Arrastrando viejos problemas socioeconómicos, América Latina enfrenta nuevos retos mal preparada para hacerlo. Uno es la situación regional en el ámbito educativo, donde sobresalen la baja de la inversión en educación y los malos resultados que se obtienen de esta.
Bernal Herrera Montero.
Como en la pasada Miscelánea, comentaré macro tendencias regionales, pero recordando que la situación varía mucho de país a país.
Indicadores como el porcentaje del PIB invertido en educación y los resultados obtenidos en las pruebas PISA muestran problemas serios. Según cifras del Banco Mundial, entre el 2015 y el 2023 la inversión regional pública en educación pasó del 4.4% al 3.8% del PIB, lo que augura problemas tanto para quienes están entrando o entrarán pronto al mundo laboral, como para las perspectivas económicas de una región marcada por la desigualdad y el rezago educativo. En nuestro país las terribles consecuencias, activas hasta hoy día, de la crisis socioeconómica de inicios de los ochenta que dejó fuera de las aulas a un alto porcentaje de la población infantil y juvenil, condenándola a trabajos mal pagados, precarios y sin perspectivas de mejora, evidencian lo que una desatención de la educación pública puede hacerle a un país. Toda esa población de cuida-carros, vendedores esquineros de lo que sea, chapeadores de jardines y mujeres con pocas opciones fuera de los oficios domésticos remunerados, son prueba viviente de las consecuencias que la mezcla de pobreza y falta de oportunidades educativas produce en las personas. Y si bien nunca debemos olvidar que son ellas y ellos los más directamente perjudicados, también la sociedad paga un precio. Por ejemplo, en el número de personas que llegan a la vejez sin ingresos, a quienes resulta justo y necesario otorgarles una pensión no-contributiva que, recordemos, a duras penas los aleja de caer en la total marginalidad.
Un riesgo reconocido pero no resuelto por el estado, en la forma de leyes que le asignan a sus hijos e hijas, bajo amenaza de penas legales, la responsabilidad de su cuido, aunque a menudo también viven en condiciones parecidas a las de sus progenitores. El nombre mismo de “pensiones-no contributivas”, que indica la ausencia de las cuotas necesarias para obtener una pensión, da la impresión de que estas personas no contribuyeron a la vida colectiva, cuando en realidad la mayoría trabajaron casi toda su vida, solo que en condiciones de informalidad, fuera de los sistemas de seguridad social, o incluso de forma no-remunerada, caso de numerosas mujeres. Y a juzgar por el panorama educativo actual, parte de las nuevas generaciones de hoy podrían acabar enfrentando condiciones parecidas de pobreza y marginalidad.
Pero datos como la caída en la inversión muestran solo una faceta de los problemas educativos de la región, y pueden además ser engañosos. Un mismo porcentaje puede ocultar grandes diferencias, pues el 4% de una sociedad adinerada y con escasa población permite una mucha mayor inversión por estudiante que el de una sociedad menos adinerada y más poblada. De hecho, los porcentajes dedicados a educación en América Latina y el Caribe en ese período del 2015 al 2023 fueron algo superiores a los del mundo en general, que bajaron del 4.2 al 3.6%. Un problema aparte es que, pese a esto, medidos por las pruebas PISA, los índices educativos en matemáticas, ciencias y capacidad de lectura, están por debajo de la media mundial en todos los países de la región, Costa Rica incluida. El posible desajuste entre la inversión educativa de la región y lo resultados obtenidos es puesta de relieve en datos como que en el Este Asiático y el Asia Pacífica, donde el porcentaje de inversión se mantuvo esos años en el 3.5%, más bajo que en América Latina, es donde se ubica la mayoría de países con mejores resultados en las pruebas PISA, mejores que los de casi todos los países occidentales.
Son datos a ser analizados y desmenuzados por quienes se interesan en el rezago educativo de America Latina y otras regiones del mundo. Lo anterior no cuestiona, menos aun niega, la importancia crucial de invertir en educación. En la trágica situación de Haití, por ejemplo, convergen muchos factores, algunos de tan vieja data como el racismo, la enorme deuda impuesta militarmente por Francia en el siglo XIX y las intervenciones estadounidenses en el XX, pero uno de ellos es, sin duda, su raquítica inversión en educación, que pasó del 1.9 en el 2015 al 1% en el 2023.
La educación, además, no se da en el vacío, sino en contextos socioeconómicos y culturales que pueden maximizar o minimizar sus rendimientos. Antes de las políticas migratorias de Trump los Estados Unidos se beneficiaban de la llegada de numerosas personas altamente calificadas, en cuya educación no habían invertido nada, incluyendo a numeroso personal de salud haitiano, el cual, tras ser formado en Haití, huía de la cada vez peor situación en su país.
Muchas personas parecen creer que la educación, por sí sola, podría resolver los problemas sociales, culturales y económicos que cada sociedad enfrenta. Nada más alejado de la verdad. Durante décadas Cuba tuvo un sistema educativo muy fuerte, que en el 2015 recibía el 9% del PIB, pero ya entonces buena parte de los profesionales que producía se iban del país, a buscar las oportunidades y ventajas que no encontraban en el suyo.
La educación es un requisito indispensable para resolver los problemas que aquejan a una sociedad, y es fundamental invertir en ella. Pero no solo esto debe hacerse de una manera que permita obtener los mejores resultados de dicha inversión, sino que deben atacarse otros problemas simultáneamente. Sin más y mejor educación, los problemas sociales de la región irán empeorando. Pero sí sola, la educación no logrará resolver los problemas de sociedades cada vez más desiguales y polarizadas, y con crecientes y paralelos deterioros en ámbitos como la seguridad y sus sistemas de salud.
Todo ello en el contexto de una relación con unos Estados Unidos cada vez más agresivos, que exigen de estos países un mayor sumisión y alineamiento, sin ofrecer nada a cambio. Una situación que espero comentar en un próxima Miscelánea.


