Bernal Herrera: Rodrigo Chaves – factores coyunturales de su triunfo

El tono de Chaves como presidente va siendo muy distinto del de Chaves candidato. Directo, sí, pero menos enojado, más dialogante y comedido. Cuál de los dos Chaves es más real.

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Bernal Herrera Montero.

En la Miscelánea anterior se comentaron algunos factores estructurales que incidieron en la victoria electoral de Rodrigo Chaves. En esta se comentan algunos factores coyunturales y personales, que vistos retrospectivamente ayudan a explicarla.

Erosión electoral y el bajo techo del PLN y el PUSC; subida del abstencionismo y disminución del porcentaje del padrón necesario para ganar; presidencias definidas por una población electoralmente flotante; alta volatilidad electoral y tendencia a votar por candidatos vistos como disruptivos. Estos son algunas factores estructurales que ayudan a explicar la victoria de Rodrigo Chaves, y a comentarlos dedicamos la Miscelánea anterior. Ahora bien, en una contienda con sobre-abundancia de candidaturas, ¿por qué él? Jugaron en esto también factores más coyunturales. Veamos algunos de ellos.

Empecemos con su astuta utilización de algunas figuras y sectores. Rumbo a la primera ronda, Chaves se asoció al nombre e imagen de Pilar Cisneros, archi-conocida figura mediática, y no solo en San José, donde ella era candidata a diputada, sino en las demás provincias. Para medir la presencia que le dieron, basta contrastarla con la virtual ausencia publicitaria de las dos personas que iban por vicepresidencias. Luego, ya rumbo a la segunda vuelta, su acuerdo con sectores evangélicos le atrajo un electorado significativo, neutralizando de paso los patéticos coqueteos de Figueres con este sector. Ambas alianzas obedecieron mucho al cálculo político. Doña Pilar ha desaparecido casi del mapa y declaraciones suya han sido desmentidas, y si bien los sectores religiosos obtuvieron alguna presencia en el gabinete, esta fue menor que la esperada.

Irónicamente, la cobertura mediática a su historial de acoso sexual acabó favoreciéndolo, pues a cambio de perder una parte del electorado, lo convirtió en el candidato con más presencia en medios y redes, y reforzó la imagen que él buscaba construir: la de David luchando contra los Goliats de la política tradicional y los grandes intereses. Tal vez incluso le atrajo a sectores conservadores, para quienes los avances en derechos de la mujer equivalen a un ataque contra las buenas costumbres del patriarcado. En plena reacción conservadora contra la mal llamada “ideología de género”, Chaves era el macho alfa reivindicando la maltrecha masculinidad tradicional.

La asociación con sectores conservadores no anuló, sin embargo, su perfil modernizador. Economista en un mundo cuyas principales preocupaciones son de tipo económico, o se expresan en términos económicos, el perfil y carrera de Chaves no eran equiparables, en absoluto a la de ningún pastor religioso. Fabricio Alvarado intentó proyectar una cierta imagen de tecnócrata, pero ese nicho ya estaba ocupado por Chaves.

Su larga carrera como funcionario en el Banco Mundial le ganó la aceptación, o al menos cierto respeto y credibilidad, de sectores que han venido presionando por reformas en la línea de las posiciones, últimamente algo cambiantes, del Banco Mundial.

Dicha carrera lo alejó del país por décadas, lo que hace algún tiempo hubiera liquidado sus aspiraciones. Pero en el actual clima de rechazo a la clase política tradicional, más bien lo mantuvo fuera de ella. Su breve periodo como Ministro de Hacienda empezó a darlo a conocer, pero su rápida salida del gobierno y sus posteriores ataques contra este impidieron que lo afectara la fuerte reacción anti-PAC.

A diferencia de la mayoría de las candidaturas que empezaron sin  ninguna base electoral propia, Chaves decidió no postularse también a diputado. El mensaje era claro: la suya no era una candidatura diputadil disfrazada de presidencial, realmente iba por la presidencia, un gesto que evidenciaba su férrea voluntad y esperanza de alcanzarla.

Factores fundamentales en su triunfo electoral fueron el mensaje y el tono utilizado para transmitirlo. El mensaje era el que la población deseaba oír, cambio y más cambio, y la carnada fueron diversas promesas, algunas muy concretas y otras muy vagas, en dos temas que preocupan a la población: costo de la vida y corrupción. Chaves transmitió este mensaje en un tono de enojo que conectaba con el enojo de gran parte de la población. Figueres, mientras tanto, a pesar de unas lágrimas aquí y otras allá, transmitía la imagen de un tipo frío y calculador, que hablaba de grandes pero vagos programas, en una terminología técnica y distante. Así, a sus credenciales de tecnócrata, Chaves añadió las de político.

Chaves no tenía, ni tiene, los programas y los equipos que sí tenía Figueres. Pero mucha gente no quería programas de gobierno que no se leen, ni equipos de caras asociadas a la rechazada política tradicional, sino a alguien nuevo que apelara a sus emociones, a su enojo. A un embroncado dispuesto a comerse sus broncas.

El tono de Chaves como presidente va siendo muy distinto del de Chaves candidato. Directo, sí, pero menos enojado, más dialogante y comedido. Cuál de los dos Chaves es más real, ¿el candidato o el presidente? De tantas promesas,  ¿cuáles realmente intentará, y podrá, cumplir? Sus eventuales éxitos e inevitables fracasos, ¿qué significarán para las zonas fronterizas y costeras, que tanto lo apoyaron? Solo el tiempo permitirá una mirada retrospectiva que halle respuestas a estas y otras preguntas.

 

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