Batear: más arte y ciencia que chiripa

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 Leonardo Garnier Rimolo, Economista.

En PROA [1] – revista de La Nación – se presenta un simpático recuento de las más absurdas e ingeniosas respuestas que dan los estudiantes en los exámenes. En ellas, el humor y el ingenio juvenil se combinan con la ignorancia para hacernos reír… o llorar. Pero el tema es serio. El periodista – Arturo Pardo – me pidió opinión sobre esa técnica tan usada por estudiantes de todas las épocas para responder aquellas preguntas cuya respuesta no conocen: el “bateo”. Por razones de espacio, el reportaje apenas indica parte de mi respuesta por lo que aprovecho este espacio para adjuntarla completa.

Como la mayoría, pensé por mucho tiempo que eso de “batear” entendido como técnica de responder en un examen significaba simplemente escoger al azar una alternativa cuando no se sabía cuál era la respuesta correcta, algo así como tirar una moneda para escoger entre falso y verdadero, o usar el tin-marin-de-do-pingüé… para responder una pregunta de selección múltiple.

Eso creí hasta que un día un amigo me oyó usar la frase en ese sentido y me preguntó ¿vos no sabés mucho de béisbol, verdad? ¿Por qué? -dije. Porque “batear”… es exactamente lo contrario de lo que estás diciendo, y me explicó:

El béisbol no es un juego de suerte, es un juego de estadísticas, un juego de probabilidades. Cuando el bateador se prepara para batear, lo que hace no es tirar el bate para ver si, de casualidad, le pega a la bola, como quien adivina sin saber por dónde tirará el pitcher. Nada de eso. El bateador es un analista que debe usar todo su conocimiento para predecir – de acuerdo a sus conocimientos y las probabilidades – por dónde vendrá la bola: debe conocer el historial del pitcher, saber si es derecho o zurdo, cómo suele tirarle a los derechos (supongamos un bateador derecho), cómo tira cuando van ganando, cómo lo hace cuando van perdiendo, cómo varía si hay o no hombres en base, o según el inning en que esté el juego… en fin, el bateador debe hacer un análisis completo del historial del pitcher y, con base en eso, predecir por dónde vendrá la bola en este momento. El bateador tira el bate antes de que el pitcher suelte la bola, no lo hace porque ve la bola, pero tampoco lo hace al azar: lo hace “bateando”… es decir, con base en su conocimiento y su cálculo de probabilidades. Ah… pero se trata de un juego, y como sabemos de teoría de juegos, el pitcher está en la misma situación: conoce al bateador, sabe cuáles son sus estadísticas, cómo le batea a un pitcher zurdo, qué tan audaz es en momentos del juego como este, con las bases como están, en este inning, a esta hora… así, ambos utilizan toda la información que conocen, todo su conocimiento, para tratar de ganarle al otro, uno pitchando, el otro bateando.

La explicación de mi amigo abrió mis ojos. Batear, entonces, era algo muy distinto de lo que yo pensaba, de lo que mucha gente piensa que es “batear”. Nada que ver con el estudiante que, sin haber estudiado, sin información, sin conocimiento, se entrega irresponsablemente al azar para responder una pregunta. Desde entonces, dejé de usar peyorativamente la metáfora del bateo: batear es una ciencia y un arte, no una mera chiripa. Responder un examen debería ser, también, como el buen bateo: escoger una respuesta no por ignorancia, no recurriendo al azar como sustituto de los conocimientos que debiéramos tener, sino responder haciendo el mejor uso posible de los conocimientos adquiridos. En fin: para batear bien, es indispensable haber estudiado mucho, es necesario saber todo lo que sea posible saber sobre el tema del que se trate: y es con base en ese conocimiento, que podemos intentar una respuesta, que podemos “batear” seriamente.

Y esto debe ser así en los exámenes, tanto como en la vida: nunca tenemos información total o perfecta, nunca sabemos – sería tan fácil la vida si lo supiéramos – cuál es la respuesta absolutamente correcta, la solución única a un problema que enfrentamos. Nuestro reto, siempre, es enfrentar, responder, resolver los retos, preguntas y problemas que enfrentemos con base en el mejor uso posible de todo el conocimiento que tengamos: valorar las posibilidades, y tomar una decisión informada y – por tanto – responsable. Confiar en nuestros conocimientos y nuestro buen juicio: es decir, todo lo contrario a confiar en una chiripa. Por eso, entendamos bien el buen bateo: es mucho más una ciencia, un arte, que la simple chiripa del que aspira a un golpe de suerte sin haber hecho su tarea.

 

El autor es Académico, Economista, ha sido Ministro de Planificación y Ministro de Educación en dos Administraciones
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