Asustados y desorientados: Tres armas en vez de una

Aun hay tiempo para personas jóvenes y viejos, tipos como los que menciona Bertold Brecht cuando se refiere a los imprescindibles, esos capaces de crear el mundo nuevo y distinto que merecen los que vienen

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Estamos tan asustados que los recurrimos a muchas y muy variadas formas de agredir a los demás. El susto traducido en alguna manifestación de violencia, se ha vuelto en muchos la forma más fácil y cómoda de seguir adelante. Es una especie de droga que da fuerza sintética para continuar.  Ese tipo de convivencia otrora anormal, es hoy en día “normal”, y es como si los miedos habiendo hecho callo en la conciencia, lograran que la indiferencia colectiva, sea característica de identidad social en nuestro tiempo. Se vive en las carreteras, en las barriadas, en los residenciales, y también en el hogar.

Tan asustados estamos que la agresión más grotesca ha venido a ocupar una especie de prioridad en el morbo colectivo, estimulada por la acción mediática. Eso ha hecho que un ingenioso escultor, esculpiera una figura humana sentada en una banca con sus brazos cruzados, y dejado un vacío de lado a lado, donde debió haber ido el corazón y otro donde debió estar el cerebro.

Tan asustados que ahora podríamos tener hasta tres armas en vez de una. Quien lo hubiera imaginado en el país sin ejército.

Y es que igualmente estamos desorientados porque la información es tanta y tan manipulada, que difícilmente pueda alguien tener claridad suficiente sobre lo que acontece. El cerebro está alimentado también de nada, porque la información se ha convertido hoy en aliada de la mentira. Eso sí lo sabemos todos.  Y si ni siquiera podremos tener la capacidad de discernir entre lo que es mentira y lo que es verdad, mejor agredir y caminar hacia cualquier dirección que igual da. Las redes sociales tienen sobre todas las cosas, el expertise en desinformación y agresión, que pronto se habrá de materializar en otra forma.

Esa combinación perversa de la desinformación y el miedo, nos convierte en los temidos zombis que tanto cautivan el morbo social.

Aquí entonces hay una responsabilidad social, y la tienen los pocos conscientes y mejor informados. Es un tema que ya no es solo generacional, porque caben en la misma trinchera los de veinte, también los de sesenta y más. Se puede quizás con pocos y buenos, revertir este proceso irracional que se nutre de la desinformación y del miedo.  Aun hay tiempo para personas jóvenes y viejos, tipos como los que menciona Bertold Brecht cuando se refiere a los imprescindibles, esos capaces de crear el mundo nuevo y distinto que merecen los que vienen.  Como decía alguien con un mal profundo “Ya no hay tiempo para perder más tiempo”

 

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