Bernal Herrera: «Coyunturas europeas – 2» en Miscelánea

Continuando con el tema de la Miscelánea pasada, en la presente comento la actual coyuntura de la Unión Europea. Una coyuntura poco halagüeña, de la cual resalto algunos de sus principales rasgos, los cuáles llevan a conclusiones preocupantes.

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Bernal Herrera Montero.

La Miscelánea pasada comenté la actual coyuntura política en varios países europeos, resaltando una tendencia general: el fortalecimiento de la derecha, incluyendo la extrema. En Polonia y Hungría la ultra derecha ya es gobierno, y desde allí se oponen a diversas estructuras y mandatos de la Unión Europea. Ahora Italia reforzará esta posición. Pero el fenómeno también abarca países como los escandinavos, cuyos partidos socialdemócratas han ido perdiendo terreno, y han reaccionado adoptando temas de la derecha, como el repudio a la inmigración no-blanca y a las poblaciones musulmanas. Veamos ahora algunos rasgos de la coyuntura de la Unión Europea.

Aclaro que no hablaré de Europa como tal, pues sus límites han sido muy variables, y siguen sin estar del todo claros. Una razón para ello es geográfica: Europa no es un continente sino una península de Asia, y como tal carece de límites tan definidos como los de América o África. Además de una realidad geográfica, el nombre Europa suele denotar una realidad sociocultural, que ha sido muy variablemente concebida. A veces llegó a incluir a Rusia, por el carácter blanco y cristiano de esta. Pero ha sido más frecuente que aluda a Europa Occidental, con exclusión de Europa del Este. Incluso era muy popular el dicho de que “África empieza en los Pirineos”, lo cual excluía a España y Portugal por la influencia que allí tuvieron las culturas musulmana y judía. Por motivos similares muchos italianos del norte siguen creyendo que el sur del país no es del todo europeo. Y la visualización de algunos países balcánicos como europeos está lejos de ser unánime. ¿Cuántas personas, por ejemplo, en Europa y fuera de ella, consideran a Albania un país europeo? Por todo ello, me referiré aquí a la Unión Europea, a sabiendas de que esto excluye a países tan arquetípicamente europeos como Inglaterra, Noruega y Suiza. ¿Cuáles son, entonces, algunos rasgos de su actual coyuntura?

El primero, al que no volveré, es la ya comentada derechización de muchos de sus miembros. El segundo es el debilitamiento de sus estructuras comunitarias, e incluso de su proyecto socio-histórico, debilitamiento producido en buena medida por la acelerada incorporación de nuevos miembros de Europa del Este, cuya trayectoria histórica y cultura política difiere de la de Europa Occidental. En la Unión Europea las decisiones más importantes deben ser tomadas por unanimidad, y el aumento tanto del número de sus miembros como de las diferencias entre estos, le dificulta mucho tomar decisiones de fondo. Una cosa era poner de acuerdo a una docena de miembros con una historia relativamente compartida, aun desde el conflicto, y otra es hacerlo con veintisiete países con intereses y trayectorias muy distintas. Así, mientras los miembros más antiguos tienden a una cultura más laica, algunos de los nuevos son ultra-católicos, como Polonia, o tienen una gran población musulmana, como Bosnia y Herzegovina. Diferencias similares reaparecen un factores tan cruciales hoy día como la relación con Rusia. Esta dificultad de alcanzar consensos económicos, jurídicos, diplomáticos y militares, ha debilitado la fuerza y cohesión de la Unión Europea, una debilidad agudizada por la salida del Reino Unido, en un mundo que ya de por sí avanzaba hacia la bipolaridad China – Estados Unidos.

La creciente preponderancia de estos últimos en temas como los militares, es el tercer rasgo de la actual coyuntura de la Unión Europea. Sin estar ocupada, abundan en ella las bases militares estadounidenses. Solo en Alemania hay más de veinte, en la mayor de las cuáles, Ramstein, hay estacionados unos cincuenta mil militares. Esta gran presencia estadounidense llevó a la Unión Europea a confiarle su defensa militar, y el precio de esta dependencia es su supeditación a los designios militares y geoestratégicos de los Estados Unidos. Así, a pesar de oponerse inicialmente a las invasiones militares de Irak y Afganistán, los europeos se vieron obligados a participar en ellas y a pagar parte de la factura. Pero la peor factura la están pagando ahora, cuando a pesar de oponerse a abrirle a Ucrania la puerta a una futura participación en la OTAN, una decisión impuesta por Washington, ahora Europa tiene la guerra a sus puertas, y parte importante de su suministro energético, el cual fluía de Rusia, está cada vez más en duda. Resultado: pese a su pésima experiencia con Trump, la Unión Europea experimenta hoy día, en ámbitos como el energético, una mayor dependencia de los Estados Unidos y de sus políticas. De hecho, la acelerada expansión hacia el Este, que tantos problemas y tan pocas ventajas le ha traído, fue impulsada por Washington.

Una cuarta faceta de la actual coyuntura de la Unión Europea es de larga data: la división entre una Europa del Norte enriquecida, y una Europa del Sur  menos próspera. Esta división saltó a la vista, de forma dramática, con la crisis de la deuda griega, que empobreció a la población de ese país y doblegó las políticas de su gobierno electo, imponiéndole una supervisión financiera externa que solo favoreció a los acreedores privados, en especial a bancos alemanes y franceses.

Esta imposición a Grecia por parte de los países adinerados no hizo sino escenificar, a nivel de países, un fenómeno que se ha acelerado al menos desde la crisis financiera del 2008: la concentración del poder en pocas y muy poderosas manos, a lo que no escapa la Unión Europea. El malestar que ello ha generado en amplias capas de la población, desde los jubilados hasta los jóvenes sin empleo o con empleos precarizados, es una de las principales razones detrás de la comentada derechización.

La situación política de la Unión Europea está todavía lejos de ser la que antecedió a la II Guerra Mundial, pero se le va pareciendo cada vez más. Un escenario muy inquietante.

 

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