Carlos Francisco Echeverría: Adolescentes

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Carlos Francisco Echeverría.

La adolescencia es una edad difícil. Por eso se llama así. Ya sin el encanto protector de la infancia, el adolescente camina un poco a tientas en un mundo que para él es nuevo, en el que debe encontrar su lugar mientras, al mismo tiempo, experimenta fuertes turbulencias internas.

Necesita definirse, adquirir identidad propia, marcar su territorio. Eso lo logra, en alguna medida, por la vía del rechazo. Aunque todavía no sepa muy bien qué es lo que quiere (o no se atreva a admitirlo) sabe muy bien qué es lo que no le gusta. De allí que recurra con frecuencia a la descalificación, el desdén o la burla, tanto ante sus pares como ante los adultos. Así como pueden ser tiernos y divertidos, los adolescentes son a menudo ácidos y corrosivos.

Todo eso es normal, y lo entendemos como una etapa de la vida. Lo que es extraño es la forma en que las redes sociales sacan al adolescente que todos llevamos dentro. O, más bien, revelan la gran cantidad de adultos que no han superado la adolescencia.

Aquí, el constante fuego cruzado de ofensas y altanerías, cuando no de insultos, se parece mucho a un pleito de colegiales, sólo que es peor. Es peor porque la distancia, y a veces el anonimato, son un abrigo para la cobardía.

Aquí se puede ser cruel o mentiroso sin pagar las consecuencias . Pero incluso entre quienes no llegan a esos extremos, es frecuente una actitud hostil, arrogante, poco constructiva. Es lamentable, porque lo cierto es que las redes pueden ser un foro excelente para el intercambio productivo de ideas y propuestas.

Pero para llegar a eso sería necesario, de una vez por todas, dejar atrás la adolescencia.

 

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