Bryan Acuña Obando: Israel – Palestina, de dogmatismos y otras yerbas.

En respuesta al artículo del profesor Bernal Herrera.

Bryan Acuña Obando, International Consultant.
En respuesta al artículo del profesor Bernal Herrera del pasado 4 de febrero me gustaría expresar algunas ideas sobre lo planteado. Inicia planteando que la violencia es un eslabón de un conflicto lleno de atrocidades, lo cual es un buen arranque considerando que si hay algo que el conflicto ha evolucionado desde sus inicios en la negativa para la existencia de un Estado judío sobre un territorio que no poseía soberanía sino más bien ha sido dominado a lo largo de los siglos por diferentes grupos políticos y de poder, siendo los otomanos y los británicos los últimos en la lista.

A continuación, plantea que Israel se concibió como un Estado para una mayoría judía, lo cual no es así en verdad, el territorio particionado fue propuesto para la creación de un enclave judío cerrado, y el resto del territorio dominado por los británicos le fue concedido a los árabes del clan hachemita y así se forjó lo que hoy conocemos como Jordania.

Pese a esta idea de un Estado judío, el acta de independencia del 14 de mayo de 1948 aseguró que se respetaría a los diferentes grupos que integran el país; tan es así que 20% de la población israelí es árabe entre cristianos, musulmanes, drusos, etc.,  que tienen puestos en los poderes del Estado, tienen los mismos derechos más no las mismas obligaciones, como, por ejemplo, están exonerados del servicio militar; aun así en los últimos años una buena cantidad de árabes israelíes se enrolan en las fuerzas armadas.

No es cierto que la guerra de 1948 se utilizó para gestar una limpieza étnica, en primer lugar, porque esta guerra no fue iniciada por Israel sino por los árabes que sí buscaban impedir la creación y luego acabar con el Estado judío e incluso señalaban la posibilidad de terminar la labor que no logró el nazismo en Europa; en segundo lugar, porque los árabes siguieron siendo parte de la sociedad israelí como fue mencionado anteriormente.

El tercer aspecto de ese planteamiento confunde la ley de nacionalidad con la ley del retorno. La primera está garantizada por las leyes generales básicas del Estado como en cualquier parte del mundo, donde se establece quién puede o no ser ciudadano; y el segundo aspecto se ha transformado en una herramienta política utilizada para intentar socavar la estabilidad del Estado a través de la creación de una oficina de la ONU única en su naturaleza donde la condición de refugiado es hereditaria y afecta la propuesta de la resolución 194 del año 1949.

En cuanto a la premisa de “ocupación” y reducción de territorios se deben señalar dos aspectos básicos. En primer lugar, todo crecimiento del territorio israelí posterior a 1948 se ha dado en el marco de las agresiones árabes contra Israel y se ha cambiado la realidad territorial a través de la negociación y de la firma de acuerdos de paz. Ejemplo de esto, los Acuerdos de Camp David de 1979 que hicieron a Israel renunciar a una extensión territorial superior a la suya al desocupar el Sinaí egipcio. El resto de los territorios disputados obedecen a la necesidad de resolver el conflicto conforme a la resolución 242 del año 1967 marcado por el principio de fronteras seguras y defendibles que las organizaciones palestinas a lo largo de los años no han logrado garantizar por su beligerancia.

La negativa a permitir a los judíos tener su Estado ha sido el mayor debate a lo largo del conflicto actual el cual ha evolucionado con los años de ser árabe – israelí, hasta llegar al conflicto actual entre palestinos e israelíes. Del mismo modo, los grupos políticos palestinos han evolucionado a lo largo de los años comenzando con grupos que buscaron desaparecer a Israel como Estado judío, lo cual fue el objetivo inicial de la OLP, evolucionando en los años 90s a un grupo que luchaba por una autodeterminación basada en la resolución de 1967, la misma que proclama la necesidad de fronteras seguras y defendibles. Israel siempre ha anhelado y propiciado la paz, pero igual le asiste el derecho a la legítima defensa.

La evolución del ethos palestino, basada en los principios del panarabismo (nacionalismo árabe), el fracaso de la guerra de 1967 y de 1973, junto con el crecimiento del nacionalismo islámico, dio origen en los 80s a la Yihad Islámica y Hamás, organizaciones ideológicamente cercanas a los Hermanos Musulmanes egipcios y a los principios islamistas compartidos incluso por Irán en cierta manera, país que además es enormemente responsable de la perpetuidad del conflicto, junto a otros actores regionales y globales.

Estas no son organizaciones creadas por Israel, no obedecen tampoco solo al fenómeno del conflicto entre árabes e israelíes, pero fueron vistos como un contrapeso a los grupos “laicos” asociados a la OLP y similares, hasta que cambiaron su dinámica de grupos religiosos a grupos armados extremistas-islamistas.

Todo esto ha llevado a una espiral de violencia dentro de un conflicto imposible de resolver por la cantidad de elementos que se han sumado a lo largo de los años y que no responde positivamente a ninguna especie de imposición política; aun así, es imperativo mencionar que a pesar de lo longevo que se ha vuelto este conflicto, no llega a los catastróficos niveles de otros en la región, incluyendo la guerra iraní – iraquí de los años 80s, la guerra en Siria, el conflicto en Yemen, la guerra en Irak, etc, que han cobrado cientos de miles de víctimas; pero sí es uno de los conflictos más mediáticos y polemizados de la historia moderna.

Aun así, es importante señalar que el contexto de violencia actual fue iniciado por el Hamas hace más de 20 años y a lo largo de los años han lanzado cohetes contra poblaciones civiles israelíes, llegando a su punto culminante con la invasión de territorio soberano israelí cometiendo asesinatos, violaciones y desmanes inimaginables contra población civil inocente israelí, amén del secuestro extorsivo de 240 ciudadanos israelíes y extranjeros y la destrucción de poblados.

A pesar de lo que asevera, la Corte Internacional de Justicia no encontró la plausibilidad de genocidio y por esto decidió no exigir un alto al fuego, aunque no descartó que existieran elementos que posteriormente deban ser analizados. Tampoco se excluye que el conflicto actualmente haya dejado en una condición muy dañada gran parte de la infraestructura en Gaza, pero el peso de la responsabilidad mayor debería recaer sobre los hombros del Hamas quienes exponen constantemente a la población gazatí a condiciones extremas usándolos como escudos humanos y como moneda de canje.

La situación también señala cómo las organizaciones Hamas y la Yihad Islámica han utilizado zonas civiles para esconderse, incluyendo escuelas, hospitales, universidades, mezquitas, cometiendo crímenes de guerra como el no uso de distintivos y uniformes militares para diferenciarse de los civiles, la construcción de túneles debajo de la infraestructura civil y el almacenamiento de armas incluso en lugares sensibles.

El profesor Herrera menciona una encuesta acerca del apoyo de la sociedad israelí al sufrimiento palestino marcándolo en 80% de la población que considera poco importante el sufrimiento palestino durante la ofensiva. Lo cierto es que solamente 48% de los encuestados (no de la población) tuvieron esa posición de acuerdo con la encuesta realizada por el Centro Viterbi de Opinión Pública e Investigación de Políticas del Instituto de Democracia de Israel. Ni siquiera las posiciones sobre reasentamiento en Gaza son populares, solamente el 38% de los israelíes apoyarían una medida así conforme a una encuesta realizada por el Canal 12.

La radicalización del discurso político en Israel llevado a cabo por Kahanistas mesiánicos no es compartido por todos los grupos e incluso en la actualidad debido a esto, el Primer Ministro Netanyahu corre peligro que en caso de una nueva elección quede fuera del gobierno, así como los partidos de posiciones más beligerantes, empujando más hacia el centro la balanza política. Todo esto lo puede lograr una democracia consolidada como la israelí, tanto así que en el pasado han sido los partidos de izquierda los que han promovido la paz, pero la firma de los tratados la han logrado partidos de derecha, por lo que el péndulo tradicional en la situación israelí es diferente debido al contexto del entorno rodeado de autoritarios y beligerantes.

Por el contrario, el Centro Palestino de Estudios e Investigación de Políticas realizó una encuesta para determinar el nivel de apoyo a la causa de Hamas y esta ha aumentado, 52% entre los habitantes de Gaza y 72% en Cisjordania coincidiendo con su apoyo por las acciones del 7 de octubre. En la calle del mundo árabe también hay posiciones encontradas, pero mientras los grupos más radicales se alinean al pensamiento del islamismo de Hamas, países con ideas más innovadoras buscan impulsar un nuevo Medio Oriente con proyectos como los Acuerdos de Abraham que han sido uno de los objetivos a frustrar de los extremistas en los últimos años.

Obviamente estos números fríos solo dan una proyección del modo en que la calle está dispuesta a un proceso de negociación real en estos momentos o no, y muestra la necesidad de seguir trabajando en una cultura de paz real. La narrativa presentada en el artículo no toma en cuenta todos los componentes necesarios, se enfrasca en responsabilizar exclusivamente a Israel por lo que ocurre y como ha pasado en otros contextos se ha infantilizado y restado la responsabilidad que el liderazgo y los movimientos palestinos tienen en toda esta situación, así como la responsabilidad de otros actores regionales, que con sus intereses exponen incluso a los palestinos.

Sí coincido quizás con la frase mencionada por el profesor Herrera, “Una vez más, la geopolítica es dominada por las relaciones de fuerza, no por el derecho internacional”, porque en verdad si se observa bien alrededor de la zona, hay un actor que realmente quiere ver el Medio Oriente arder, que es Irán, a pesar de que está aplicando la táctica de tierra quemada que no deja nada productivo para el futuro, sino solamente destrucción.

 


Bryan Acuña Obando
Egresado de la Maestría en Relaciones Internacionales con énfasis en diplomacia de la Universidad Nacional (Costa Rica).
Licenciado en Relaciones Internacionales, con más de 10 años de trayectoria enfocado en la temática de Oriente Medio.

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