Carlos Francisco Echeverría: Embutidos colectivos

Se le atribuye a Bismarck haber dicho que las leyes y las salchichas es mejor no ver cómo las hacen. En el caso de las leyes eso no se cumple, pero en el de las convenciones colectivas sí. Tras cuatro paredes, pequeños grupos se reparten porciones sustanciales de los recursos del Estado, es decir de todos nosotros.

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Carlos Francisco Echeverría.

No siendo muy aficionado a gobernar, el rey Carlos IV de España dejó esa labor en manos de su valido, favorito además de la reina María Luisa: un apuesto militar llamado Manuel Godoy, que en pocos años acumuló poder y riqueza inmensos.

Godoy era de Extremadura, tierra famosa hasta hoy por sus excelentes chorizos. «El choricero», le decían los madrileños, y desde entonces el término se aplica a quienes se enriquecen a costa de las arcas públicas.

Sirva esta breve introducción histórica y lingüística para señalar un hecho contemporáneo. Siguen existiendo los choriceros individuales, pero ahora existen además los colectivos. Lo que pasa es que al saqueo colectivo de las arcas públicas no se le llama chorizo, sino convención, que viene a ser un nombre mucho más presentable. Tanto, que se le ha llegado a dar fuerza de ley.

Se le atribuye a Bismarck haber dicho que las leyes y las salchichas es mejor no ver cómo las hacen. En el caso de las leyes eso no se cumple, pero en el de las convenciones colectivas sí. Tras cuatro paredes, pequeños grupos se reparten porciones sustanciales de los recursos del Estado, es decir de todos nosotros.

Hoy nos asombramos de las cosas que van saliendo a la luz, como por ejemplo que entre todos pagamos las pensiones complementarias del personal de la CCSS. Debemos tener la misma cara de asombro que puso Carlos IV cuando Napoleón lo convocó a Bayona y sencillamente lo destituyó.


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