Carlos Denton: 2023, año del migrante

Se estima que uno de cada cinco personas a nivel mundial cambia de residencia cada año, dentro o fuera de su territorio nativo; ha sido la norma por siglos. Lo novedoso es la cantidad de estas que ahora abandonan todo, llevando solo una mochila con posesiones mínimas a un país extranjero.

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Carlos Denton. Politólogo (Ph.D.) y economista

Cada día del año, pasan por tierra centroamericana un mínimo de 300 personas buscando llegar a Norteamérica. Pasan desde Colombia por la barrera natural de Darién en barco hasta La Palma o a pie hasta Yaviza y dos a máximos tres después están en Paso Canoas buscando pasar por Costa Rica. Y de allí siguen—Nicaragua, Honduras, Guatemala, México—pasando por peligros de asaltos, de accidentes, y de cansancio desesperante. Los expertos creen que este número se duplica en 2023.

¿Qué está pasando que tantas personas abandonen su país de origen para hacer vida nueva en un país extranjero? Tradicionalmente se han dividido los migrantes entre dos grupos – los “expulsados” de su país nativo y los “atraídos” a la nación foránea. Los venezolanos que se ven en cantidades tan grandes constituyen un ejemplo de expulsados igual que los cubanos y haitianos. En esos tres países no es que carecen de “oportunidades” para llevar a cabo una vida exitosa; es que no hay posibilidad de seguir viviendo allí sin comida, sin agua potable, sin empleos, sin espacio para vivir. Son países fracasados, dos de ellos, Venezuela y Cuba, por haber establecido sistemas socialistas que no han funcionado nunca en ningún lugar del mundo, y el otro, Haití, por una serie de circunstancias históricas que acumuladas le ha llevado a la ruina.

Los “atraídos” son los que viven adecuadamente en sus países de origen, pero han oído de las grandes ventajas económicas de Norteamérica de amigos y familiares que ya emigraron o por ver las películas y series en la televisión que pintan un cuadro muy atractivo.

También se pueden dividir entre los “traficados” y los que migran por cuenta propia. Muchos de los primeros pagan un monto de dinero, prometiendo pagar un saldo cuando llegan a su destino. A estos les recogen microbuses en Panamá y les mueven en un solo día a la frontera con Costa Rica. Igual ocurre con el movimiento de Paso Canoas a Peñas Blancas, aunque algunos duermen en algún hotel en Puntarenas u otro lugar. Los traficados no pasan por los peligros de los que viajan a pie sin dinero y en algunos casos concluyen su viaje como polizón en el techo de “La Bestia”, el tren de carga que viaja desde Tapachula hasta Nuevo Laredo. Tampoco se encuentran en los semáforos pidiendo ayuda económica para continuar su periplo.

No todos los que pasan por Centroamérica son del continente americano. También hacen el viaje personas de Somalia, Siria, Chad, Etiopía, y hasta de Afganistán. Estos es casi seguro que han sido traficados y pagan montos hasta de $25 mil por el viaje. Muchos de ellos terminan trabajando en situaciones semejantes a la esclavitud al llegar al país destino.

Se estima que uno de cada cinco personas a nivel mundial cambia de residencia cada año, dentro o fuera de su territorio nativo; ha sido la norma por siglos. Lo novedoso es la cantidad de estas que ahora abandonan todo, llevando solo una mochila con posesiones mínimas a un país extranjero.


Publicado originalmente en La República

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