Bernal Herrera: «Haití – Segunda y última parte», en Miscelánea

La historia la escriben los ganadores. Hoy día, con el racismo siempre al acecho, la miseria haitiana suele atribuirse al muy real problema de corrupción de sus élites, sin mencionarse la historia aquí resumida.

0

Bernal Herrera Montero.

Continuando la Miscelánea anterior, se cuenta con mayor detalle el origen y consecuencias de la deuda externa impuesta por Francia a Haití en 1825. Una historia que continúa teniendo efectos en Haití, como en los intentos del expresidente haitiano Jean Bertrand Aristide de pasar la factura a Francia, y la reacción suscitada en este país.

La Miscelánea pasada mencioné la deuda impuesta a Haití por Francia en 1825, bajo amenaza militar, deuda que aplastó el incipiente desarrollo del país antillano. Veamos un poco más de cerca esta  historia, contada recientemente por el New York Times.

La población nativa de las islas del Caribe fue exterminada casi totalmente por las enfermedades y violencias asociadas a su colonización, así que los colonizadores llevaron mano de obra africana esclavizada. En la adinerada colonia francesa de Sainte Domingue, futuro Haití, la industria azucarera, que llevó la población esclavizada a ser el 90% del total, enriqueció a los colonos franceses y a la metrópoli, pero la miseria y violencia sufridas por la mayoría produjo una situación insostenible, que estalló en 1791, en una cruenta lucha entre las élites blancas y las masas de negros y mulatos.

La revuelta, unida a las ideas de la Revolución Francesa, y a la necesidad de crear ejércitos locales que defendieran la colonia de los ataques de España e Inglaterra, hizo que en 1793 se liberara a la población esclava haitiana. Entre 1794 y 1798 los recién liberados haitianos derrotaron a los ejércitos español e inglés, que habían invadido la colonia.

La alegría no duró mucho. Napoleón Bonaparte  sube al poder en 1799, y reinstala la esclavitud y el tráfico negrero. Para implementar en Haití tan impopulares medidas, envía en 1801 una poderosa flota, pero la resistencia haitiana es feroz, y dos años después debe retirarse. Era el tercer ejército europeo derrotado, en pocos años, por una población hasta hacía poco esclavizada.

La fracasada invasión francesa lleva a la independencia de Haití en 1804, que, a diferencia de la de otros países americanos, cambia radicalmente las racializadas estructuras de poder heredadas del periodo colonial. La esclavitud es abolida, y Haití se vuelve refugio de toda persona esclavizada que logre llegar allí.

Esta política anti-esclavista le atrajo el odio de los imperios europeos y de los Estados Unidos, que se niegan a reconocer la independencia de un país creado por la rebelión de las masas esclavizadas contra sus amos europeos y criollos. En plena Ilustración, un país gobernado por afroamericanos era inaceptable para el racismo occidental.

En 1824, el rey francés Carlos X decide sojuzgar Haití, y envía una armada con un ultimátum: o el país acepta pagar una deuda de 150 millones de francos, a cambio de reconocer su independencia, o será invadido militarmente. La suma era el doble del precio en que Francia había vendido a los Estados Unidos la Louisiana, un gigantesco territorio que iba desde el Golfo de México hasta Canadá.

Como el primer abono era seis veces el presupuesto haitiano, se les impuso un préstamo por treinta millones de francos, de los que, extraída la comisión de los banqueros, Haití solo recibió veinticuatro. Inicia aquí la doble deuda del chantaje y de los préstamos para pagarlo. Maniobras como estas serán luego utilizadas, por ejemplo, en  Egipto para construir el Canal de Suez.

La deuda original terminó de pagarse en 1888, pero a cambio de pedir otros préstamos, un ciclo que aplastó al país. Así, en 1911, $2.5 de cada $3 de los ingresos por café, los más importantes, se iban pagando deudas. La mayoría de la población haitiana trabajó y vivió en la miseria, para beneficio de la oligarquía local y de sus antiguos amos franceses, luego sustituidos por financistas estadounidenses. Estados Unidos ocupó Haití de 1915 a 1934, años en los que el gobierno haitiano a veces debió asignar más dinero a salarios y gastos de los ocupantes que a las necesidades de la población local. Los Estados Unidos seguirían explotando y controlando las finanzas haitianas hasta 1947.

Lo pagado por la deuda y préstamos originales ascendió a unos $560 millones de dólares, dinero que, según especialistas en historia financiera, de haber permanecido en Haití, con las tasas de crecimiento registradas desde entonces por el país, hubieran producido recursos por unos $21 billones, y permitido un ingreso per cápita seis veces mayor que el actual.

En el 2001 el presidente Jean Bertrand Aristide empezó a demandar la devolución de los recursos drenados a la economía haitiana, pero el gobierno francés, temiendo sentar un mal precedente,  se negó a discutir el tema, y ayudaron a derrocar a Aristide. En el 2015, el presidente francés Francois Hollande dijo que Francia pagaría la deuda con Haití, pero luego aclaró que se refería a la deuda moral.

La historia la escriben los ganadores. Hoy día, con el racismo siempre al acecho, la miseria haitiana suele atribuirse al muy real problema de corrupción de sus élites, sin mencionarse la historia aquí resumida.

La distancia que separa el prestigio y la riqueza de Francia de un Haití empobrecido, afroamericano y azotado por numerosas calamidades, parece infranqueable. Pero las relaciones históricas entre ambos países son mucho más cercanas y escabrosas de lo que parece, y una parte del lujo y belleza de Francia fue construida sobre la miseria haitiana.

 

Programa anterior:

 

COVID-19
Suscribase COVID-19

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...