Bernal Herrera: Palestina – Historia y horror – 3 (Podcast)

Las cruzadas transformaron las relaciones entre las tres grandes religiones abrahámicas. Desencadenaron formas virulentas de antisemitismo e islamofobia, así como las primeras matanzas de población judía en Europa. Se trata, entonces, de un punto de inflexión cuyas repercusiones se sienten hasta el día de hoy.

Bernal Herrera Montero.

Palestina: historia y horror – 3

Las cruzadas transformaron, radical y negativamente, las relaciones entre los tres grandes monoteísmos abrahámicos. Las invasiones musulmanas a España y Sicilia ya habían iniciado un conflicto teñido por factores religiosos, pero el islam aceptaba en su seno poblaciones cristianas y judías, legitimadas bajo la categoría de “dhimmis” o “pueblos del libro”. Estos debían pagar un impuesto especial, la “djiziya”, a cambio de lo cual gozaban de una tolerancia rara vez exhibida en los reinos cristianos.

El año 1095, ante el llamado de ayuda militar del emperador bizantino, el papa Urbano II convoca a la primera cruzada. Primera aventura colonizadora europea desde los tiempos romanos, las cruzadas anticipan el impulso colonialista que a partir del siglo XV, llevará al surgimiento de los grandes imperios europeos en América, Asia y África.

A fines del siglo XI, aunque no habían restricciones para la presencia judía en Palestina, esta seguía siendo muy escasa. Pero ello no impidió que las cruzadas fueran un parteaguas trágico en la historia judía, pues la masa de fanáticos que en 1095 parte a reconquistar Jerusalén, a su paso por la actual Alemania ejecuta las primeras matanzas y robos de poblaciones judías europeas, justificándolas con motivos religiosos.

Así, el antisemitismo y la islamofobia europeas, origen de tantas calamidades, son hermanos gemelos, y su nacimiento oficial son las cruzadas. La primera fue la más exitosa, y tras conquistar tierras y ciudades musulmanas, el año 1099 toma Jerusalén. La matanza que siguió a la toma de la ciudad, descrita en las crónicas musulmanas y cristianas de la época, fue de una barbarie aterradora. Los cruzados masacraron la población civil musulmana, incluyendo mujeres y niños, así como a la escasa población judía, e incluso a parte de la población cristiana. Un cruzado, canónigo francés, escribe: “Maravillosos espectáculos alegraban nuestra vista. Algunos de nosotros, los más piadosos, cortaron las cabezas de los musulmanes; otros los hicieron blanco de sus flechas; otros fueron más lejos y los arrastraron a las hogueras. (…) En las calles y plazas de Jerusalén no se veían más que montones de cabezas, manos y pies.” Casi mil años después de las matanzas ocurridas allí durante las guerras entre romanos y judíos, Jerusalén presencia ahora las realizadas por los cruzados.

Los reinos cristianos fundados tras la conquista de Palestina no durarán mucho, en parte por los conflictos y rivalidades entre ellos. En 1187 Saladino reconquista Jerusalén para el islam. A diferencia de lo actuado por los cruzados, su conducta fue generosa: impidió masacres innecesarias, permitió a los cristianos llevarse muchos tesoros de sus iglesias, y que siguiera operando la del Santo Sepulcro. El nuevo dominio musulmán inaugura 750 años de relativa calma en Palestina, solo quebrada seriamente tras la Primera Guerra Mundial, con la masiva inmigración judía.

Las cruzadas desataron en Europa formas virulentas de antisemitismo e islamofobia. Antes de 1095, durante el dominio musulmán de Jerusalén, los cristianos podían peregrinar a la ciudad, y las iglesias operaban con normalidad. Pero la propaganda cruzada acusó falsamente al islam de los más atroces crímenes y sacrilegios en la ciudad, estimulando el odio anti-musulmán, e incitando y justificando la violencia. También proliferaron las acusaciones falsas contra las poblaciones judías, adjudicándoles todo tipo de crímenes y desgracias, y alimentando el antisemitismo. Como se ve, la desinformación y las noticias falsas tienen una larga tradición, de la cual este es un momento importante. La iglesia concibió las cruzadas como un peregrinaje armado, y ofreció a sus participantes el perdón anticipado por cualquier crimen cometido durante su realización. Al igual que ocurre hoy día, las cruzadas difundieron una narrativa según la cual había un bando bueno, con carta blanca para hacer lo que deseara, y un bando malo que debía ser vencido y, preferiblemente, aniquilado.

En 1291 los musulmanes reconquistan los últimos reductos cristianos, pero se mantienen los vínculos comerciales y políticos surgidos entre ambos bandos durante dos siglos de guerra. En 1453 los musulmanes toman Constantinopla, ciudad que nunca se había recuperado de los saqueos y matanzas cometidos por los cristianos durante la cuarta cruzada. La conquista musulmana va acompañada de matanzas y saqueos, y numerosos letrados bizantinos se marchan a Europa, en especial a Italia. Sus conocimientos y libros serán clave en el Renacimiento europeo, pero su odio contra quienes habían conquistado y asolado su ciudad, da un nuevo aliento a la islamofobia europea.

Por esos mismos años aparecen en España, en el siglo XV, los llamados Estatutos de Limpieza de Sangre, que obligaban a demostrar a una persona que no tenía antepasados judíos, por considerar, contra lo afirmado por la doctrina cristiana, que el bautismo no volvía a la persona parte integral de la comunidad cristiana. El catolicismo español consideraba que los judíos tenían defectos y vicios innatos, que se transmitían en la sangre, y el bautismo era incapaz de lavar. Con ello, ser judío dejó de ser una condición religiosa, y se volvió algo que se llevaba en la sangre, aun si la persona se convertía al cristianismo. Los Estatutos de Limpieza de Sangre son, así, la primera formulación clara de un racismo biológico, luego aplicado por Occidente a todas las poblaciones definidas como no-blancas. En este contexto de fanatismo religioso, la creación de la Inquisición y la expulsión de los judíos españoles refuerza el antisemitismo europeo.

Siglos después, la combinación de islamofobia, antisemitismo e imperialismo europeos llevará, tras la I Guerra Mundial, al tercer gran acto de la historia que intento exponer. Es el tema que trataré en una próxima Miscelánea.

 

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