Basura espacial

El Informe anual de medio ambiente espacial de la ESA ha clasificado 22.000 objetos en órbita, detectados utilizando radares y otros métodos, que podrían dañar, o destruir, un satélite si se produjera una colisión. En 2018, los satélites operados por la ESA tuvieron que realizar 27 maniobras de eliminación de escombros, una cifra que crece año tras año.

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José Mª Moreno Ibáñez. 

Uno de los grandes problemas de lo que podríamos llamar Era Tecnológica, la que que definitivamente nos ha situado en el vértice de la pirámide de la evolución natural, es la basura que generamos.

Desde que llegamos a la Era Industrial en nuestro planeta, la producción de desechos es a tal velocidad que, la Naturaleza, con sus procesos naturales de reciclado, no da abasto para su absorción o reciclaje, ya sea de sólidos, líquidos o gaseosos. Hacemos con ello inhabitable el propio planeta para nosotros mismos.

Algunas partes de las ciudades, montañas, campos, mares, parece estar infestado de basura. Solo hemos aprendido a esconderlo para no verlo en algunos sitios.

Localización de escombros espaciales. Copyright ESA

Pero ahora se ha puesto el grito en el cielo.

En casi 60 años de actividades espaciales, más de 5.250 lanzamientos han dado lugar a unos 42.000 objetos en órbita (los que están catalogados) alrededor de la Tierra.

Al día de hoy, según la Oficina de Desechos Espaciales de la Agencia Espacial Europea (ESA) se estima que hay 8.000 toneladas de desechos espaciales orbitando al planeta: 29.000 objetos clasificados de más de 10 centímetros de tamaño y más de un millón de fragmentos demasiado pequeños para poder seguirlos. Todo ello volando a una velocidad de alrededor de 8 kms/seg., lo que los convierte en verdaderos proyectiles. Solo unos 2.000 objetos son satélites operativos, los demás son basura espacial con la que no se sabe que hacer.

Los satélites cumplen una variedad de funciones importantes: Navegación de barcos, aeronaves, vehículos, información bancaria, ciencia del clima, pronóstico del tiempo, rastreo de huracanes, vulcanología, migraciones, música, comunicaciones, etc., etc., etc… Cualquier perdida en alguno de estos servicios espaciales tendría un grave efecto sobre las economías modernas.

Sin embargo, las vías orbitales vitales alrededor de la Tierra están cada vez más congestionadas con los desechos que se han generado: Satélites inoperantes y abandonados, elementos de las etapas superiores de los cohetes, fragmentos de escombros de los satélites antiguos que han explotado.

La causa principal de las explosiones en órbita está relacionada con el combustible residual que permanece en los tanques o líneas de combustible, u otras fuentes de energía remanentes, que permanecen a bordo del objeto, una vez que una plataforma del cohete, o satélite, ha sido descartada ya, pero continúa en la órbita terrestre.

En cuanto a las colisiones, la primera accidental en órbita entre dos satélites, ocurrió el 10 de febrero de 2009, a 776 km de altitud sobre Siberia. Un satélite de comunicaciones estadounidense de propiedad privada (Iridium-33) y un satélite militar ruso (Kosmos 2251) colisionaron a  una velocidad de 11,7 km / s. Ambos quedaron destruidos por el impacto y generaron más de 2.300 fragmentos rastreables, algunos de los cuales han vuelto a ingresar (han caído y vuelto a ingresar a la atmósfera, donde se han quemado). Pero las piezas de titanio, o de materiales extra-duros, no combustionan.

Localización de satélites. .Copyright ESA / ID & Sense / ONiRiXEL, CC B-SA3.0 IGO

La destrucción de satélites con misiles desde la Tierra también generó gran cantidad de residuos. La destrucción del satélite chino  FengYun-1C en enero de 2007 aumentó la población de estos objetos espaciales en un 25%.

Dependiendo de la altitud a la que se encuentre el satélite, la resistencia del aire de las capas altas de la atmósfera, lo frenarán en su caída y podrá tardar meses, años, o incluso siglos en reingresar.

Los motores de cohetes y satélites también producen gran cantidad de polvo, gases y líquidos que son arrojados al espacio y permanecerán allí por decenios. Las concentraciones máximas de residuos se pueden observar en altitudes de 800-1.000 km, y cerca de los 1.400 km.

En un intento por abordar este problema y fomentar estándares globales en la mitigación de escombros, el Foro Económico Mundial, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y la Agencia Espacial Europea (ESA) trabajan para lanzar una nueva «Clasificación de Sostenibilidad del Espacio» (SSR).

Todos las Organizaciones espaciales están conformes en que “para continuar usando satélites en órbita alrededor de la Tierra durante los próximos años, debemos asegurarnos de que el entorno alrededor esté lo más libre posible de la basura que sobra de las misiones anteriores”.

El Informe anual de medio ambiente espacial de la ESA ha clasificado 22.000 objetos en órbita, detectados utilizando radares y otros métodos, que podrían dañar, o destruir, un satélite si se produjera una colisión. En 2018, los satélites operados por la ESA tuvieron que realizar 27 maniobras de eliminación de escombros, una cifra que crece año tras año.

La clasificación de Sostenibilidad del Espacio (SSR) apunta a garantizar la sostenibilidad a largo plazo, alentando y recompensando el comportamiento responsable entre todos los actores del espacio, incluidos diseñadores, fabricantes, proveedores de lanzamientos, operadores de naves espaciales e incluso las agencias gubernamentales.

Las ideas abiertas al desarrollo se centrarían en investigar nuevas técnicas para desviar los desechos espaciales tanto pequeños como grandes, estudiar el diseño de satélites para que sean reciclables, así como la eliminación de escombros espaciales. Incluso modificar los satélites existentes para poder así respaldar los objetivos de defensa planetaria de la ESA.

La plataforma de innovación Open Space de la ESA  está abierta al público, brindando a las personas y empresas la oportunidad de colaborar con expertos de la ESA a contribuir al futuro de la investigación espacial y defensa planetaria.

AC/19.52
San Joaquin de Flores 14/05/2019

Referencias
http://m.esa.int/Our_Activities/Space_Safety/Space_Debris/About_space_debris
 Open Space Innovation Platform (OSIP)

 

José Mª Moreno Ibáñez (AC 19/52),  es Arquitecto Técnico por la Universidad Complutense de Madrid.
Socio fundador de la Asociación de Astronomía “Astromares” (Sevilla-2007)
Aficionado a la Astronomía (especialidad Asteroides y Cometas).
Técnico en Astronomía por The University of Arizona (en realización)

 

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