Benjamín Sevilla: En busca de un líder

...el temor que algunas personas tenemos es que, en la búsqueda de ese líder, las personas se aboquen a una figura populista, a una persona que sepa como recoger el desencanto ciudadano y adoptar su discurso a esa realidad. Las consecuencias para el país, en tales circunstancias, serían realmente desastrosas.  Se busca un líder, pero uno de verdad.

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Benjamín Sevilla García, Abogado, Secretario de Juventud ANEP

Si hay algo de lo que estoy convencido es que, actualmente, en Costa Rica hay muchas jefaturas y pocos liderazgos. Para constatarlo basta con observar la conducta de quienes en la política nacional asumen distintos puestos de confianza. Su amor por la patria nace cada cuatro años y coincide con la campaña electoral.

Estas personas, generalmente, observan en la cosa pública una empresa que requiere ser manejada, se sienten cómodos con números, datos y escritorios. Pero carecen de visión para dirigir a las personas y suscitar motivación en ellas.

La mayoría de costarricenses esperan un cambio significativo, pues consideran que las condiciones actuales del país son poco prometedoras; y la confianza en las figuras político-electorales del momento, es casi nula. Se admite, además, que el cambio no se da por sí solo, se requiere un líder.

La conducta de distintos grupos y actores sociales pone en evidencia la búsqueda continua de ese liderazgo. Se nota en las personas una constante insatisfacción; grupos que se organizan en distintas regiones del país; frecuentes protestas por la evidente pérdida de derechos; pequeños y medianos productores indignados por considerar que la clase política les ha abandonado; y, una enorme cantidad de personas jóvenes que viven la incertidumbre del desempleo, sin esperanza de que sus carreras profesionales o su formación técnica les vaya a insertar exitosamente en el mundo laboral.

Urge encontrar una persona que escuche a la población, que atienda las necesidades de las mayorías y que, sea capaz de influir. Pero, no se trata sólo de alguien con la capacidad para encontrar seguidores, sino de una persona íntegra, que de motivos suficientes para que la gente piense de manera positiva; es decir, que se gane el respeto de la ciudadanía.

Se busca una persona capacitada, que atienda la crítica y propicie la negociación efectiva. Una persona que pueda disipar los espantos de la ingobernabilidad con liderazgo efectivo. El líder que Costa Rica necesita debe tener la hidalguía de convencer a las personas para que “se aparten de lo que quieren oír y abran su mente a lo que deben escuchar”, pero sin absurdas imposiciones.

La voz de ese líder no puede estar sesgada por direcciones autoritarias, por reclamos o quejas. Debe permitir la libertad de expresión y que las personas tengan plena libertad de cuestionar su gestión. En todo caso, es recomendable que propicie un diálogo, si se atrinchera en una posición inamovible polariza la causa; esto, a su vez, en el cortísimo plazo le podría ofrecer un sentimiento de victoria. Pero, los fenómenos sociales son complejos y si no hay consenso, la percepción de injusticia por parte de quienes en apariencia resulten perdedores, podría generar reacciones adversas.

Es importante tener presente que una decisión que busca ofrecer soluciones respecto de un conflicto puede ser correcta, pero si no se logra consensuar previamente, los resultados serían peor que el mal que se quiso solucionar.

Finalmente, el temor que algunas personas tenemos es que, en la búsqueda de ese líder, las personas se aboquen a una figura populista, a una persona que sepa como recoger el desencanto ciudadano y adoptar su discurso a esa realidad. Las consecuencias para el país, en tales circunstancias, serían realmente desastrosas.  Se busca un líder, pero uno de verdad.

 

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