Bernal Herrera: Palestina – Historia y horror – 4 (Podcast)

La I Guerra Mundial transformó el Medio Oriente. Palestina, ahora bajo dominio británico, fue abierta a la inmigración judía, escasa al inicio pero muy acelerada tras el ascenso del nazismo. Luego, la reacción ante el Holocausto creó las condiciones para la creación del Estado de Israel, a expensas del pueblo palestino, quien pagó y sigue pagando las facturas ajenas del antisemitismo y el imperialismo europeos.

Bernal Herrera Montero.

La I Guerra Mundial desencadenó una profunda alteración del Medio Oriente, según líneas definidas por el Tratado Sykes-Picot, firmado en secreto en 1916, en el cual Inglaterra y Francia definieron la repartición del imperio otomano una vez concluida la guerra. La transformación fue especialmente dramática en Palestina, que el tratado establecía pasaría a estar bajo dominio inglés, contradiciendo las promesas inglesas hechas a los árabes a cambio de su ayuda contra los otomanos, y las prédicas del presidente Wilson, que justificaban la participación de los Estados Unidos en la guerra afirmando que permitiría, entre otras cosas, impulsar la libre autodeterminación de los pueblos colonizados, y acabar con la diplomacia de los acuerdos secretos.

Por su parte, el sionismo, surgido a fines del siglo XIX como reacción al antisemitismo europeo, venía proclamando la necesidad de que el pueblo judío tuviera un estado propio donde fuera mayoría, ojalá ubicado en Palestina. Al inicio el sionismo tuvo poco apoyo entre la población judía, que prefería ser aceptada en sus países de adopción, pero su capacidad propagandística y organizativa, y el cada vez más agresivo antisemitismo europeo, aumentaron el apoyo al proyecto sionista de una migración judía a la Palestina otomana.

Este proyecto fue avalado por Inglaterra en la Declaración de Balfour, de 1917, donde el gobierno inglés expresó su apoyo al “establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío”, y promete hacer sus “mejores esfuerzos para facilitar el logro de este objetivo”. Basada en la equivocada premisa de que el sionismo representaba a toda la población judía, la declaración tenía como objetivo político conseguir el apoyo de esta para la guerra. Además, la idea de enviar a Palestina a la población judía, que Inglaterra había expulsado en 1290 y permitido nuevamente en 1697, acaso agradara al gobierno inglés.

Terminada la I Guerra Mundial con la derrota de los imperios alemán, austro-húngaro y otomano, los países vencedores definen, en la Conferencia de Versalles, el nuevo orden mundial y el reparto de los despojos de los vencidos. Numerosos países y grupos habían contribuido al esfuerzo bélico de los vencedores, inducidos por las promesas de Inglaterra, implícitas o explícitas, de que sus intereses nacionales o étnicos serían atendidos tras la victoria, y por las prédicas de Wilson, que apuntaban a liquidar los imperios coloniales europeos. Eran los casos, por ejemplo, de China y Japón, y de los nacionalistas vietnamitas y árabes. Pero finalizada la guerra, Inglaterra traiciona casi todas sus promesas, y Wilson avala la continuidad de los imperios coloniales europeos. Se consuma así el descomunal engaño de las potencias occidentales a sus aliados del Tercer Mundo, que los habían ayudado a ganar la guerra aportando decenas de miles de vidas y abundantes materias primas, para luego verse traicionados.

Irónicamente, un grupo que no había ayudado directamente al esfuerzo bélico, si vio cumplidas las promesas recibidas: el sionismo. Convertida Palestina en un protectorado inglés, Inglaterra apoyó la llegada allí de población judía. Al principio esta inmigración fue relativamente reducida, y entre 1915 y 1931 llegan a Palestina menos de 90.000 inmigrantes judíos.

Pero la llegada de los nazis al poder y su criminal antisemitismo fuerzan a muchos judíos a abandonar Europa. El éxito del proyecto sionista sigue siendo limitado, y la mayor parte de la migración de judíos europeos se dirige al continente americano, pero entre 1931 y 1947 casi medio millón migran a Palestina.

Irónicamente, el horror del Holocausto, un atroz crimen contra la humanidad, le da el empujón final al proyecto sionista. Alienta las simpatías de gran parte de la población mundial por el pueblo judío y por las aspiraciones sionistas de contar con un estado propio. También convence a una parte significativa de la población judía, en Palestina y el resto del mundo, de que tras siglos de comportarse como víctimas más o menos indefensas, había llegado la hora de dejar atrás esta tradición. En 1948 aparece el Estado de Israel, en tierras del pueblo palestino que, contra toda noción de justicia, las potencias occidentales han decidido asignarle, decisión avalada por la recién creada ONU. Un estado que luego se ha transformado en una potencia militar más que dispuesta a quebrar incluso las más básicas normas humanitarias en sus relaciones con la población palestina.

Con esto llegamos a la trágica e irónica situación actual. El principal responsable del surgimiento del Estado de Israel fue el antisemitismo europeo, cuya larga historia culmina en el Holocausto, diseñado y ejecutado por la Alemania nazi pero, no lo olvidemos, con la complicidad de gobiernos europeos de la época como el francés y el italiano, y de sectores de la población civil, como en Ucrania. Sin embargo, quien a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI ha sufrido directa y brutalmente las consecuencias del antisemitismo y el imperialismo europeos, es la población palestina, que sin tener responsabilidad ni culpa ninguna en los diez siglos de violencia antisemita europea, ha sido despojada de la mayoría de sus tierras, reducida a condiciones de vida cada vez más opresivas e intolerables, y ahora es objeto de una salvaje violencia militar.

En cuanto a los países musulmanes del Medio Oriente, empezaron rechazando de plano la propuesta de dos estados y la existencia de Israel. Promovieron tres guerras contra este que acabaron con otras tantas derrotas, que no lograron nada salvo empeorar las condiciones de vida del pueblo palestino. Exhibida su impotencia militar, algunos de ellos acabaron firmando la paz con Israel.

Una historia que espero comentar en el próximo episodio de las Misceláneas dedicadas a este trágico tema.

Creación del Estado de Israel en 1948. Algo crítico, no un puro elogio. Puede ser sobre el Plan Dalet

 

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