Carlos Denton: ¿Peor el transporte público?

En ciudades con servicio continuo de trenes las personas propietarias de automóviles prefieren usar el transporte público—es más rápido, más barato y sobre todo menos estresante.

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Carlos Denton. Politólogo (Ph.D.) y economista

¡Buses escolares usados de los Estados Unidos! Nunca más creí que en Costa Rica aparecerían, pero un concesionario operando una línea de San José a Pavas ya los está usando; ni se molestó a pintarlos. Estas unidades ya están demasiado viejas para transportar los hijos preciosos de los norteamericanos, pero el Gobierno acá considera que están bien para el pueblo costarricense en general incluyendo niños y mujeres. ¡Qué vergüenza!

Los trenes urbanos cada vez son más escasos y ver a las personas metidas como sardinas en las vagonetas en horas pico provoca una sensación de pena. El servicio de autobuses es de mala calidad y cara, pero la oferta del estado en los rieles no es mejor ni más barata.

¿Ha preguntado usted porque hay tantos automóviles en las calles y carreteras? Es porque ningún gobierno ha logrado organizar un sistema de transporte público adecuado para las necesidades de los ciudadanos. Las rutas de los autobuses no coinciden con los movimientos que requieren los usuarios y tener que usar dos o hasta tres para viajar 7 u 8 kilómetros no es inusual.

En el momento en que logra el habitante acumular recursos suficientes para comprar “un chunche” por más viejo e incómodo es mejor que estar usando líneas de autobús diseñadas en los 1950’s en unidades pintadas amarillo con marcas en el inglés relacionadas con el cuidado de los niños.

Ahora la Asamblea Legislativa está a punto de cancelar el proyecto del tren eléctrico urbano; ¡lo encuentran muy caro! Ya todos sabemos que la norma en Costa Rica es que apenas llega un gobierno, anuncia aeropuertos, trenes, carreteras, sistemas de comunicación, escuelas, mejorías diversas, pero pasan cuatro años y salen con las manos vacías auto felicitándose por logros efímeros, si es que realmente existen algunos. Aparentemente costará $1.2 mil millones el sistema de transporte ferroviario usando fuentes de energía renovable. La mejoría en la calidad de la vida de los habitantes y la protección al medio ambiente valen mucho más y deberían los legisladores aprobar el proyecto.

Necesitamos el tren eléctrico; aparte de la mejoría de la vida de todos, este servicio cambiaría la relación entre el gobierno y los autobuseros. De repente los oficiales tendrán palanca en la relación con los dueños de las rutas. Se les podrá obligar a cambiar rutas actuales a unas que operan desde los lugares de residencia de los habitantes a las estaciones del tren. Se podrá controlar mejor las tarifas y de fijo se podrán prohibir el uso de autobuses escolares usados.

En ciudades con servicio continuo de trenes las personas propietarias de automóviles prefieren usar el transporte público—es más rápido, más barato y sobre todo menos estresante. En el viaje al trabajo o al centro educativo es posible leer, textear, o hablar con otro de los pasajeros sobre la situación que vive el país. Si se mantienen y se dan un aseo continuo serán sumamente cómodas las unidades.

Esperemos todos que los diputados no nos defrauden cancelando el tren eléctrico.

 


Carlos Denton
Politólogo y economista, académico, investigador
y Presidente de la Junta Directiva de CID/Gallup, S.A.,
cdenton@cidgallup.com
Publicado originalmente en La República

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