Semanas atrás nos referimos a la crítica situación que afectaba BANCREDITO desde hace meses y que, por las evidencias públicas, no había sido atendido como debía, buscándose a la carrera y a último momento medidas correctivas que llegaban en momento tardío.

Las acciones se dieron un fin de semana, la información disponible a nivel de sus clientes como del público era escasa y más bien cayó en el plano de las especulaciones, nada saludables para la estabilidad de un Banco, que como todos, basa su prestigio precisamente en la seguridad y transparencia.

Tratándose de un Banco del Estado, las razones para la obligatoriedad del manejo y administración transparente cobran mayor peso y obligatoriedad. Se trata de un Banco que es de todos los costarricenses y su suerte nos compete a todos en sus momentos buenos, como cuando hay que pagar los platos rotos.

De lo poco que se puede auscultar en ésta, al parecer catástrofe bancaria, son problemas severos en materia de manejo administrativo, otorgamiento de ciertos créditos y caída severa de utilidades, lo cual sumado generó un fuerte deterioro financiero desde al año anterior.

Uno de los elementos que aparentemente vino a acelerar el cierre, fue la decisión del Banco de Costa Rica de retirar los ¢71.000 millones que había invertidos en BANCREDITO, justificando este acto “debido a la falta de un plan de salvamento.”

A nivel de opinión pública el efecto de la decisión y su justificación, prácticamente desató mayor incertidumbre y desconfianza sobre la situación actual y futura del Banco en cuestión.

Según información de Casa Presidencial del 25 de mayo, el Consejo de Gobierno tomó el acuerdo de cerrar las “operaciones comerciales del Banco”. Sin embargo, el mismo continuará recaudando los créditos pendientes, así como realizando el pago a los acreedores.

En declaraciones al diario La Nación el Ministro de la Presidencia Sergio Alfaro señaló que:

“…las decisiones se justifican en el hecho de que, de mantener el área comercial del banco, requeriría un enorme esfuerzo de parte del Gobierno en materia presupuestaria, a la vez de que se reconoce el potencial y capacidad del banco para seguir funcionando como una institución de fomento y desarrollo”.

El abrupto retiro de ahorros de clientes, el inminente cierre de sucursales y el despido de personal han sido la expresión visible más inmediata.

Se ha sabido que el Gobierno tendría planes para convertir al Banco en una entidad dedicada al fomento y desarrollo, considerando la posibilidad de fundirse con el Sistema de Banca para Desarrollo SBD.

Esta última iniciativa causó de inmediato el rechazo del sector empresarial, que considera inconveniente cualquier posible alianza con un Banco que acaba de hacer ver su incapacidad para funcionar debidamente, lo cual acarrearía riesgos para un programa exitoso como es el SBD.

“Sería muy lamentable que los problemas de Bancrédito contagien el buen trabajo que ha hecho hasta ahora el Sistema de Banca para el Desarrollo, que en el último año logró apoyar a más de 30 mil beneficiarios, entre ellos mujeres jefas de hogar, personas con discapacidad, adultos mayores y jóvenes emprendedores”, dijo Franco Arturo Pacheco, Presidente de UCCAEP al diario La República.

Finalmente, por más maquillaje que se le quiera poner, esta es una muestra del fracaso rotundo del manejo de una empresa del Estado, que generaba riqueza, promovía el desarrollo y generaba empleo.

El BANCREDITO se cierra, ya no hay más, esto es quiebra, el fin de la cadena. Algunas operaciones entendemos las llevará el Banco de Costa Rica y dentro de algunos meses se apagará la candela que iluminó desde de junio de 1918, al Banco Crédito Agrícola de Cartago, BANCREDITO, cuyo destino inicial fue enfocarse hacia el sector agropecuario, pero que no pudo cumplir a cabalidad y que sus actuales responsables no supieron hacer los ajustes al cambio del entorno y mucho menos al siglo XXI.

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Por La Revista CR

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