Carlos Francisco Echeverría: El odio

El odio convertido en fuerza política. Habrá quien pueda ver algo bueno en eso. La historia, la de Hitler, Stalin, Mussolini, Castro, Pinochet y los demás nos dice otra cosa. Nos dice que hay que tener mucho cuidado con el odio. Mucho cuidado.

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Carlos Francisco Echeverría.

Una epidemia siembra miedo e inseguridad en todas partes. Es natural. El problema es que los seres humanos no manejamos bien el miedo. Si se nos acumula necesitamos transformarlo, convertirlo en otra cosa para sentir que salimos de él, o que él salió de nosotros. Así nos atormenta un poco menos.
Buscamos entonces a alguien para echarle la culpa de lo que nos pasa. Eso nos permite convertir el miedo en odio, una emoción que podemos manejar, esgrimir, lanzar sobre otros. Nos transforma de víctimas en victimarios. Pero un virus, invisible e impersonal, no puede ser el objeto de nuestro odio. Tenemos que hallar hacia quién dirigirlo. Los blancos más visibles y más fáciles son, por supuesto, los políticos.
Eso es normal. Parte de su función es ser los pararrayos de las emociones populares. La cosa se complica cuando el odio ya no es a los políticos, o a algunos de ellos, sino a todo el sistema político como tal. A las instituciones y las leyes.
Si eso ocurre en tiempos electorales, existe el riesgo de que alcance el poder quien más canalice o represente ese odio. El odio convertido en fuerza política. Habrá quien pueda ver algo bueno en eso. La historia, la de Hitler, Stalin, Mussolini, Castro, Pinochet y los demás nos dice otra cosa. Nos dice que hay que tener mucho cuidado con el odio. Mucho cuidado.

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