Bernal Herrera: Rodrigo Chaves presidente: factores estructurales

Desengañadas de la política tradicional, escépticas de programas rara vez leídos, esta vez las personas votaron por quien de declaraba tan cabreado como ellas, y dispuesto a comerse las broncas.

0

Bernal Herrera Montero.

Lo que en su momento pareció muy sorpresivo, el triunfo de Rodrigo Chaves, retrospectivamente se entiende mejor. En esta Miscelánea se comentan algunos factores de los estructurales que posibilitaron si victoria electoral, así como el contexto general en que dichos factores surgen y operan.

En el triunfo electoral de Rodrigo Chaves, nuevo presidente de Costa Rica, confluyeron diversos factores. Como sucede con tantos fenómenos sociales, este resultado electoral, que en su momento pareció sorpresivo, visto retrospectivamente se vuelve más predecible.

Qué posibilitó que una persona desconocida hace tres años, con décadas de vivir fuera, candidato de un partido políticamente irrelevante, carente de equipos y programas sólidos, ganara la presidencia del país? Veamos unos cuantos factores estructurales, algunos de ellos también visibles en otros países.

El primero es la erosión de la base electoral de los partidos tradicionales. El PLN y el PUSC mantienen un electorado fiel, pero porcentualmente cada vez menor. Su piso electoral define cada vez más su techo, y si bien siguen obteniendo fracciones legislativas numerosas, no logran ganar la presidencia, que desde hace ocho años pasó a ser electa por quienes prefieren otras opciones.

Segundo factor. Conforme el abstencionismo sube, hace falta cada vez menos apoyo porcentual para ganar una elección.  Dejando de lado lo que esto pueda significar en términos de legitimidad política y gobernabilidad, el hecho es que esto incrementa las posibilidades de que una figura sin estructuras partidarias fuertes se imponga a estructuras más sólidas pero anclados en un techo electoral cada vez más inamovible.

Tercer factor. Las bases electorales que abandonaron al PLN y el PUSC rara vez se sumaron a las bases leales a otros partidos. En cuanto a la población joven que se ha venido sumando al padrón votante, también ha evitado, mayoritariamente, darle una lealtad continua a ningún partido. Al día de hoy, el hundimiento de partidos como Restauración Nacional, el Movimiento Libertario y el PAC, y los altibajos del Frente Amplio, hace que solo Nueva República parezca estar construyendo una base electoral estable, pero muy insuficiente para ganar la presidencia. Esta dilución de las viejas lealtades políticas hace que la presidencia la decida una población electoral flotante, que en cada elección elige entre las opciones disponibles ajenas al bipartidismo, cuyas estructuras partidarias ya cuentan como antes.

El cuarto factor, íntimamente ligado al anterior, es la creciente volatilidad electoral, que no solo afecta las elecciones presidenciales, sino también, pero de distinto modo, las legislativas. Cuatro de los siete partidos que llegaron a la Asamblea Legislativa en el periodo 2018-2022, esta vez quedaron fuera, y  más del 25% de las diputaciones de la nueva las ganaron dos partidos nuevos.

El quinto factor es la tendencia, de trayectoria ascendente pero con altibajos, que acaso remonte a los años setenta, con figuras como GW y González Martén, a mostrar simpatía por candidaturas presidenciales ajenas a los principales partidos, y vistas como disruptivas. Esta tendencia pasa por Juan Diego Castro en el 2014 y Fabricio Alvarado en el 2018, y culmina con el triunfo de Rodrigo Chaves.

Todo ello está anclado en procesos socioeconómicos y culturales. Si el ambiente contestatario e irreverente pero también festivo y esperanzado de los años setenta alimentó la candidatura de GW, hoy día el ambiente es de desengaño, enojo y malestar. Es posible que un factor en el hundimiento de Juan Diego Castro hace cuatro años hayan sido sus bufonadas, que eclipsaron su lado ácido y alejaron a un electorado flotante muy cabreado.

Mucho de este enojo lo originan factores socioeconómicos. Tras décadas de reducción de la pobreza, extensión de servicios básicos como agua, electricidad y caminos, y ampliación de oportunidades educativas y de salud, que en conjunto permitieron una activa movilidad social, a partir de los 80s el modelo se enfocó en el crecimiento macroeconómico a través de exportaciones y el sector servicios. Tales metas se lograron, pero al precio de un aumento notorio de la desigualdad y, lo más grave, de una disminución de la movilidad social. El nuevo modelo requiere personas cada vez mas capacitadas, y la educación pública, del lado cuantitativo, no se democratizó ni extendió lo suficiente, y del lado cualitativo, no logró satisfacer  las nuevas exigencias. Apareció un nuevo tipo de semi-analfabetismo y exclusión, el informático. Las regiones rurales, en especial las fronterizas y costeras, quedaron cada vez más rezagadas, y le dieron un terreno fértil a las candidaturas disruptivas.

No precisar cuáles ni como se las comería permitió que cada quien pensara que se comerías las suyas propias y a su manera. Encima, no solo los rezagados estaban cabreados. Numerosas personas a quienes no les va tan mal en el nuevo modelo, y otras a las que les ha ido bastante bien, también lo estaban, pensando que debería irles aun mejor.

Pero no solo factores estructurales posibilitaron el triunfo de Rodrigo Chaves, también los hubo coyunturales, y a ellos les dedicaremos una próxima Miscelánea.

COVID-19
Suscribase COVID-19

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...