Benjamín Sevilla: El sindicalismo del bicentenario y el rol de las juventudes

El sindicalismo del Bicentenario debe estar caracterizado por nuevas visiones, por una conciencia de lucha que nos permita ver a la cara a las nuevas generaciones y poder asegurarles que no fuimos cómplices del desmantelamiento del Estado Social de Derecho.     

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Benjamín Sevilla García, Abogado, Secretario de Juventud ANEP

El mundo sindical costarricense debería repensar sus políticas de acción y, de manera reflexiva, sus conductas omisas. Las actuaciones de los liderazgos tradicionales son muestras fehacientes de la urgente necesidad de cambio. No nos podemos permitir llegar a los 200 años de vida independiente del país montados en la carreta de los tontos o en la pasarela de los ineptos.

Puede suceder que alguien considere mis expresiones como toscas o fuera de lugar. No obstante, la popularidad para quienes tienen el hábito de decir, respetuosamente, lo que creen, no siempre constituye una opción; de hecho, desde el momento que decidimos orientar nuestra vida por el camino de la justicia social, la defensa de los derechos humanos y el maravilloso mundo sindical, los estigmas y las “bendiciones” peyorativas son el pan de cada día. Un calificativo adicional sólo se valora como una chispa más del oficio.

En la antesala del Bicentenario se evidencia una continua criminalización y regresión de las libertades y derechos de las personas trabajadoras; una férrea oposición al diálogo; un sentimiento casi crónico de desesperanza; y, una enorme grieta de desigualdades. La voz del mundo sindical -la que no ha perdido su esencia-, que es una de las pocas voces que les quedan a las inmensas mayorías de personas empobrecidas, está tan “laureada” por algunas corporaciones de la “comunicación”, por la representación política del odio y por las comprobadas imprecisiones del sindicalismo tradicional, que muy pocas personas la quieren escuchar.

En escenarios tan convulsos como el nuestro, lo que más duele no es el desprecio de quienes creen tener una mejor razón, sino el silencio de los que saben y la indiferencia de los que pueden. Es decir, la experiencia y el conocimiento de los actores sociales no están, necesariamente, al servicio de la persona humana; y, los movimientos progresistas (no los pseudo- progresistas) y las juventudes, que tienen un poder de acción impresionante, aún no terminamos de ponernos de acuerdo.

Las dirigencias sindicales que se aferran a su “statu quo”, que no tienen conciencia respecto de las verdaderas necesidades de sus representados, al carecer de real legitimidad o más bien, de sentido crítico, por auténticas dificultades intelectuales, les da lo mismo cualquier resultado. La excusa perfecta es que es mejor “agarrar algo que perder todo”.

Ante una realidad como la citada, uno de los principales desafíos de las juventudes sindicalistas es luchar por la herencia de un buen derecho, por evitar caer en un estado de mendicidad respecto de los derechos fundamentales y humanos. Es asumir una posición crítica, de estudio, y de propuestas.

El sindicalismo del Bicentenario debe estar caracterizado por nuevas visiones, por una conciencia de lucha que nos permita ver a la cara a las nuevas generaciones y poder asegurarles que no fuimos cómplices del desmantelamiento del Estado Social de Derecho.

Nuestras ideas y pensamientos no son producto de concepciones fatalistas. En Costa Rica se está aprobando una ley que busca eliminar, en aspectos prácticos, el Derecho Humano a Huelga. Lo cínico del asunto no es el actuar de quienes defienden esta Ley, sino la ingenua complicidad de algunos que dicen amar el país y defender a las personas trabajadoras.

Con esta Ley, los sindicatos no pierden. En la memoria social está presente que todas nuestras advertencias respecto de proyectos polarizantes sucedieron tal y como se dijo. El gran perdedor es Costa Rica. Con el “cuentico” de abusos sindicales y de bloqueos, se llevan entre los pies acuerdos y proyectos que duraron años para construirse. ¡Qué van a sentir o valorar los “tontos útiles” que lo único que saben es legitimar procesos y decir que sí! ¡La historia se los va a cobrar!

De nuestra parte, una permanente solicitud a las personas trabajadoras para continuar con la frente en alto, para celebrar con dignidad y orgullo el Bicentenario. Ustedes sí merecen levantar la bandera de este hermoso país.

 

 

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