Bernal Herrera: Única mirando el mar y el público joven

Un hombre de quien puede decirse, con palabras de Machado, que es, “en el buen sentido de la palabra, bueno.” Un hombre que, además de reconocidamente talentoso y comprometido, es bueno, y no por ingenuidad, desconocimiento del mal o falta de fuerza para tomar posición, sino por simple y llana bondad

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Bernal Herrera Montero.

La obra narrativa de Fernando Contreras probablemente es, en Costa Rica, la más leída de un autor de su generación, y una de las más leídas de la literatura costarricense. Y el éxito logrado por su primera novela, tema central de estas notas, merece alguna reflexión. Tras recibir la atención de la crítica, el texto le permitió al autor su ingreso inicial a esa móvil lista de autores leídos por quienes, por profesión o afición, le siguen el pulso de la literatura costarricense e hispanoamericana. Ha sido objeto de puestas coreográficas, y recientemente se proyectaba una puesta teatral. También ha constituido el principal punto de entrada a la narrativa de Contreras para lo que parece su principal público: jóvenes que ejercen la lectura de forma hedónica, por el puro placer de sumergirse en sus mundos. Algunos atribuirán el fenómeno a que Única figura, o figuró, en la lista de lecturas pedidas por la educación secundaria costarricense. Pero la negativa reacción de mucha población colegial ante la mayoría de los textos que se les exige leer, hace ver que si bien el primer contacto con su obra puede venir por esa vía, la empatía que genera, e impulsa a leer otros textos suyos, tiene otras raíces. Dicha empatía tampoco se debe a que Única fuera mejor que las otras obras de lectura obligatoria. Al fin y al cabo estas incluyen, o han incluido, clásicos de la literatura costarricense de la calidad de Salazar Herrera, Fabián Dobles o Joaquín Gutiérrez, o de más allá, empezando por el mismísimo Quijote y Edipo Rey. ¿Porqué, entonces, se aficionan a las novelas de Contreras quienes intentan evadir, o rara vez siguen leyendo, a tan excelentes y célebres autores? Sin duda una parte del desinterés, e incluso rechazo, que muchas obras parecen engendrar en la población colegial se debe a las formas prevalecientes de enseñanza de la literatura. La pregunta, entonces, se vuelve: ¿qué hace que Única, y otros textos de Contreras, logren superar el escollo de una enseñanza que más arruina que estimula el gusto por la literatura? De las posibles razones, me interesan aquí tres: su forma de encarar la faceta política de la literatura, la forma de construir sus mundos narrativos, y el carácter entrañable de sus personajes.

La narrativa de Contreras enfatiza el mundo de la marginalidad, el central de Única. El interés literario por la marginalidad, que se acentuó con el naturalismo del XIX, ha sido constante en la narrativa hispanoamericana. En el caso de la costarricense, buena parte de la dedicada a este tema tradicionalmente priorizó personajes como los peones bananeros y los campesinos sin tierra, que si bien podían incursionar en ámbitos urbanos, eran de estirpe rural. Las nuevas generaciones, sin embargo, han crecido en un país cada vez más urbano, y esto produjo un cambio de escenario literario de lo rural a lo urbano, muy generalizado en Hispanoamérica, y que llegó de manera más bien tardía a nuestra literatura. En el caso de la obra de Contreras, su tratamiento del tema rompe además con las fórmulas más tradicionales. A diferencia de mucha literatura política anterior, articulada por una única línea de tensión y con personajes divididos en oprimidos y opresores, este nuevo mundo de fracturas múltiples impide cualquier visión simplista y maniquea. Lo anterior no implica la entrada a un mundo donde todo da lo mismo, pero sí a uno habitado por sujetos poseedores de identidades plurales y a menudo contradictorias, pero no por ello menos politizadas. Este tipo de complejidad, e incluso ambigüedad, sociopolítica no es de aparición reciente en la narrativa hispanoamericana, pero es hoy día que ha adquirido cierta primacía literaria, no sólo al momento de la escritura, sino también de la lectura. Un mundo narrativo politizado pero ajeno a todo reduccionismo sería la primera de las características que ponen la narrativa de Contreras en sintonía con un amplio público joven, cuyas vidas se han modelado al calor de una gran diversidad social e ideológica.

El segundo factor residiría en las formas utilizadas para articular este mundo. La literatura política tradicional, y en Hispanoamérica ello es muy visible, a menudo encaró sus materiales de forma casi sociológica. Más que individuos, sus personajes solían ser representantes de un grupo social: el indio desposeído, el peón agrícola, el patrón explotador, el indigente, el proletario. El posible interés de muchos de estos personajes no provenía de su vida interior o de sus interacciones sociales, sino de su capacidad de condensar una problemática social. Más que individuos eran tipos, cuando no arquetipos o, en el peor de los casos, estereotipos. Escasos en complejidad interna, articulados con una mirada casi entomológica, estos mundos narrativos tenían un perfil y valor más sociológico que literario. El problema no residía en que los textos del viejo realismo social mintieran,  pues los mundos y problemas sociales allí tratados eran, y siguen siendo, tan reales como acuciantes, sino en que su valor literario iba por debajo de su capacidad de describir o denunciar. Los mundos textuales de las obras de Contreras, y específicamente el de Única, no solo parten de una visión de la realidad más compleja y plural, sino que sus formas de narrar permiten expresar mejor, y de manera más directa, tales cualidades. Lejos de la complejidad formal propia de algunas de las grandes novelas del boom, como Conversación en La Catedral o La muerte de Artemio Cruz, las de Contreras, miembro de la misma generación de los creadores del Crack mexicano y del MacOndo chileno, opta por formas narrativas más directas y realistas, que posibilitan una comunicación más fluida con un público más amplio.

Si el realismo tradicional era refractario al humor, en especial al describir o denunciar conflictos sociales, los textos de Contreras están llenos de un humor que oscila entre la ternura y la acidez. No hay situación, por trágica que sea –y la de Única lo es en grado sumo-, que excluya la presencia de un humor constante, que humaniza a los personajes. El humor no aliviana la tragedia, pero la vuelve más digerible en el sentido más fisiológico del término: como posibilidad de incorporar algo a nosotros mismos. Esta forma de narrar también está marcada por la mezcla de distancia y cercanía de la voz narrativa con sus personajes. En el realismo tradicional el narrador sabe más que los personajes, siendo a veces omnisciente, y de ello derivaba una autoridad que le permitía hablar en nombre de los personajes, orientar al lector y mostrarle la verdad. Los narradores de Contreras saben más que los personajes, pero no convierten este conocimiento en una posición de autoridad frente a ellos o a los lectores. A menudo le dan la palabra a los personajes, optando por convertirse en una más de las voces del texto, y su renuncia a cualquier pretendida neutralidad, a la imposible condición de portadores de una verdad objetiva, les permite mostrar sus simpatías y antipatías. Esta forma de narrar, anti-autoritaria no solo en sus temas sino en sus estructuras mismas, sería una segunda causa de la empatía que genera en un amplio público joven.

La tercera lo son sus personajes. En un entorno cada vez más descreído de las ideologías tradicionales y de macrorrelatos como el progreso y la revolución, los vínculos personales adquieren mayor relevancia no solo como refugio ante una realidad amenazante, sino como posibilitadores de nuevas formas de accionar sociopolítico. Mundos como el de Única son de una marginalidad extrema, pero sus habitantes son seres tan complejos, diversos y cambiantes como los “normales”, un rasgo presente en otros de sus textos. Incluso los personajes secundarios, coro de voces que comenta una acción a menudo priorizada sobre la descripción y la explicación,  exhiben una humanidad que enfatiza no su obvia marginalidad, sino sus múltiples contactos con el mundo”normal”. Los textos son parcos en opiniones, acaso porque sus mundos son tales que las vuelven superfluas, y conforme nos adentramos en ellos crece la empatía por unos seres que superan cualquier condición de espécimen sociológico de la marginalidad. Única y Mondolfo son personajes entrañables, que lucen toda su humanidad aun en condiciones que amenazan permanentemente con aniquilársela. No son héroes románticos, ni casos de estudio, ni seres que habiten un mundo subhumano, salvo por sus condiciones materiales. Son, sin que les falte ni sobre nada para ello, seres humanos en situaciones límite, doblemente condenados a la miseria económica y a que quienes los ven desde fuera crean que su humanidad toda es igualmente miserable. La novela no los idealiza, ni escamotea su miseria económica y sus devastadores efectos; simplemente nos habla de un mundo de posibilidades coartadas, de humanidades quebradas o a punto de quebrarse, de las pequeñas y grandes humillaciones inflingidas a quienes, debiendo ser parte de algún vago “nosotros”, son condenados a ser unos “otros” casi irreconocibles. Pero también nos habla de esperanzas, de deseos, de la ternura y la solidaridad surgida en tan inhóspitos parajes, y esto, lejos de atenuar la tragedia, la radicaliza.

No se trata, en absoluto, de que Única pertenezca a eso que que se ha llamado “literatura juvenil”, etiqueta que conlleva un cierto tufillo de “cosa liviana” o “inocente”. De Única se pueden decir muchas cosas, pero no que sea liviana o inocente, pues no lo es. Su escritura es doblemente contemporánea, tanto por la realidad que recrea –la plural marginalidad de las actuales urbes hispanoamericanas-, como por su lenguaje literario, construido a partir de los lenguajes sociales con que cotidianamente topamos. En Única, Contreras ha construido, a través de la vida en un basurero urbano, una metáfora de amplias zonas de la vida en nuestras sociedades, y esta metáfora es tanto o más persuasiva que cualquier retrato verista.

bernalhe@yahoo.com

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