Cargas sociales y empleo

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Dennis Meléndez Howell, Economista (Ph.D.).

Se sabe que una de las principales causas del desempleo es las elevadísimas cargas sociales que pesan sobre la contratación de personal. A su vez, es una de las principales causas de la informalidad laboral. La gente, en general, es emprendedora. Cuando necesita allegar dinero para su sustento, se ingenia mil formas distintas de crear microempresas. Muchas de estas les llegan a funcionar, pero se arruinan en cuanto se les obliga a pasar a la formalidad.

No se trata, desde luego, de terminar con la seguridad social. Pero hay que buscar otras formas de financiamiento que no sean los impuestos a los salarios. Cualquier impuesto al trabajo implica una reducción en la cantidad de empleos generados.

Sólo a modo de ejemplo. Si sustituimos los impuestos que pesan sobre la contratación de empleados por un impuesto sobre el consumo, por ejemplo, un aumento general (nada de salir con insensateces de eximir tales o cuales bienes porque los consumen «los pobres») de dos o tres puntos en el IVA, se generará de inmediato una ampliación en los puestos de trabajo disponibles, un aumento en la producción, disminución del desempleo, aumento del ingreso disponible del país y aumento en la demanda que compensaría, con creces, el efecto contractivo en la demanda por el aumento del IVA.

Claro que, de paso, valdría la pena hacer una revisión general de los gastos de la «seguridad social» ¿Cuánto despilfarro hay en programas como Asignaciones Familiares o el IMAS? Quizás valga la pena fundirlas en un solo programa menos burocratizado.¿Tiene sentido seguir manteniendo el INA en su forma actual? ¿No sería mejor incluirla como una institución educativa más dentro del Ministerio de Educación Pública? Entiendo que aún queda un rescoldo de financiamiento empresarial al Banco Popular? ¿Es esto lógico?

Las cuotas de los trabajadores por concepto de invalidez, vejez y muerte están correctamente asignadas (en cuanto a que responden a la fuente correcta, no me refiero a las tasas), pero las de los patronos, deben reducirse a un mínimo. Recuérdese que al final es una ficción el que estas son un impuesto personal a los empresarios y otra aberración, que todos los empresarios son ricos. El empresario produce hasta donde le es rentable producir. Entre más sean los impuestos que tenga que pagar menos produce. Por lo consiguiente, los impuestos al trabajo terminan siendo pagados, en su mayor parte, por los trabajadores, en la forma de menores salarios o desempleo.

Si el gobierno quisiera reducir el desempleo debería emprender reformas cómo esta, en vez de andar con insensateces como pedir préstamos al BCIE, aumentar los subsidios a los pobres (más les ayudaría tener empleo), mantener una horda de burócratas sin funciones (como en JAPDEVA, Mopt, Recope y todo el resto de la administración) o buscando funciones a entidades públicas que murieron hace muchos años como el CNP, Fanal, Ifam, el INDER, el Conicit, etc.

Y la joya de la corona de las ocurrencias: la descarbonización para el año 2050. No nos acercamos ni por kilómetros a la meta de ser carbono neutrales al 2021, menos vamos a «descarbonizarnos» (cualquiera que sea su diferencia) dentro de 30 años, cuando ya otras generaciones habrán tomado el control y el mundo habrá dictado las reglas ante el cambio climático.

Realmente desespera la indolencia para enfrentar los problemas actuales, como el desempleo, y a cambio, nos traten de endulzar con aventuras carísimas, improductivas e improbables.

 

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