Arturo Garro, Ingeniero en software.
La verdad es que pasé angustiado toda la película. No porque sea mala, sino al contrario. Es tan buena, que el peso de Charlie, el personaje principal, te aplasta y te llena de angustia de todas las formas posibles. Obviamente su obesidad mórbida, pero también el peso psicológico que carga. Todas las tareas que nos parecen normales, para Charlie eran actividades monumentales.
Cómo dato curioso, toda la prostética usada en Brendan Fraser realmente era pesada. En una entrevista al actor, confesó que al final del día al quitarle todos los prostéticos que usaba, sentía que quedaba como flotando en un bote y se mareaba.

Es una de esas películas que terminan los créditos, y te queda la cabeza dando vueltas. Con demasiados cuestionamientos acerca de la salvación, del amor, del sentido de la vida, de la huella que queremos dejar cuando faltemos. Porque sin tener que dejar un spoiler, durante toda la película nos recuerdan que Charlie va a morir. Y es fácil asumirlo, así que tampoco estoy diciendo nada que no se descubra desde los primeros minutos.

Cabe recordar que en 2018, Brendan Fraser alegó que Philip Brek, presidente de la Asociación de Prensa Extranjera en Hollywood, lo había agredido sexualmente. Al parecer, ese incidente hizo que la prensa hablara en contra de él, y la industria de Hollywood lo “olvidó” como actor. A eso se aunó su divorcio, la muerte de su madre y problemas de salud que hicieron que entrara en una profunda depresión.
Dicho esto, vamos a la actuación de Brendan Fraser. La profunda depresión de Charlie, es algo con lo que Brendan Fraser se sintió identificado. Realmente, ese actor que andaba colgando de lianas y matando momias quedó muy muy atrás, y regresó con una actuación de mucho peso y en todos los sentidos. Nominado al Oscar por mejor actuación, no sería casualidad que se lo lleve. Por varias razones: Se lo merece. Marca su regreso, y vaya regreso. Sería una forma en que Hollywood trate de “lavarse la cara” por olvidarlo como actor. Y la última sería la transformación. La Academia adora las transformaciones y la de Brendan es muy buena.
La dirección de Darren Aronofsky es impresionante. El director ha demostrado su habilidad para contar historias emotivas y profundas en películas como “Requiem for a Dream” y “Black Swan”. En “The Whale”, Aronofsky utiliza la cinematografía para crear un ambiente melancólico que refleja el estado de ánimo del personaje de Charlie.
Y necesito detenerme un momento para hablar de Sadie Sink. La peliroja de Stranger Things. Regresa con un papel de adolescente media rebelde a la que nos tenía acostumbrados en la serie. Bueno, es una versión de su personaje de Stranger Things, dije… pero no. Entonces, hay que ponerle atención a la futura carrera de esta chica.