Bernal Herrera: «Coyunturas Centro – y Latinoamericanas» en Miscelánea

La actual coyuntura política en Centro- y Latinoamérica, en la cual se inserta nuestro país, es tan variada como compleja. Pero también se pueden observar algunos rasgos generales, si bien ellos se manifiestan de distinto modo en distintos países. Este episodio hace un breve recuento de algunos de los principales.

Bernal Herrera Montero.

La compleja coyuntura política que observamos en nuestro país está lejos de ser una excepción. Excluyendo a los Estados Unidos, a cuya situación Miscelánea dedicó varios episodios, echemos un rápido vistazo a aquellas regiones del mundo con las que Costa Rica tiene mayor relación. Empecemos por nuestro vecindario inmediato.

Después de que la finalización de los conflictos armados y los acuerdos de paz crearan esperanza y optimismo sobre Centroamérica, mucho de ello se ha desvanecido. El autoritarismo avanza y se consolida. Tenemos el tradicional, ejercido por caudillos al amparo de aparatos represivos y de elecciones con reglas de juego hechas a la medida del régimen, caso de Nicaragua. Pero también surge un nuevo tipo, salido de elecciones limpias y, al menos por ahora, con apoyo mayoritario de la población, cuyo modelo es Bukele en El Salvador. En Honduras todavía hay mucha esperanza, pero los conflictos internos del bando que apoyó a Xiomara Castro la han debilitado.

En resumen, la situación política en Centroamérica luce amenazante, y la ansiada democratización real no se materializó. Lo mismo vale para la lucha contra la corrupción, un tema cuyo caso paradigmático es Guatemala. La creación y accionar de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, impulsada por la ONU, unida al accionar de sectores y personas honestas y valientes, generó expectativas de que la impunidad de los poderosos en crímenes contra los derechos humanos y también de corrupción, empezaba a llegar a su fin. Las cosas avanzaron bastante hasta que una acusación contra el entorno íntimo del ex-presidente Jimmy Morales, generó una reacción que, retomada y profundizada por su sucesor, Alejandro Giammattei, echó por la borda tales expectativas. Las acusaciones y situación judicial del expresidente hondureño Orlando Hernández y parte de su entorno inmediato, nos da una idea de hasta donde ha llegado la corrupción en nuestro barrio inmediato.

Si echamos una mirada al conjunto de América Latina, vemos situaciones muy variadas, pero también algunos rasgos comunes. Destaca la creciente polarización política, expresada tanto en fuertes protestas contra gobiernos de diversas ideologías, como en elecciones con candidatos de ideologías muy antagónicas. Ecuador, Bolivia, Perú, Chile y Colombia son ejemplos de esta polarización. Lo reñido de algunos resultados electorales evidencia lo partida que están algunas poblaciones.

Las últimas elecciones han sido ganadas mayoritariamente por la izquierda, lo que algunos interpretan como el inicio de un nuevo ciclo político, pero de existir tal ciclo, dista de ser unánime, como se ve por el triunfo de la derecha con Lasso en Ecuador y con Lacalle en Uruguay. Tanto la polarización de la población como lo ajustado de las fuerzas marcaron la primera vuelta en Brasil, cuyos principales candidatos, como había ocurrido en Chile y Colombia, difícilmente podían ser más opuestos. Y si bien fue ganada por Lula, Bolsonaro logró un apoyo más amplio que el esperado y forzó una segunda vuelta. Las encuestas favorecen a Lula, pero el resultado dista de estar ya definido. Para añadir aun más incertidumbre, es difícil prever la reacción de Bolsonaro ante una derrota, y el apoyo que podría tener en el ejército y la policía.

El ambiente de polarización social dificulta gobernar a quienes ganan la presidencia. Para la izquierda esto siempre fue sido así, pues una cosa es ganar una elección y otra muy distinta poder controlar a toda una serie de poderes fácticos que van del ejército a la oligarquía pasando por los movimientos evangélicos. El caso de Perú es elocuente. Pero ahora lo es también para la derecha, porque la posibilidad de estallidos sociales contra sus gobiernos, como los recientemente ocurridos en Chile, Ecuador y Colombia, están cada vez más a la vuelta de la esquina. A la desilusión acumulada en el tiempo por tantas promesas de campaña incumplidas, se suma la creciente dificultad de casi cualquier gobierno para implementar las políticas prometidas. En poco tiempo, fuerzas políticas que tenían una gran popularidad y alcanzaron logros significativos, pueden acabar abandonadas por muchos de sus partidarios. Esta volatilidad incrementa la velocidad e intensidad de las oscilaciones políticas observadas en diversos países. Gobiernos de muy distinto signo ideológico se suceden unos a otros, como ocurrió en Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Chile, Perú y Uruguay. En medio de estas oscilaciones, los partidos de centro se van debilitando, sustituidos por otros con ideologías de izquierda o derecha más definidas. En este contexto, un tema preocupante es la radicalización de la derecha en algunos países, y el apoyo que esta tiene entre diversos sectores, caso del Brasil.

Costa Rica no escapa a estos fenómenos. Por movimientos de péndulo, pocos han sido tan estrepitosos como la derrota del PAC después de ganar dos elecciones presidenciales seguidas. Respecto al debilitamiento de los partidos de centro, tenemos lo ocurrido con el PAC y las dificultades del PLN para ganar una elección presidencial. En cuanto al crecimiento de la derecha, la suma de las fracciones legislativas del PUSC, Nueva República y el Partido Liberal Progresista, da cuenta de la creciente fuerza de esta corriente política. Al mismo tiempo, y siempre en sintonía con lo observado en América Latina, también la izquierda, a cargo del Frente Amplio, parece irse consolidando después de diversos altibajos.

La situación en Europa es tanto o más compleja que en América Latina, y será tema de otro episodio de Miscelánea.

 

 

 

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