Bernal Herrera: «USA hoy. Primera parte: el poderío», en Miscelánea

El mundo actual es más multipolar, pero no por decrecimiento del poder estadounidense, sino porque otros focos de poder como China, Rusia, Europa y Japón, ya no son los países destruidos y con economías en ruinas que eran a mediados de los años cuarenta.

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Bernal Herrera Montero.

La situación actual de los Estados Unidos es ambivalente y peligrosa. De cara al mundo, un enorme poderío geopolítico, militar y económico, pero a nivel interno, una creciente disfuncionalidad, que por su posición acaba salpicando a muchas otras sociedades, la nuestra incluida. En esta Miscelánea analizamos algunos rasgos de su poder global.

Todas las potencias económicas, políticas y militares de la historia han tenido sus periferias. Estas podían hallarse en sus regiones limítrofes, como las de China y Rusia durante siglos, o al otro lado del mundo, como las de los imperios marítimos europeos surgidos a partir del siglo XVI, pero en ambos casos la imagen que en las periferias se tenía de las metrópolis imperiales era muy distinta de las que estas tenían de sí mismas.  Por ejemplo, la forma en que Roma se veía a sí misma, no podía ser la misma con que era vista desde Egipto, mientras este fue provincia romana.

Hoy día, los viejos imperios coloniales han sido sustituidos por potencias con una enorme capacidad de presión en sus zonas de influencia, en especial las que se hallan geográficamente cerca, como Centroamérica de los Estados Unidos. Esta influencia convierte la situación de la potencia en tema importante para las periferias, sin importar la simpatía, antipatía o mezcla de ambas que puedan sentir  por aquella.

¿Qué observo hoy, desde nuestra periferia, en los Estados Unidos? Una situación ambivalente y peligrosa. De cara al mundo, un enorme poderío geopolítico, militar y económico; a nivel interno, una creciente disfuncionalidad, que acaba salpicando a muchas otras sociedades, la nuestra incluida. Veamos hoy rasgos de su poderío global.

Los Estados Unidos son hoy la principal potencia mundial, lo que no parece esté a punto de cambiar. Ya no tienen, frente al resto del mundo, la misma posición de poderío que tuvieron tras la Segunda Guerra Mundial, pero su mezcla de poder militar, político, económico y tecnológico, y su dominio de los sistemas financieros internacionales, los mantienen como principal potencia mundial. Nos guste o no, esa es la situación.

El mundo actual es más multipolar, pero no por decrecimiento del poder estadounidense, sino porque otros focos de poder como China, Rusia, Europa y Japón, ya no son los países destruidos y con economías en ruinas que eran a mediados de los años cuarenta. El caso de China es paradigmático, pero no el único. Destruida y arruinada tras la Segunda Guerra Mundial por factores como un siglo de anquilosamiento interno e intervencionismo occidental, una cruenta guerra civil y la invasión japonesa, es hoy día la principal potencia económica y militar asiática, y la única capaz de hacer un contrapeso, en Asia, a la todavía poderosa influencia estadounidense. Algo que se espera se acentúe en las próximas décadas.

En Europa, la influencia de los Estados Unidos no tiene contrapesos. Incluso cuando discrepa de las políticas estadounidenses, Europa sabe que carece del peso geopolítico y militar necesario para distanciarse de ellas. Sean algunas políticas e intervenciones en Centroamérica y el Medio Oriente, o la promesa a Ucrania de un futuro ingreso a la OTAN, decidida por el presidente Bush en el 2008 contra la opinión europea, cuyas trágicas consecuencias son hoy día evidentes, Europa no ha encontrado otro camino que plegarse a las decisiones estadounidenses. En la última reunión de la OTAN fue incluso arrastrada al conflicto estadounidense con China, lo que a la fecha había evitado. Algo similar se dio en relación con Irán.

En cuanto a África y América Latina, el peso económico y geopolítico global de estas regiones sigue siendo mucho menor que su importancia como fuente de materias primas, y sin importar la creciente presencia  en ellas de China, claramente estas regiones no representan ningún desafío serio para la potencia norteamericana.

Rusia, quedó muy debilitada tras la disolución de la Unión Soviética. Y tras fracasar en Afganistán, como han fracasado todos los imperios que allí intervinieron, no logró en Ucrania ni el recibimiento favorable ni la victoria militar que seguramente esperaba Putin, y más bien provocó el fortalecimiento de la OTAN, manifiesto en el anunciado rearme de Alemania, el casi seguro ingreso de Suecia y Finlandia, y el apoyo de los aliados asiáticos, que por primera vez asistieron a la reunión del organismo.

Por último, el accionar del fundamentalismo islámico se concentra hoy día en los conflictos de relativa baja intensidad en África y el Medio Oriente, pero quienes sufren estos conflictos son las poblaciones locales.

Lo que sí se vislumbra a mediano plazo es un reacomodamiento geopolítico de enorme magnitud: el  resurgimiento de Asia como centro de poder global. La alianza entre Rusia y China, y la decisión de numerosos países asiáticos de no sumarse, o de hacerlo de la manera más tibia posible, al aislamiento económico declarado por Estados Unidos contra Rusia, decisión que los europeos, una vez más, no tuvieron más opción que acoger, muestra la creciente independencia de diversos países asiáticos frente a los occidentales. Pero en la inmensa Asia coexisten agendas locales diversas, a veces enfrentadas entre sí, y no siempre opuestas a las de los Estados Unidos y Occidente. En resumen, que todavía está lejos de convertirse en una amenaza militar y geopolítica real al poderío estadounidense.

De ser correcto lo anterior, la principal amenaza inmediata y mediata contra su posición de poderío es, paradójicamente, interna. Estados Unidos experimenta hoy, por ejemplo, una virulenta polarización, la creciente disfuncionalidad de su sistema político, una Corte Suprema cuya agenda es la de la extrema derecha del Partido Republicano, y un recrudecimiento del racismo y el supremacismo blanco que recuerdan los tiempos del Ku Klux Klan. Todo esto va minando no solo su antes edulcorada imagen internacional y el discurso oficial del país sobre sí mismo, sino su capacidad de responder a sus problemas internos. Una disfuncionalidad que espero comentar en una próxima Miscelánea.

 

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