Bernal Arias Ramírez: El uso del miedo como método de domesticación

Es una etapa peligrosa, en que se acomodan los relatos de lo que es popular, de lo que es individual, de lo poco que significa para un sinnúmero de borregos la pérdida paulatina de libertades, como la libertad de circulación, la libertad de reunión, la libertad de expresión, de opinión, la libertad de crear, de producir, de vender, de tener un patrimonio.

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Bernal Arias Ramírez, Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Abogado y Politólogo.

Si midiéramos el miedo con un termómetro, cada persona tendría un grado distinto de rechazo o aceptación.  Igual sucede con la asimilación de la valentía o el  miedo en la cultura de una sociedad en un contexto y espacio determinado.  En situación límite de miedo, el ser humano puede sacar de lo profundo de su ser, la respuesta frontal a la circunstancie que le rodee, pero el miedo también causa una especie de anemia, de vencimiento, que postra y crea vasallaje y se dosifica en etapas o grados:  prudencia, cautela, alerta o alarma, angustia, pánico, terror, negación.   La intensidad de los estímulos, y la publicidad de los casos sobredimensionados van marcando las fases.

El miedo no es estático, se desarrolla rápida o lentamente y evoluciona en los individuos y en el colectivo, se enriquece con emociones proyectadas, por tanto, asimiladas.  Podría llegar un momento dado a una situación crónica, aguda o patológica, pues es algo primario de la reacción psíquica, y en esa fase ya estamos con el Covid 19.

Se le puede hacer creer a la gente que está protegida y amparada, pero eso podría también ser utilizado o dirigido, sacando al sujeto de la realidad, incluso, como ya se adelantó, se puede fraccionar en grados, aumentando la frecuencia de la sumisión, lo que termina alterando el principio humano de libertad de determinación.  En algunas personas, más que en otras, el pánico podría generar un trastorno mental transitorio, algo así como creer fanáticamente en el santo de la conferencia de prensa o en el discurso de turno.

El elemento objetivo de la amenaza que causa el miedo, puede ser real pero está distorsionado, es el falso miedo de aceptar una situación por supuesta sobrevivencia, pero ello puede generar el efecto contrario, no luchar, y tiene como consecuencia, una especie de anquilosamiento o muerte mental temporal, psicológica, para enfrentar el fenómeno, el evento.

El instinto general es vivir, quienes manipulan el miedo, indican una y otra vez que lo que aconsejan es lo correcto para poder continuar con la existencia, aunque no se enteran que esa existencia se la están cambiando; justamente, se nublan por estar encadenados al miedo, el cual es bombardeado un día sí y otro también.

El miedo se aproxima más al instinto animal que al raciocinio del ser humano.  En un mundo que cambió dramáticamente con las tecnologías y las telecomunicaciones, es fácil emplear las técnicas de manipulación, pues los mensajes están a mano para miles, millones de persones, al mismo tiempo.

El miedo puede llegar a crear un ambiente favorable al ambiente de control y represión social, no por el lado de una creencia o religión, Dios versus Satán y el juicio final, como ocurría en la Edad Media, sino destruyendo el intelecto, la razón, los valores, el dominio natural para enfrentar y analizar objetivamente las vicisitudes.  Ahora los métodos o las técnicas son más sofisticadas, van creando un fondo común, la maniobrabilidad de las intenciones, y los que estén en contra los colocan como especies de herejes de la Antigüedad y el Medioevo, cabezas de turco, el reproche como acto de legítima defensa, de sobrevivencia, pero no es tal, es de aceptación del discurso de quienes les dominan.

Es la prédica de una verdad que se traga todos los días como gragea, y como toda pastilla tiene efectos secundarios no dimensionados por quien la traga.  ¿Quiénes son las voces del miedo? ¿Quién se presta a reproducir el miedo? ¿Quién se arrepiente después de la domesticación?  Si, el objetivo son las masas, el mensaje cotidiano a incautos, y los que piensan en contrario, poco a poco se van convirtiendo en minoría, en apestados, en estorbos para el sistema, y sobre ellos recaerá la furia de los controladores, para que queden encerrados, en sus habitaciones, como los demás.

Pero el miedo se puede acrecentar, hay muchas formas, por ejemplo, abriendo fronteras a más extranjeros que, para sectores conservadores vienen a desestabilizar, delinquir y enfermar,  aunque eso no sea del todo cierto en términos humanos y estadísticos.

El colapsar la economía con acciones contrarias o menores –insignificantes- a un manejo heroico de la Hacienda Pública; ciertamente, en el Oficio DM-0724-2020, de 9 de junio, el Ministro de Hacienda le indica al Banco Mundial que su proyección es lograr un saldo primario del 2.2% del PIB en el 2024, y óigase bien, que permitiría reducir la deuda al 50% del PIB cerca del año 2034; es decir, tendrá que pasar este y tres gobierno más para reducir a la mitad la deuda.  Lo que se le informa al organismo internacional es que prácticamente el país está hipotecado, lleno de papeles sin contenido y por honrar.

Otro hecho para elevar el miedo sería el no permitir la apertura paulatina de empresas e impedir el trabajo de los colaboradores; por ende, que no haya circulante e ingresos de las personas, aun cuando esas unidades productivas asuman todas las garantías y protecciones que exige la emergencia declarada.

También suma el socavar la protesta como acción colectiva –es y ha sido una válvula de escape en democracia-, aunque esta tesis no la comparten sectores conservadores.

El negacionismo sistemático a cambios en el sistema electoral, que ya hace aguas; pero sobre todo, la amplia desigualdad social, no inventada, real, Costa Rica es uno de los países más desiguales del mundo, medido por agencias y organismos internacionales de altísima credibilidad.   Prueba de ello ha sido el golpe que tumba un instrumento fundamental de distribución de riqueza, como es bajar salarios, congelar aumentos, suspender contratos, rebajar jornadas.

Seguimos con la lista de caldo de cultivo para incrementar la angustia y el miedo, como el mirar para otro lado cuando se incautan en otras naciones toneladas de droga procedente de puertos de embarque costarricenses, qué se investiga, qué se sabe, pero se atiende al minuto la persecución agresiva de autos, motos y bicicletas; o lo mismo que ser omiso en el control del lavado de activos, lo cual incorpora al país en una posición e imagen peligrosa y decadente.

En las viejas clases se estudió que un Estado que comienza a enfrentar situaciones límite de mal manejo y precariedad, el camino al default económico, altas tasas de desocupación e informalidad, alta dependencia de subsidios, corrupción,  aumento del delito, son condiciones objetivas para un quiebre, una ruptura, una situación grave de inimaginables consecuencias, donde casi todos pierden y algunos pocos ganan, aquellos que tengan el control del miedo y de la fuerza, y así pretender fundar sobre el desastre un nuevo cataclismo.

Esos levantamientos, revueltas, revoluciones, o sainetes, en la mayoría de las oportunidades son involuciones, retrocesos.  Dudamos que se funde algo bueno con las condiciones del entorno y de la mediocridad de los actores.  La deseada Tercera República, que replantee para bien todo lo arcaico, sobrante y obsoleto del modelo no está a la vista.

La edad moderna está llena de casos, es la repetición cíclica de hechos similares de la edad antigua y de la edad media, reproducidos como la piedra de Sísifo que la empuja hacia arriba y antes de llegar a la cima vuelve a rodar cuesta abajo, perdiéndose el norte de ingresar a las naciones de primer mundo.

Se trata de la intención de quebrar la sociedad, de cambiar sus mitos, de destruir sus creencias, de hacerla inútil, de convertirla en parasitaria de quienes dominan, unos pocos.  Cuando eso sucede se pasa de una democracia a un régimen despótico, dictadura, tiranía.  Y luego, esos usurpadores, insuflan el miedo a la sublevación, ahora les dan miserias, dependencia, pírricos subsidios, pobreza material y mental.

Es una etapa peligrosa, en que se acomodan los relatos de lo que es popular, de lo que es individual, de lo poco que significa para un sinnúmero de borregos la pérdida paulatina de libertades, como la libertad de circulación, la libertad de reunión, la libertad de expresión, de opinión, la libertad de crear, de producir, de vender, de tener un patrimonio.

Hemos de advertir y denunciar, la población comienza a ser observada con más frecuencia, a ser controlada, colectiva e individualmente; para ello, el poder transitorio, las plataformas de trolls, y las bases de datos, los sapeos, las acusaciones, los procesamientos.  No vaya a pasar que el sumo dictado lo hace el miembro del partido, el camarada, el general de brigada, el Coronel de la Comisaria, el Capitán de la Delegación.  Se acabaría la vía costarricense de solventar los conflictos y las emergencias.

 

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