Carlos Francisco Echeverría: Dónde hay plata

Es el momento de recordar que todos somos ticos, y estamos en el mismo barco.

0

Carlos Francisco Echeverría.

A veces cuesta tener en la mente dos grandes problemas al mismo tiempo, tales como el coronavirus y la crisis fiscal.  Pero lo cierto es que ahí están, uno a la par del otro, con un agravante: la epidemia agrava bestialmente la crisis fiscal.  No tanto por la atención a los enfermos, aunque eso también cuenta, sino por la paralización de la actividad económica debida al necesario confinamiento temporal.

Como las empresas venden menos, y los consumidores consumimos menos, el gobierno recauda mucho menos impuestos. Así de simple.  Y, sin embargo, tiene que seguir pagando la deuda interna y externa, las planillas y pensiones, y en general todo el gasto público. “¡Que lo recorten!” dicen muchos (y algunos agregan: o hay patadas…). Claro que se puede cerrar algunas instituciones públicas y despedir funcionarios, aunque eso traiga protestas y más desempleo.

La verdad es que habrá que hacerlo en algún momento, ojalá como parte de una reforma del Estado bien pensada y diseñada.  El problema de hacerlo ahora, aparte de los riesgos de la improvisación, es que habría que pagar mucho dinero en prestaciones …y no hay plata. También se podría rebajar la jornada de muchos funcionarios, sin despedirlos, pasando a pagarles sueldo parcial, al menos por un tiempo. Esa es una opción más viable – de hecho, es lo que están haciendo muchas empresas privadas – y las autoridades harían bien en considerarla. Habrá llanto y crujir de dientes, y se deprimirá todavía más el consumo, pero recordemos que, por otra parte, se ha establecido moratorias en los pagos de préstamos y alquileres, y los gastos familiares se reducen en una situación de confinamiento.  Esas cosas mitigarán un poco el sacrificio. Falta, por cierto, limitar las tasas de usura en las tarjetas de crédito. Ojalá que los diputados se apuren con eso.

No obstante, una reducción parcial de la planilla del Estado no será suficiente para llenar el enorme hueco fiscal que se abre ante nuestros ojos.  Además de reducir el gasto, es indispensable buscar más ingresos.  De allí la pregunta: ¿Dónde hay plata? En lo primero que se piensa, obviamente, es en los organismos financieros internacionales. Ya en eso se ha avanzado, aunque, como señaló hace poco Dennis Meléndez, nos estamos quedando atrás en la fila ante el FMI. Pero ni con eso alcanza, además de que no podemos endeudarnos ad infinitum. De alguna manera hay que raspar la olla de los recursos internos.  También algo de eso se ha hecho. El Gobierno hará “mesa gallega” con los superávits de las instituciones públicas.  Que guarden para lo urgente y el resto va para la Caja Única (y nada de caritas).

Olman Segura hizo una propuesta interesante: aprovechar la baja en el precio del petróleo para financiar una especie de seguro temporal de desempleo, dejando fijo el precio de los combustibles.  Allí hay plata.  El diputado Villalta propone aumentos transitorios al impuesto de renta, pero eso ignora un gran problema: este año van a ser muy pocas las empresas que en efecto tengan utilidades. A esas pocas, poquísimas, se les podrá aumentar la tasa y algo sumaremos, pero lo cierto es que los ingresos al fisco por impuesto de renta van a caer este año en picada. Jaime Ordóñez propone cobrar un 9% de renta a las empresas de zona franca. Como la crisis es mundial, aquí aplica el mismo razonamiento: pocas de esas empresas tendrán utilidades, e incluso es posible que muchas cierren.  Está bien, cobrémosles, pero no será mucho lo que salga de allí.

Queda, por supuesto, una fuente mítica de inagotables recursos: los evasores. Que paguen ellos.  En el imaginario popular se piensa en un grupo de millonarios a los que bastaría ir a buscar con una pistola, o con una varita mágica, para que paguen lo que deben. Así se resolvería la crisis fiscal de un día para otro. Ojalá fuera así de fácil.  Esos millonarios existen, pero son menos que los que se cree, y sus cuentas están ocultas y blindadas. Hay que identificarlos y perseguirlos sin descanso, pero no se puede contar con esos fondos para una emergencia fiscal. La otra cara de la moneda, rara vez mencionada, es que la mayor parte de la evasión de impuestos corresponde al enorme sector de la economía informal (el tallercito, el salón de belleza) que da empleo a casi el 50% de la población económicamente activa.  Hay que hacer esfuerzos por incorporarlos a la formalidad – el IVA es un instrumento para eso – pero tampoco nos van a resolver el problema inmediato.

En ausencia de más opciones – salvo mejor criterio de ustedes – nos queda el espinoso tema del impuesto temporal a los salarios, si es que no fue sepultado por el estrepitoso zafis del Ministro de Hacienda. La verdad es que en una situación tan terrible, en la que el desempleo puede llegar al 30%, quienes tenemos la suerte de contar con un ingreso fijo, ya sea por salario o por pensión, deberíamos arrimar un poco el hombro. No creo que un 10% menos de ingreso por tres meses, o hasta por seis, nos vaya a trastornar demasiado la vida, sobre todo si ese ingreso mensual es superior al millón de colones. Es un sacrificio mucho menor que el de quien perdió su empleo, su negocio, o un 50% del sueldo. Conste que estoy incluyendo en esto a las pensiones “no de lujo”, como la mía, siempre y cuando sean de más de un millón.  No le he hecho los números a eso, pero creo que allí hay plata.  Que el Gobierno haga su parte, que recorte donde todavía pueda, que lo demuestre y lo explique.

Que se raspe la olla en las instituciones, se siga persiguiendo a los evasores, y se les suba la tasa de renta a las empresas. Yo, por mi parte, también estoy dispuesto a meter el hombro. ¿Para qué? Para ofrecer un seguro de desempleo temporal a quienes hayan sido excluidos de las planillas a raíz de la epidemia. Ese subsidio podría distribuirse a través de las mismas empresas empleadoras, si se comprometen a recontratar al personal cuando pase la crisis, tal como ya se está haciendo en otros países.

Es el momento de recordar que todos somos ticos, y estamos en el mismo barco.

 

Si le interesa recibir información diariamente:

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...