Beatriz Torres: La violencia y la sociedad que tenemos

La violencia en la sociedad la debemos de atacar de forma inmediata con leyes que castiguen estos actos, pero debemos trabajar fuertemente en una educación integral iniciando en los hogares, pasando por las instituciones de educación y reflejándose en la sociedad que queremos.

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Beatriz Torres Quesada, Profesora y administradora de empresas

Desde el inicio de la historia de la sociedad el ser humano ha sido muy violento, ha pasado por guerras, discusiones entre vecinos y hasta la violencia intrafamiliar. Costa Rica por supuesto no se escapa de ser parte de esa historia.

Como sociedad en esos tiempos se acostumbraba a ocultar la violencia, la silenciaba, era parte de su diario vivir. Poco a poco con el acceso a la educación y reconociendo los derechos fundamentales de las personas ha ido cambiando. Las conductas que eran aceptadas pasaron a ser rechazadas y hasta reguladas por la ley.

El impacto social de la independencia femenina que, por supuesto es un gran paso como sociedad, las mujeres salen de sus hogares para trabajar y estudiar a realizarse como personas y profesionalmente al lado del hombre que poco a poco se ha ido adaptándose a las circunstancias y a ser parte de este gran cambio social.

Los femicidios ocasionan por supuesto un gran dolor en las familias, pero significan un golpe fuerte a la lucha que por años se ha dado para la igualdad de derechos entre mujeres y hombres. Nuestro sistema judicial se enfrenta a la pérdida de credibilidad por no resolver los casos de forma rápida y oportuna según la opinión de la población.

La violencia en la sociedad la debemos de atacar de forma inmediata con leyes que castiguen estos actos, pero debemos trabajar fuertemente en una educación integral iniciando en los hogares, pasando por las instituciones de educación y reflejándose en la sociedad que queremos.

Formar niños y niñas sin violencia es una labor que nos toca a todos y todas, el ejemplo del adulto siempre va hacer la forma más eficiente en que la y el menor aprende. Ser intolerantes a la agresión infantil no entendiendo esto como falta de límites y abriendo nuestras mentes para una sociedad más igualitaria y sana, un lugar donde cualquier persona sin importar el género pueda ser feliz y desarrollarse en lo que desee.

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