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Carlos Araya Guillén, Político, Educador y Filósofo (Dr.).

La ética es la ciencia normativa de la conducta humana social y personal. Por su naturaleza determina una concepción de la vida y el mundo, sustentada en principios y valores (Axiología) reales, que orientan y dan sentido al actuar humano.

Lo anterior no es sólo una interpretación optimista de la moral, por el contrario, sus normas se sumergen en la existencia cotidiana de las personas, en su trabajo, proyectos, responsabilidades, y muchas otras acciones.

En su quehacer diario las municipalidades, los gobiernos locales, las intendencias y los consejos de distrito, no escapan a la vigencia de la ética en el desempeño de sus funciones y competencias cantonales.

La conducta transparente tiene que estar presente en la elaboración y ejecución de sus presupuestos, en la administración de los tributos, en sus proyectos, en sus planes reguladores y manejo de los ingresos municipales, en la tarea de promover un desarrollo local participativo e inclusivo, en la tarea de impulsar políticas públicas en favor de los derechos de las mujeres, la igualdad, y la equidad de género y muchas otras responsabilidades que le otorga el artículo 4 de la ley 7794.

Por eso el caso diamante, alcaldes acusados de corrupción, presuntos favores al narco y sobornos, abuso de poder para obtener beneficios grupales o individuales y el enriquecimiento ilícito son una vergüenza para la institucionalidad y honorabilidad municipal. Precisamente esta semana el alcalde electo de Parrita y actual Vicealcalde, fue detenido por las autoridades del Ministerio Público y el OIJ.

El Instituto de Fomento y Asesoría Municipal (IFAM), como institución autónoma responsable de asesorar a los Gobiernos Locales, está llamado a contribuir no solo con la capacitación técnica y administrativa de cada uno de ellos (84), sino también con la formación moral de sus funcionarios para el correcto y honesto desempeño de sus funciones.

Desde luego, es responsabilidad de los alcaldes, regidores, síndicos, intendentes y concejales actuar con integridad, honestidad, probidad (observar una conducta intachable), transparencia y rectitud en su gestión municipal. Estos valores tienen, por su propia naturaleza, un carácter imperativo en los servidores y empleados municipales.

La corrupción, el enriquecimiento ilícito, fraude de Ley, violación a la prohibición de percibir compensaciones salariales, aceptar dádivas, falsedad ideológica, cohecho, abuso de autoridad, prevaricato, concusión son comportamiento inmorales inapropiados y reprobables, que causan perjuicio a la institución, a otras personas y así mismo.

Es por esto, la necesidad de una clara voluntad de castigar y sancionar con severidad a quienes quebrantan los códígos de ética y los principios axiológicos establecidos por la justicia y el bien común. Bien dijo Platón: “El respeto a los valores morales es tan importante que definen el ideal de la sociedad humana”.

Publicado en  La República

Por Carlos Araya Guillén

Educador, político y filósofo costarricense, ex dirigente del Partido Unidad Social Cristiana, ha sido Presidente Municipal, Diputado y Embajador.