. Ganó el partido conservador de orientación católica, que gobernaría consecutivamente durante los doce años siguientes.

Fue un parteaguas categórico.

EN HONOR A LA EPOPEYA CÍVICA, en 1942 el Congreso Constitucional fijó por ley el “Día de la Democracia Costarricense”, con el fin de reflexionar cada 7 de noviembre sobre aquel complejo y multicausal proceso histórico –una fecha de llegada en el tiempo, un punto de partida hacia el porvenir–.

Me excuso por interpolar una nota personal. Como miembro del gabinete ministerial, el presidente Luis Alberto Monge me instruyó en 1985 para redactar el decreto ejecutivo que instituyó la Comisión Nacional Organizadora del Primer Centenario de la Democracia Costarricense, celebrado en 1989 por el Sistema Educativo Nacional, que culminó con una reunión cimera de jefes de Estado de las Américas.

Dicho lo anterior, debe quedar claro por qué estoy tan gratamente impresionado por el trabajo que realizan el Museo de la Democracia Australiana y su espléndido programa “Democracy 2025”, así como el Centro Nacional Australiano de Estudios Latinoamericanos. Es un honor para la Embajada de Costa Rica compartir esta conmemoración con tan prestigiosas instituciones australianas volcadas hacia el futuro.

Saludamos con gratitud a los miembros del Cuerpo Diplomático, honorables dignatarios, académicos y estudiantes universitarios, distinguidos ciudadanos de Australia, Costa Rica y otras naciones amigas, que están con nosotros en esta feliz ocasión.

LAS SEMILLAS DE LA DEMOCRACIA fueron implantadas en la más pobre e insignificante colonia de España en 1812 por la liberal Constitución de Cádiz, que permitía el sufragio masculino por medio de un sistema electoral indirecto, favorable a ricos y famosos.

Variaciones de ese tipo de incipiente democracia persistieron a lo largo de medio siglo, luego de la Independencia Nacional en 1821.

En dos ocasiones, se repelieron intrusiones militares externas para defender la república en embrión: una dictadura foránea (1842) y una invasión esclavista paraestatal (1856).

La estructuración del sistema político en la joven nación fue un proceso sinuoso.

Para el episodio definitorio recordado aquí, había unos 27 000 ciudadanos empadronados, para elegir a 467 electores, quienes designarían al jefe de Estado.

Pero se alcanzó entonces un primer hito de madurez democrática.

LAS SIGUIENTES SEIS DÉCADAS son un periodo de calmoso proceso electoral, con una dramática interrupción.

La construcción de la democracia no es un lecho de rosas, sino un esfuerzo persistente que exige incesantes labores.

Se introdujo la elección directa, se propuso el sufragio femenino, y se prohibió la elección de clérigos.

De súbito, la evolución del proceso democrático se vio ensombrecida por cuatro presidencias ilegítimas, durante el periodo inestable de la Primera Guerra Mundial, incluida la última dictadura sangrienta padecida por la nación.

El camino del mejoramiento del sistema electoral fue reemprendido a punta de ensayos y errores. El candidato presidencial podría ganar con 40% de la votación. El voto oral público fue reemplazado por el sufragio secreto. El ciudadano debía obtener del Registro

Civil la cédula de identidad con su fotografía. Se adoptó un Código Electoral que excluía al Poder Ejecutivo de los asuntos electorales, pero dejaba la última palabra al Congreso.

El ocultamiento y el fraude no faltaron en esta zigzagueante trayectoria.

UN MOVIMIENTO CÍVICO se lanzó a la guerra civil en 1948, por la restauración de la libertad electoral.

El conflicto estalló cuando el Congreso anuló una elección presidencial antagónica a los intereses del partido oficialista.

Las fuerzas victoriosas fundaron la Segunda República, abolieron las fuerzas armadas –optaron por la desmilitarización y luego la neutralidad–, y convocaron a una Asamblea Nacional Constituyente.

El año siguiente se creó el Tribunal Supremo de Elecciones como cuarto poder del Estado, para garantizar la transparencia electoral y la integridad de los resultados.

Diecisiete ciclos electorales han sido organizados cada cuatro años por este órgano constitucional, el más reciente en 2018.

Varias decisiones jalonan la ruta del desarrollo democrático contemporáneo. El derecho al sufragio femenino fue reconocido hace siete décadas y ahora hay paridad en toda elección. La ciudadanía de la juventud se extendió a los 18 años cumplidos. Se introdujo el financiamiento público de la deuda política. Todos los partidos pueden participar en los comicios, comprometidos a respetar el orden constitucional. El costarricense puede votar en el exterior y los extranjeros nacionalizados tienen derecho al voto.

La Constitución ha sido enmendada para definir el carácter del gobierno no solo como representativo sino también como participativo, con el instituto del referendo.

En coincidencia con el Centenario de la Democracia Costarricense, se creó la Sala Constitucional que protege los derechos del ciudadano y los amplía, por ejemplo: el derecho a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, o el derecho a la paz para cada persona.

LA IMBRICACIÓN VIRTUOSA de la democracia y la desmilitarización ha generado resultados positivos en las dimensiones política, social, económica y cultural.

Con una sólida institucionalidad sustentada en el imperio de la ley, el país tiene 5 000 000 habitantes, con un producto interno bruto (PIB) per cápita equivalente a 26 000 dólares australianos por año.

El Estado invierte 7,3 % del PIB en educación, 9,3 % en salud y bienestar, 0 % en gastos militares. La expectativa de vida está en 79,6 años y la alfabetización en 98%.

Si se tratase de un laboratorio social, quizá pudiera validarse un “dividendo democrático”, por medio de un englobador método sistemático focalizado prioritariamente en las dimensiones no económicas de los resultados sociales.

Sin dudas, la democracia y la desmilitarización han generado estabilidad y paz, desarrollo humano sostenible, libertad y justicia, respetabilidad nacional y dignidad a los habitantes de Costa Rica.

LOS DILEMAS, DESAFÍOS Y CONTRADICCIONES actuales aparentan ser infranqueables. Pero podemos contar con una fórmula de raigambre profunda con la cual afrontar y resolver las dificultades: La Vía Costarricense.

Cada nación organiza su sistema social de acuerdo con sus singularidades autóctonas. Nosotros no somos mejores sino distintos. No pretendemos ser ejemplo para ningún país, no obstante que cualquier cosa existente, es posible.

La forma distintiva de vida costarricense ha sido cultivada a través de las generaciones en uno de los territorios de mayor biodiversidad concentrada.

Nos satisface, eso sí, haber demostrado que la democracia también crece en los trópicos.

 


Armando Vargas Araya de formación periodista, académico, autor de numerosas publicaciones; también político y escritor costarricense, experto en infocomunicaciones, fue Ministro de Comunicación e Información durante el cuatrienio 1982-1986.
Actualmente es Embajador de Costa Rica ante Australia.

También podría gustarte

Comentarios

Cargando...