Caminaba

Caminaba, y al caminar se detenía.
Miraba como atontado a su alrededor.
Hurgaba las caras de los transeúntes
como quien busca encontrar una mirada
en un espejo vacío. 

Suspiraba, miraba las nubes a punto de lluvia
y caminaba, para detenerse al rato.
La rutina se repetía una y otra vez,
como cada día. 

A veces, las acongojadas nubes dejaban caer
sus dudas sobre el pavimento,
pero él igual caminaba,
igual se detenía,
igual miraba y caminaba
y, de nuevo, se detenía. 

A veces, el sol prepotente ahuyentaba las nubes
y calentaba inmisericorde el paisaje urbano,
mientras él caminaba,
se detenía,
pasaba un pañuelo por la frente sudorosa,
miraba,
caminaba. 

A veces, pocas veces, unos ojos desconocidos
se detenían en los suyos
y miraban. 

Entonces, por un instante, todo parecía tener sentido.
Por un instante, la recíproca mirada
le indicaba el rumbo claro, definido, eterno.
Y sonreía.
Sólo por un instante.
Luego, caminaba.

Leonardo Garnier
Caminaba
Publicado desde el blog personal y con la autorización de su autor

 

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