El conflicto en el Golfo ha acelerado tendencias previas que perjudican a los Estados Unidos frente a su gran rival, China. Por ejemplo, el agravamiento de su déficit fiscal, la erosión de su red de alianzas y el fortalecimiento del liderazgo de China en el Sur Global. Pero la actual situación también representa nuevos riesgos para China.
Bernal Herrera Momntero.
El conflicto en el Golfo Pérsico está catalizando procesos previos que parecen debilitar a Estados Unidos y fortalecer a China.
Su negativo impacto en Asia debilita allí a los Estados Unidos. Es el caso de la India, tradicional rival de China, con la que ha tenido diversos enfrentamientos, el más reciente en 1962 por disputas fronterizas aun no resueltas. Tras acercarse a los Estados Unidos, Trump la ha golpeado económica y políticamente, induciéndola a un acercamiento con China, que de mantenerse y profundizarse reforzaría la posición china en Asia, y la de Asia frente al Occidente.
No menos conflictiva ha sido la relación histórica entre China y Rusia, enfrentadas en varias ocasiones por disputas territoriales e ideológicas, que provocaron una breve guerra en 1969, a raíz de la cual Mao acercó China a los Estados Unidos. La guerra en Ucrania y las sanciones contra Rusia hicieron que esta se acercara a China. Hoy día son aliadas, y la guerra en el Golfo las ha acercado aun más.
La erosión de la imagen de Occidente, acelerada por los acontecimientos del Medio Oriente y el Golfo Pérsico, también beneficia a China y aumenta su liderazgo en el Sur Global. Observar cómo el sistema financiero internacional se ha utilizado como arma de guerra económica contra Rusia e Irán, y para mantener la hegemonía financiera occidental, ha reforzado en el Sur Global, hogar de la mayoría de la población mundial, los intentos de China de empezar a crear sistemas financieros alternativos, que podrían erosionar lentamente la dependencia frente al dólar como moneda de cambio internacional.
Mientras China se fortalece, Estados Unidos ataca y perjudica a sus aliados europeos, asiáticos y a la OTAN, despliega en África una política centrada en ganancias económicas de corto plazo, y supedita sus intereses nacionales a los de su único aliado privilegiado, Israel, justo cuando crece el rechazo global a las políticas de este. Todo esto ha erosionado su red de alianzas. La única región donde ha reforzado su dominio es su patio trasero, una América Latina desunida y carente de ningún contrapeso real al cual ampararse, pero este predominio no compensa lo perdido en otras regiones.
Un pilar histórico del poderío estadounidense la producción científica de sus grandes universidades y centros de investigación, hecha por profesionales llegados de todo el planeta, está siendo minado desde adentro por los ataques de la actual administración. La creencia de que la intervención en Irán sería tan fácil como la venezolana no es ajena al desprecio por el conocimiento, en este caso el histórico. No es el único ejemplo: contra toda la evidencia científica, la administración está debilitando los programas nacionales e internacionales de vacunación, incluso al interior del ejército, lo que sin duda pasará factura.
También la salud económica parece amenazada. La política de Trump de rebajar impuestos a los sectores más adinerados y los costos de la guerra en el Golfo han agravado bastante el déficit fiscal del país. A ello se suman los ataques contra la independencia de la Reserva Federal y la anulación judicial de muchas de las tarifas impuestas por el gobierno.
Los Estados Unidos fueron los principales beneficiarios de un orden internacional hecho a la medida de sus intereses. La política de ignorar e incluso desmantelar ese orden ha forzado a otros países, incluso aliados históricos como Canadá, a pensar en un posible nuevo orden internacional.
Posicionándose como modelo de desarrollo alternativo al defendido por los Estados Unidos, China baja aceleradamente sus tasas de pobreza, lidera la transición energética y domina los mercados de energías limpias, mientras los Estados Unidos tienen las mismas tasas de pobreza de inicios de los setenta y se convierte en el principal exportador y promotor del petróleo. La agresión a Irán contrasta con la ausencia de aventuras militares de China. La deriva autoritaria de Estados Unidos y otros países occidentales le permite al autoritarismo ilustrado chino ir logrando mayor aceptación global.
Todo esto favorece a China, pero la realidad es compleja. China se hizo poderosa al amparo de las reglas e instituciones del actual orden mundial, y su ruptura la somete a tensiones e incertidumbres. No por casualidad se ha convertido en una de sus principales defensoras.
En un nuevo orden mundial asentado en la fuerza militar, China tendría mucho que perder. Carece de la red global de bases militares de las potencias occidentales, en especial los Estados Unidos, y su ejército no pelea desde la Guerra de Corea. Sus posibles aliados saben que, de momento y en el futuro próximo, difícilmente podrían contar con su protección militar. La tan mencionada potencia militar china parece alcanzarle para proteger su territorio y mares aledaños, pero no para proyectarse fuera de esos límites. Su imposibilidad de intervenir militarmente en Venezuela, Cuba o el más cercano y para ella vital Golfo Pérsico, difícilmente desaparecerá en el futuro previsible, aunque su apuesta por teconologías como la Inteligencia Artificial podría balancear algo esta limitación.
Aunque no parece querer darse cuenta, nuestro país no escapa a las consecuencias del conflicto del Golfo. De ahí mi interés en dedicarle esta larga serie. Y es que dicho conflicto bien puede acabr siendo un parteaguas histórico. No tanto por lo ocurrido allí, ni por sus consecuencias inmediatas, sino por darse en una coyuntura muy cargada que, insisto, lo vuelve catalizador de procesos que , viniendo desde antes, han sido acelerados por Trump. Solo el tiempo dirá por dónde toma la historia. Por ahora, solo podemos tratar de comprender algunas de sus líneas generales e intentar entrever algunos de sus próximos desarrollos, en especial los relativos a la gran rivalidad de nuestro tiempo, a cuyas ramificaciones no escapa ningún país, entre China y Estados Unidos.
Capítulos: El Golfo Pérsico en llamas



