Carlos Francisco Echeverría: El poder de los médicos

Quienes, con absoluto cinismo, decían defender el futuro de la Caja, están logrando exactamente lo contrario. Y eso no es bueno para nadie.

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Carlos Francisco Echeverría.

Cunde la indignación por la forma en que se negoció el fin de la huelga en la CCSS. Es lógico. Aunque luego un juez resuelva en contra de las anualidades porcentuales (el meollo del asunto), lo cierto es que se habrá perdido no sólo miles de cirugías y consultas, sino también vidas humanas, sacrificadas en el altar de los doctores. Y más indignación causa saber que cientos de ellos ya ganan salarios estratosféricos, aunque también haya en la propia CCSS gente que gana menos de lo que debería.

Al ver a los sindicatos salir tan orondos de la negociación, arrecian las críticas contra el Gobierno. Se nos olvida que el instrumento de negociación de los galenos son las vidas de seres humanos. Ellos son el único gremio, en un país sin ejército, que tiene poder sobre la vida y la muerte. Así de simple.

Su capacidad de chantaje es muy superior a la de cualquier otro grupo social. No se les puede sustituir fácilmente, ni obligar a operar a punta de pistola. Si prolongan su huelga pueden morir muchas personas. Y como en la gradería todos somos jueces, al cabo le cobraríamos al Gobierno las vidas perdidas.

Perdón por decirlo en forma tan cruda; sé que no es la forma tica de decir las cosas, pero es la realidad. Al triste resultado de esta huelga hay que agregar otros más. Uno es la pérdida de respeto de gran parte de la población por un gremio otrora casi venerado, y al que además pertenecen magníficos profesionales (como los que sí se quedaron atendiendo pacientes, junto con ejemplar personal de apoyo). Otro es el debilitamiento aún mayor de la CCSS.

Quienes, con absoluto cinismo, decían defender el futuro de la Caja, están logrando exactamente lo contrario. Y eso no es bueno para nadie.

Todos perdimos, y perderemos aún más si no pasa pronto la ley que regula las huelgas en los servicios públicos, y castiga a quienes irrespetan los derechos de los demás, incluso, como en este caso, el derecho a la vida.

 

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