Carlos Denton: Comercios cerrados provocan ruina familiar

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Carlos Denton. Politólogo (Ph.D.) y economista

Ventas de ropa, salones de belleza, licoreras, bazares, pulperías, zapaterías, librerías, ferreterías, jugueterías, ventas de artículos deportivos, sodas, bares, ventas de celulares y artículos electrónicos, confiterías, restaurantes todos clausurados por la debacle económica producido por el Covid-19. Da tristeza caminar por cualquier centralito comercial y ver tantos locales vacíos y pensar que en cada uno había varias personas que trabajaban largas horas para ganar el sostén de sus familias.

Igual hay muchos locales cerrados en las calles y avenidas de las ciudades y en los malls grandes. En estos últimos se notan baños sucios, pocos guardas, máquinas para pagar parqueos inservibles, bombillos quemados y otras muestras de la escasez de ingresos.

La mayoría de los comercios de Costa Rica no pertenecen a grandes cadenas internacionales quizás con suficientes recursos para hacer frente a un cierre largo – los propietarios son empresarios a pequeña escala. Es posible que para financiar la apertura de su comercio tuvieron que pedir prestado o quizás hipotecaron su vivienda para obtener los recursos necesarios para construir mostradores, instalar iluminación, y sobre todo adquirir la mercadería que pretendían vender en su local.

Ahora no solamente han perdido su local, también están endeudados con poca posibilidad de reabrir hasta cuando hay suficientes señales que la crisis económica es algo del pasado. Algunos con recursos oyen a los jerarcas del Ministerio de Salud hablando de un rebrote del virus y se preguntan si no sería mejor esperar, por si acaso otra vez imponen “martillazos” y cuarentenas.

Estas no son grandes multinacionales dirigidas por extranjeros en el exterior—estos son los tíos, abuelos, primos, amigos de todos los habitantes, personas que pagan sus impuestos.

Ahora que están los gremios, los expertos y las organizaciones de trabajadores reunidos con el presidente buscando soluciones especialmente para financiar la estructura del gobierno nacional, ¿Quién habla por estos comerciantes pequeños que también merecen una ayuda? ¿Habrá un fondo especial que aportará financiamiento para los que pueden probar que operaron un comercio por lo menos por tres años antes de la pandemia y que fueron obligados a cerrar?

Habrá algunos que dirán que lo que ocurrió con los comercios fue “una muerte anunciada” de hace tiempo por la llegada de los grandes almacenes internacionales que ofrecen “todo” a precios más bajos. O que contra la posibilidad de comprar en el internet no podían competir estos comercios. Pero a muchos compradores les gusta la atención personalizada de alta categoría y por la experiencia de salir de su casa y ver la mercadería y quizás tocar o probarla.

Cada local cerrado representa una familia ahora con problemas económicos serios. Han tenido que hacer todo tipo de sacrificio para mantenerse “a flote.” El antiguo dueño de la empresa ya es un “desempleado” más juntos a los otros 500 mil que han perdido su trabajo. Estos pequeños empresarios, juntos a los agricultores con fincas familiares, han sido la columna vertebral de la sociedad costarricense desde 1821 – ahora en el bicentenario lo menos que se puede hacer es tenderles la mano.


Publicado originalmente en La República

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