Carlos Denton: La noche de esperanza en un país feliz

Es probable que la Nochebuena 2021 será muy diferente a la actual y la amargura de esta será de memoria inolvidable.

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Carlos Denton. Politólogo (Ph.D.) y economista

Los costarricenses se caracterizan por ser optimistas y de buen humor. Es tal el positivismo que luchan año por año por el primer lugar en los índices que se establecen del país más feliz del mundo. ¿Cómo será la celebración de la Nochebuena en 2020 frente a los estragos dejados por el Covid 19? ¿Será posible encender una llama de esperanza entre las familias cuando están rodeadas de personas sufriendo y donde hay tantos enfrentando la ruina económica provocada por las medidas implementadas para contener a la amenaza sanitaria?

Las celebraciones de finales de 2019 ya fueron sombrías; para los 200 mil hogares donde residía una persona desempleada o subempleada era difícil ser alegre. Pero se hizo el esfuerzo de inyectar optimismo y el refrán “el año entrante tendrá que ser mejor. ¡Anímate!” se escuchaba entre familias en todos los rincones del territorio. Nadie se imaginaba lo que venía y para los más de 2000 hogares enlutados por una enfermedad que golpea a todos no importa su situación o capacidad adquisitiva es especialmente dura la situación.

El año 2020 ha sido uno de enseñanza después de todo. Se aprendió a vivir de manera más sencilla—por ejemplo, se luce la misma ropa del año anterior. Por sí, “no se iba a ningún lado”. Las salidas dentro y fuera del país se han canceladas. Ya no hay servicios en las iglesias y sinagogas; los estadios cerrados. Casi no hay cine, excepto en el hogar.

Se aprendió a ser más autosuficiente; el gobierno se ha demostrado incapaz de resolver los problemas más fundamentales de las familias y más bien se ha convertido en “adversario.” El costarricense tradicionalmente había sido muy “independiente” pero después de 72 años de democracia social esa característica se había sofocado parcialmente.

Es más, se ha profundizado la división de clases; por un lado, los empleados públicos que han recibido salarios completos durante toda la pandemia y donde nadie fuera despedido y por el otro, todos los demás. Peor todavía cuando los empleados públicos quisieron cobrar más impuestos para mantener sus aumentos salariales.

Un 30 por ciento de los habitantes pusieron un emprendimiento durante la pandemia; no había otra y depender del gobierno para cubrir el suministro de la comida u otra ayuda era ilusorio.

La mayoría si celebrará la noche de esperanza (la Buena) y las familias, quizás reducidas en números (la burbuja y unos pocos más), compartirán. Para los niños habrá regalitos y habrá más de una oración pidiendo ayuda al Todopoderoso. Tendrá que terminar la actividad antes de las 10 para que todos puedan llegar s sus casas propias antes del “cierre.” Para las familias con un miembro internado en un hospital, quizás en la Unidad de Cuidados Intensivos UCI, en algunos casos con el dolor de pérdida inminente, podrá ser agonizante sonreír a los niños y compartir con ellos.

 


Publicado originalmente en La República
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