Carlos Francisco Echeverría: ¿quién elige a los diputados?

¿Preferimos quedarnos trabados en un modelo anquilosado y disfuncional, o poner al día al motor de nuestra democracia, que es la Asamblea Legislativa?

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Carlos Francisco Echeverría.

En la conversación sobre la reforma parlamentaria, muchas personas se oponen al proyecto de Poder Ciudadano Ya (PCY) argumentando cosas como estas: «No necesitamos más diputados, sino mejores diputados», o «Para qué aumentar el número de ese montón de inútiles», y así sucesivamente.

Esos comentarios parecen ignorar un hecho básico: a los diputados los elegimos nosotros los ciudadanos. No los elige nadie más, como para ir a reclamarle que son muy malos. Lo que pasa, eso sí, es que los elegimos de las listas cerradas que nos presentan los partidos.

Nuestro margen de decisión es muy pequeño. Es como entrar a un restaurante en el que hay dos o tres «menús del día» y pare de contar. Y resulta ser que la mejor forma de ampliar ese menú, para que los votantes tengamos más margen de decisión, pasa por cambiar todo el sistema para elegir diputados.

Luego de muchos y muy serios estudios, PCY diseñó un sistema para que todos estemos mejor representados. Y ese sistema implica la creación de 41 distritos electorales y sí, aumentar el número de congresistas.

Pero serían diputados a los que conoceremos mejor, individualmente, con nombres y apellidos y trayectoria, antes de votar por ellos. Y tendremos la libertad – y la responsabilidad – de escogerlos o no, sin la camisa de fuerza de una lista cerrada.

¿Qué eso tiene un costo económico? Tal vez, aunque ese costo se puede reducir limitando el número de asesores.

Pero, en principio, estaríamos «comprando» un parlamento que responda mejor a los intereses de la ciudadanía. ¿Cuánto vale eso? Y, si escogemos bien (ya eso dependerá de nosotros) tendremos un parlamento más productivo y eficiente. La democracia y el desarrollo tienen un precio.

¿Preferimos quedarnos con el viejo modelo de 1949, o adquirir un modelo 2019?

¿Preferimos quedarnos trabados en un modelo anquilosado y disfuncional, o poner al día al motor de nuestra democracia, que es la Asamblea Legislativa?

Las opciones son claras.

 

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