Bernal Herrera Montero.

La crisis producida en Costa Rica por la I Guerra Mundial evidenció y magnificó los límites y fallas del modelo liberal. Cuando Gonzáles Flores, respondiendo a la crisis, intenta hacerlo más inclusivo introduciendo políticas distributivas, muchos liberales optan por apoyar la dictadura de los Tinoco. Luego, la depresión iniciada en 1929 acentúa las tensiones sociales acumuladas, que afloran en la gran huelga bananera del 34.

Si los años 30s marcan el fin del modelo liberal, la década de los 40s inaugura el inicio del socialdemócrata, que se prolongará hasta finales de los 70s o inicios de los 80s, y que será igualmente exitoso en sus proyectos de modernización. Inaugurado por las reformas sociales de Calderón Guardia y profundizado por José Figueres, sus grandes fundadores, el nuevo modelo amplía el accionar y presencia estatal mediante un conjunto de políticas e instituciones públicas, que mejoran significativamente numerosos indicadores sociales, como la mortalidad infantil y materna, el acceso a agua potable y electricidad, la expectativa de vida y otros más.

El modelo socialdemócrata mantiene el crecimiento económico como una de sus principales metas, pero incorpora la que González Flores se había propuesto, originando su derrocamiento: implementar políticas distributivas que extendieran los beneficios de tal crecimiento a amplias capas de la población.
El ingreso per cápita pasa de $177 en 1961 a $247 en 1971, un aumento del 40% en solo diez años, pero al mismo tiempo la política salarial aumenta los salarios mínimos, que en colones constantes pasan de ¢20.000 en 1950 a ¢100.000 en 1986. Y si bien en términos absolutos los ingresos de los quintiles altos son los que más crecen, en términos procentuales crecen más los de los quintiles bajos. Todo ello hará que la pobreza pase del 51% en 1961 al 20% en 1971, y la pobreza extrema descienda del 5% al 3%.

Las cifras son elocuentes: el modelo creó y distribuyó riqueza de forma acelerada, y lo hizo mediante políticas públicas que estimulaban la actividad privada, pero también fortalecían la presencia y el accionar estatal, lo que permitió la creación y consolidación del Estado Social de Derecho. Se trató, en resumen, de una modernización muy exitosa, que montándose sobre la lograda por el modelo liberal, la profundiza y extiende.

Un elemento clave en todo ello lo fue el educativo. En este ámbito dos fenómenos demográficos plantearon grandes retos. El primero era cuantitativo. Después de décadas de ampliación de la frontera agrícola, habían surgido numerosos poblados y caminos en lugares antes deshabitados. Al mismo tiempo, los avances en el campo de la salud aceleraron el crecimiento de la población infantil y juvenil. En ese contexto, un gran logro educativo del modelo socialdemócrata fue la notable ampliación de la cobertura de la educación pública primaria, y la algo menor de la secundaria, así como la creación de colegios técnicos y vocacionales. Se crearon escuelas y colegios en las zonas rurales, y se multiplicaron los de las zonas urbanas, donde se concentró la mayoría de la población. El segundo reto era cualitativo. Sin personal profesional y conocimiento especializado, se hacía imposible el tipo de desarrollo al que aspiraba el modelo socialdemócrata. Si a la modernización liberal le había bastado la primaria y la secundaria, ahora era indispensable ir más allá, y el modelo respondió creando la educación superior pública. La UCR es creada en el arranque mismo del modelo, y es ella quien proporciona los cuadros y conocimientos profesionales a los largo de tres décadas. Luego, en la década de los 70s, aparecerán el TEC, la UNA y la UNED. Así, tras varias décadas en las que el país había carecido de universidad, aunque no de escuelas de formación profesional, se crea un sistema de educación superior pública que, al día de hoy, no sufre la crisis que experimentan la primaria y la secundaria públicas.

Pese a sus indiscutibles logros educativos, el modelo socialdemócrata conllevó pactos, explícitos o implícitos, cuyas consecuencias, acaso invisibles al principio, se han hecho más evidentes y difíciles de superar con el tiempo. Urgido de apoyo para sus reformas sociales, Calderón Guardia se alió con los comunistas y con la iglesia, representada por el arzobispo Sanabria, y el precio por el apoyo del segundo fue la reintroducción de la educación a cargo de órdenes religiosas. Tras la llegada de Figueres al poder, mientras los comunistas pagan cara su alianza con Calderón, surgen instituciones educativas regentadas por religiosos, como La Salle, el Saint Francis y otras.

Uno de los pilares fundamentales del modelo liberal, la educación pública y laica, se mantuvo en la educación superior. Pero la educación secundaria de las élites y las crecientes clases medias, decisivas en la política y la toma de decisiones, pasó a ser lo contrario: privada y religiosa. Las consecuencias de este cambio fueron profundas. Se dificultó, hasta el día de hoy, la modernización de los ámbitos socioculturales dominados por el conservatismo religioso. Y se inició, en el grueso de las clases dirigentes, un alejamiento de la educación pública, cada vez más reservada para los sectores populares. Generó, en suma, dos de las raíces más profundas de la actual crisis educativa.

Así, con la significativa excepción de la educación superior, donde la situación es la inversa, el modelo socialdemócrata sembró las semillas de la actual dicotomía entre una educación pública en franca crisis, y una privada mucho más sólida. Una dicotomía cuyas consecuencias ya son evidentes, y de no resolverse degradará cada vez más las condiciones de vida de la mayoría de la población, con el consiguiente daño a la ya muy debilitada cohesión social del país.

 

 

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Por Bernal Herrera

El autor tiene su titulo de Ph.D. en Literaturas Hispánicas y M.A. en Literaturas Hispánicas por Harvard University. Licenciatura y Maestría en Filosofía por la Universidad de Costa Rica. Ha recibido becas de estudio de la Universidad de Costa Rica, Fulbright Program y Harvard University. Ex Vicerrector de Docencia y Catedrático e investigador en la Universidad de Costa Rica.