Carlos Araya: Jefes tóxicos en la función pública y privada

Si bien es cierto, no podemos ignorar a los jefes tóxicos, dado su constante acoso laboral, es conveniente saber identificarlos para enfrentar sus crónicas agresiones en el trabajo cotidiano y no ser su “presa”.  Amén de la denuncia correspondiente en los tribunales de trabajo.

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Carlos Araya Guillén, Político, Educador y Filósofo (Dr.).

Bernardo Stamates explica en su excelente libro “Gente Tóxica” (2013)  que el término “tóxico”, referido a los efectos perjudiciales de las conductas de muchos jefes, no es un invento de su propia cosecha, sino que nace y se desarrolla a partir de la década de los años 80.

Desde esos años los investigadores de la conducta humana han aclarado el término y definido sus alcances en las organizaciones privadas y del Estado con saludable rectitud científica.

Los jefes “tóxicos” se descubren en sus conductas estereotipadas y, por ello, repetitivas). Son manipuladores, inseguros, egoístas, irritables, descalificadores de las virtudes y los éxitos de los compañeros de trabajo. Son groseros, envidiosos y agresores. Se sienten importante amenazando y humillando a sus subalternos y transmitiendo miedos y culpas. Son problemáticos y esconden, en sus constantes gritos de jefatura, su mediocridad laboral. Su conducta es violenta y su verbo hiriente contra sus víctimas: empleados  que defienden sus derechos.  Son prepotentes, yoístas pues se creen el centro de la institución o la empresa. Lastiman a los trabajadores y les faltan al respeto.

Quebrantan el entusiasmo, la armonía y el gozo cotidiano de los trabajadores  en el cumplimiento de sus responsabilidades. Utiliza la información de sus “compinches” para disociar la armonía grupal y descargar sus frustraciones.

Sus frases son conocidas: “Aquí se hace lo que yo digo, porque soy el jefe”, “El que no me obedece  lo despido”, “En este departamento yo soy el más importante”, “Aquí todos me deben favores”, “Nadie  tiene derecho a cuestionar o criticar   mis decisiones”. “ No importa lo que diga la ley… yo impongo mis propias reglas y se acabó”.

Los jefes “tóxicos” no son justos ni objetivos, por el contrario, se gozan en favorecer a sus acólitos y adláteres. Son coléricos.  No tienen sentimientos de pertenencia con respecto a los valores morales ni a la institución o empresa. En ocasiones, ocupan,  por mucho tiempo, un puesto de jefatura, gracias a su propiedad en la función pública o a sus contactos en la empresa privada, y lo convierten en su “modus vivendi”.

Bien advierte el psicólogo, Dr. Tomás Navarro, autor del libro Fortaleza Emocional”, a los trabajadores:  “El jefe tóxico no te quiere, no te respeta y no te escucha…, para los jefes tóxicos eres un simple instrumento al servicio de sus intereses”. Humillan para afirmar su incompetencia.

Si bien es cierto, no podemos ignorar a los jefes tóxicos, dado su constante acoso laboral, es conveniente saber identificarlos para enfrentar sus crónicas agresiones en el trabajo cotidiano y no ser su “presa”.  Amén de la denuncia correspondiente en los tribunales de trabajo.


Carlos Araya Guillén
Educador, político y filósofo costarricense, ex dirigente del Partido Unidad Social Cristiana, ha sido Presidente Municipal, Diputado y Embajador.

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