Carlos Denton. Politólogo (Ph.D.) y economista

No hay duda de que uno de los puestos profesionales más difíciles, pero además vitales para el bienestar del país, es el de docente. Ahora que han aparecido tantos educandos con deficiencias en sus conocimientos básicos (leer, hacer sumas y restas por ejemplo) surge un debate sobre la responsabilidad por el bajo rendimiento de ellos. ¿De quien es la culpa de esta situación? ¿Los docentes? ¿Los padres? ¿La pandemia?

No hay duda de que el Ministerio de Educación MEP no respondió adecuadamente al encierre de dos años provocado por la pandemia. Fue un problema estructural — los burócratas, incluyendo los más altos de los jerarcas, de ese ministerio no se caracterizan por su versatilidad y su capacidad de salir del trillo en que están laborando. Los docentes no recibieron apoyo y muchos confesaron que no tenían la capacidad técnica para dar clases de manera virtual.

Esto ya pasó, pero ahora hay que reponer los conocimientos y los años perdidos; el país latinoamericano que ostenta más orgullo por su sistema educativo ahora necesita un plan especial para elevar los educandos con deficiencias para llegar al nivel en que deberían estar por su edad y por el otro lado proteger el sistema para que no haya una caída de estándares en general. Para lograr este fin se necesitan docentes con las siguientes tres características.

Primero tienen que amar la enseñanza; les tiene que llenar de una sensación de bienestar cuando dan clases y trabajan con los niños. Segundo tienen que “personalizar” a los estudiantes, entenderlos como individuos, aprender sus nombres y sus anhelos. Y tercero tienen que mostrar mucha “habilidad de adaptación” a las circunstancias y al cambio.

La verdad es que mucho de lo que es la docencia en Costa Rica, y en especial en las áreas donde residen los más necesitados económicamente, los niños viven en circunstancias que no favorecen al aprendizaje. Sus casas no tienen libros o materiales escritos y probablemente tampoco tienen wifi. Los padres trabajan en actividades que implican esfuerzo manual y no de uso de computadoras o papeles. No hay papeles ni lapiceros con que los niños pueden dibujar o escribir.

Las aulas están sobre pobladas y si se trabaja en turnos, el tiempo con el chiquito es mínimo. Los estudios demuestran que 95 por ciento de los chiquitos pueden aprender fácilmente a leer– ¿Cómo motivarlos?

En síntesis, el docente tiene mucho en que defenderse si sus enseñanzas no llegan a los pupilos. Burocracia del MEP que no apoya, padres de sus cargos que tampoco se interesan, falta de materiales y a todo de estos agregar infraestructura deficiente (aulas, pupitres, baños), y si se resigna salen los muchachos sin conocimientos que son vitales para avanzar en la sociedad y la economía.

La forma de crear igualdad de oportunidades, de reducir la brecha entre los que tienen y los que no, y de desarrollar un país mucho más próspero y democrático, es en la recreación de un sistema de educación pública dinámica y efectiva.


Publicado originalmente en La República