Bernal Herrera: «Educación y modelos de desarrollo en Costa Rica – 2» en Miscelánea (Podcast)

La reforma educativa liberal de 1886 es la más importante realizada en nuestro país. En total coherencia con el resto del accionar liberal, de forma pionera creó en Costa Rica un sistema educativo de carácter público y laico, vital para modernizar el país y ampliar la movilidad social de buena parte de la población nacional.

Bernal Herrera Montero.

Del modelo agroexportador liberal, iniciado el último cuarto del siglo XIX, marcó con fuerza el rumbo histórico de Costa Rica. Antes, hechos como el traslado de la capital de Cartago a San José, la introducción y ampliación del cultivo del café, y la guerra contra los filibusteros, evidencian que en el medio siglo transcurrido desde la independencia, se habían emprendido procesos cruciales que cambiaron la fisonomía heredada del periodo colonial. Pero no será sino con la llegada al poder de la facción liberal de la élite cafetalera, que desde el aun incipiente estado nacional se impulse, de forma sostenida y sistemática, un modelo de desarrollo.

El proyecto liberal requería darle más fuerza y estabilidad al estado para modernizar la sociedad costarricense, pero paradójicamente su inicio puede fecharse en 1870 cuando un militar, Tomás Guardia, sube al poder tras un golpe de estado. Más que un liberal convencido él fue un gobernante pragmático, pero cuando muere en 1882, el país, regido por la Constitución de 1871, disponía de un estado con mayor músculo. Así, cuando la facción más liberal de la élite cafetelera llega al gobierno con Próspero Fernández, otro militar, ya existían las condiciones mínimas requeridas para ejecutar el notable programa de reformas que modernizará la sociedad vallecentralina.

Amparado en el crecimiento económico propiciado por el cultivo y exportación de café, el modelo liberal agroexportador realizó acciones de gran calado. Algunas, como la construcción del Ferrocarril al Atlántico, que tras diversos intentos es finalmente inaugurado en 1890, generaron enormes costos. Del empréstito inicial más de la mitad se fue en comisiones bancarias y corrupción, y además de incrementar la deuda externa, acabó provocando la aparición del enclave bananero en nuestro país, de tan triste memoria.

Otras reformas liberales, en cambio, lograron la ansiada modernización sin incurrir en ese tipo de costos económicos y sociales, como la introducción de un nuevo Código Civil, el divorcio y la secularización de los cementerios, antes controlados por la iglesia católica.

Pero las reformas liberales que más interesan aquí son las educativas, las cuales produjeron profundos cambios que marcaron favorablemente nuestra historia. Hasta entonces, en nuestro país la educación distaba mucho de ser la deseable, incluso para los parámetros de la época. Figuras históricas, como el Dr. Castro Madriz y Julián Volio, ya antes habían intentado mejorar su cobertura y calidad, pero a pesar de sus buenas intenciones y de algunos éxitos concretos, no lograron la aprobación de sus principales iniciativas, y las principales decisiones educativas siguieron en manos de las municipalidades y la iglesia.

Será la gran reforma educativa de 1886, la más importante realizada en nuestro país, la que logre cambiar y mejorar radicalmente la realidad educativa. Emprendida por don Mauro Fernández con el apoyo del presidente Bernardo Soto, la reforma creó un sistema educativo centralizado, dotado de la supervisión necesaria para lograr su adecuado funcionamiento. Siendo uno de sus objetivos el brindar una educación laica y moderna, se clausuró la Universidad de Santo Tomás, pero manteniendo escuelas relevantes como las de Derecho y Farmacia. Se amplió la cobertura de la primaria y la secundaria, para lo cual se fundan, entre 1887 y 1888, el Liceo de Costa Rica, el Instituto de Alajuela y, una medida notable, el Colegio de Señoritas, que tendrá una Sección Normal para la preparación de maestras. A todas estas instituciones se les dota de excelentes instalaciones, y pocos años después, en 1896, se inaugura la Escuela Buenaventura Corrales, en el Edificio Metálico, importado de Bélgica para ese propósito.

La reforma educativa liberal crea un sistema de educación pública de marcado carácter laico y progresista, que a partir del Valle Central se irá expandiendo al resto del país. La excepción es Limón, donde la población afroamericana crea, por su cuenta, un sistema educativo propio, tan exitoso que por muchos años fue la provincia con mejores índices de alfabetización.

El modelo agroexportador liberal, entonces, no solo consolidó y modernizó el estado e incrementó la actividad económica, sino que creó un sistema de educación pública y laica que revolucionó la sociedad costarricense. Tanto, que más allá de si ello era o no una de sus metas, generó una mayor movilidad social que la existente hasta entonces.

La acertada decisión de priorizar la inversión en la modernización y ampliación de la educación pública permitió obtener mejores resultados que otros proyectos de modernización emprendidos en el siglo XIX. Si situamos lo ocurrido en nuestro país en un contexto internacional, observamos que en Costa Rica el proyecto liberal logró evitar los peores rasgos, costos y fracasos en que incurrieron proyectos afines emprendidos en otros países periféricos. Medido en términos de desarrollo económico, sociocultural y político, pero también en función de la ampliación de oportunidades a importantes sectores de la población, el costarricense obtuvo resultados mucho más halagüeños que los logrados en el XIX por otros proyectos liberales no solo en Centroamérica y buena parte de América Latina, sino también en países como Egipto e imperios como el otomano.

Lo anterior no impidió, claro está, que el modelo liberal costarricense adoleciera de límites y sombras, como su clasismo y su tendencia al autoritarismo y la corrupción.
Pero lo que me interesa resaltar aquí es que si la modernización emprendida por los liberales costarricenses a fines del XIX fue más exitosa que otras muchas emprendidas ese siglo, una de las principales razones fue su decisión de no apostarle solo al crecimiento económico sino también a la educación. Una lección que nuestro país parece haber olvidado, y que bien haría en recordar.

 

 

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