Carlos Francisco Echeverría: Atrincherados

Bien empleada, la cortesía desarma al adversario. Recordemos que, si alguien ya está atrincherado en una posición, tratar de que la cambie es como echarle gasolina al fuego.

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Carlos Francisco Echeverría.

Antes, cuando no había redes sociales, uno opinaba en la mesa familiar o con los amigos. Lo hacía con cierta prudencia, para no ofender a unos u otros. De vez en cuando alguien se propasaba y tenía que llamar al día siguiente para pedir disculpas. Todo eso cambió. Ahora opinamos libremente ante desconocidos. Incluso hay quienes lo hacen de manera anónima, inventándose nombres o distorsionando el propio (como quien se pone media máscara) para disminuir el riesgo.

Se perdió aquella prudencia al opinar. Entonces sucede algo muy interesante. Yo leo algo y escribo un comentario. Alguien que no está de acuerdo me responde, usualmente con algo de fisga o ironía, cuando no de confrontación. Yo no voy a dejar que me humillen en público, por lo cual también contesto, posiblemente con igual carga emocional. Ustedes saben lo que sigue de allí en adelante.

Clasifico a quien me respondió como enemigo, y por extensión a todos quienes opinen como él o como ella. Tal vez aparecen también quienes me defiendan, y me alineo con ellos, al menos para sentirme acompañado. Entre todos cavamos una trinchera. Somos los que piensan “así” contra los que piensan “asá”.

Lejos de enriquecerse, el debate se empobrece. La razón y la verdad huyen del fuego cruzado. El territorio mental de Costa Rica está más lleno de esas trincheras que de las famosas fallas del subsuelo.

Pobres los que deben gobernar en medio de ese clima. ¿Qué hacer al respecto? Lo único que se me ocurre es cultivar la comunicación no confrontativa. Al expresar opiniones, tratar de que la emoción no contamine al pensamiento.

Pensar antes de publicar. Si se tiene datos, presentarlos. Si se trata de ideas, argumentarlas racionalmente. No todo mundo tiene tiempo para buscar estudios y estadísticas que respalden sus opiniones (razón de más para leer a quienes sí lo hacen), pero todos podemos esforzarnos para ser objetivos y respetuosos. Se puede ser enfático, e incluso contundente, sin ofender ni insultar. Si recibimos comentarios ofensivos, tratemos de diferenciar los que merecen respuesta de los que no la merecen. Hay muchos que se descalifican solos. Y si nos vemos obligados a responder, procuremos hacerlo con mesura.

Bien empleada, la cortesía desarma al adversario. Recordemos que, si alguien ya está atrincherado en una posición, tratar de que la cambie es como echarle gasolina al fuego.

Si no enfriamos un poco el diálogo nacional vamos a profundizar las fracturas que ya nos dividen, y eso es muy peligroso.

 


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