Bernal Herrera Montero.

Según comenté en las dos Misceláneas anteriores, si nos enfocamos en el tema salarial, un principio de la Ley Marco de Empleo Público es que a igual trabajo igual remuneración. Por eso el proyecto fue defendido como una forma de uniformar los salarios de cada una de las categorías laborales de las instituciones públicas. El problema, y grave, es que el emparejamiento propuesto por el gobierno consiste, en la práctica, en una rebaja salarial generalizada, que hará que la casi totalidad del nuevo personal ganará menos de lo que, en un par de años, hubiera ganado con el sistema anterior.

Durante mi infancia y adolescencia, uno de los más frecuentes ataques que se lanzaban contra el comunismo era afirmar que la igualación que, en la práctica, realizaba, pasaba por empobrecer  por igual a casi toda la población. Pues bien, es justo este tipo de empobrecimiento el que la ley amenaza con traer no solo al sector público que recibirá salario global, sino también, vía congelamiento de salarios, al personal perteneciente al sistema anterior.

Las consecuencias de este previsible empobrecimiento son muchas, diversas y complejas, y merecen un estudio detallado, que espero se haga pronto por parte de organismos técnicos y fuerzas políticas. De momento, algunas saltan a la vista, como la fuga de talento que producirá en mucho del sector público,  y la dificultad, e incluso imposibilidad, de que este logre conseguir, a futuro, personal capacitado.

Veamos un par de ejemplos. El salario global propuesto para un médico especialista es de ₡1.637.000. Conseguir por este monto personal tan calificado y demandado como quienes tienen una especialidad médica, parece básicamente imposible, pues en el sector privado tendrían ingresos mucho más altos en jornadas más cortas. De hecho, la Caja Costarricense del Seguro Social, que paga salarios más altos a este personal, ya enfrenta un éxodo de especialistas y tiene problemas para reemplazarlos.

Para la categoría de Profesional Jefe en Informática 3, una de las más altas del sector público para profesionales en informática, el salario global propuesto es aun menor: ₡1.390.000. Un monto con el cual será casi imposible atraer a personal tan calificado como el que la plaza requiere. ¿Quiénes, entonces, estarán a cargo, por ejemplo, de sistemas informáticos tan complejos como los de los ministerios?

En momentos en que numerosos sectores le exigen al estado una mayor eficiencia, la Ley de Empleo Público, apoyada casi unánimemente por quienes más despotrican, a veces con justicia y a veces sin ella, contra las reales y supuestas ineficiencias del aparato estatal, le impedirá a este reclutar el personal, cada vez más calificado, necesario para posibilitar su buena marcha.

Algunas personas pueden haber recibido con agrado la anunciada baja en los salarios de un muy amplio segmento del sector público, creyendo que su única consecuencia será un ahorro de recursos estatales. De ser así, están muy equivocados, pues las repercusiones negativas se harán sentir en el país en su conjunto. Para empezar, la rebaja podría provocar un estancamiento o baja salarial en el sector privado, en especial en empleos calificados, pues dicho sector ya no tendrá que competir con el público. Y si bien es cierto que las empresas deberán seguir compitiendo entre sí para atraer el personal calificado que necesitan, la falta de competitividad salarial de buena parte del sector público difícilmente dejará  de impactar el mercado laboral.

También  se verá afectado, y bastante, el nivel de actividad general del sector privado que abastece al mercado nacional de bienes y servicios, pues el personal público es una de sus principales clientelas. Recordemos que los salarios afectados serán no solo los del personal contratado bajo el nuevo sistema, sino también los del antiguo, pues si bien a este no se le aplicará, de momento, el salario global, sí verá congelados sus salarios mientras los salarios globales de sus respectivas categorías no los alcancen, momento en el cual serán trasladados al nuevo sistema.

Algunos datos son útiles. En el año 2020, el salario promedio del sector público era de aproximadamente ₡1.100.000, y el del privado de unos ₡560.000, o sea, la mitad. Sin entrar en el tema de que el verdadero problema a resolver es el de los bajos salarios de la mayoría de quienes laboran en el sector privado, lo cierto es que una población que como promedio gana el doble que otra, no solo aporta muchos más ingresos a las arcas estatales por cuotas e impuestos, sino consume mucho más bienes y servicios del sector privado. Pues las personas asalariadas gastan la mayoría de sus ingresos netos en el sector privado, sin importar para cual sector laboren. Quienes reciben más gastan más, y lo hacen en el sector privado.

Parece avecinarse, entonces, un empobrecimiento general, y no solo del sector público que entrará al sistema de salario global, sino también del sector privado, y de las instituciones públicas, como la CCSS, cuya principal fuente de financiamiento son las cuotas de los asalariados formales. Estaríamos, en suma, ante el posible empobrecimiento del país como un todo, con todas las consecuencias personales y colectivas, económicas y socioculturales, que ello implica.

Tal vez no sea casual que la única escala de salario global cuyos montos iniciales fueron casi de inmediato aumentados, es la del personal de seguridad. Pues de ser correcto, así sea parcialmente, lo dicho en las tres últimas Misceláneas, avanzamos hacia situaciones de mayor tensión social, incluyendo un aumento en la violencia cotidiana. Y como nada permite augurar que tal situación será atacada en sus raíces, mediante una renovada inversión social en políticas públicas y en servicios básicos como salud y educación, probablemente asistiremos a una mayor represión policial. Espero, y deseo, estar equivocado. Pero si por la víspera se saca el día, el país se dirige, mientras no cambien significativamente las políticas vigentes, hacia tiempos muy difíciles.

 

 

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Bernal Herrera

Por Bernal Herrera

El autor tiene su titulo de Ph.D. en Literaturas Hispánicas y M.A. en Literaturas Hispánicas por Harvard University. Licenciatura y Maestría en Filosofía por la Universidad de Costa Rica. Ha recibido becas de estudio de la Universidad de Costa Rica, Fulbright Program y Harvard University. Ex Vicerrector de Docencia y Catedrático e investigador en la Universidad de Costa Rica.