Carlos Francisco Echeverría: Estamos en guerra

Mi consejo es buscar el dato correcto y dejarlo a la vista. Los consabidos "trolls" acudirán como sanguijuelas a atacarlo. Hay que ignorarlos y seguir adelante

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Carlos Francisco Echeverría.

En las redes sociales se está desarrollando, en todo el planeta, una guerra de consecuencias decisivas para el futuro de la humanidad: la guerra entre la verdad y la mentira. Nótese que no digo «entre la verdad y el error», porque esa no es una guerra sino una búsqueda legítima y necesaria. No. Esta batalla es entre la verdad y la mentira deliberada, malintencionada y tóxica. Tampoco es una lucha de opiniones – eso no es guerra sino diálogo – sino el ataque a la verdad usando datos falsos, inventados o radicalmente distorsionados, con propósitos inconfesables que son incluso difíciles de imaginar.

Cuando esos ataques prosperan tienen consecuencias tan graves como el triunfo de Donald Trump o el de Jair Bolsonaro, que entre muchas otras cosas agravan la crisis climática, la principal amenaza que se cierne sobre el planeta y sobre nuestra especie. De modo que este es un tema que, por supuesto, nos concierne a todos.

Lo más triste es que el virus de la mentira es altamente contagioso. Se ha convertido en una epidemia. Ya los datos falsos y difamatorios no se originan sólo en oscuros bunkers informáticos o en medios de comunicación igualmente oscuros, sino en las mentes contaminadas de, literalmente, millones de personas, que desahogan por esa vía su frustración y su odio.

Por eso, no podemos dejar la defensa de la verdad en manos solamente de los medios serios ni de los administradores de redes. Todos estamos llamados a defenderla. No se trata de involucrarse en discusiones estériles con gente de por sí obnubilada, sino de refutar datos con datos, razones con razones, al menos para que el lector neutral o no fanatizado disponga de mejor información.

Mi consejo es buscar el dato correcto y dejarlo a la vista. Los consabidos «trolls» acudirán como sanguijuelas a atacarlo. Hay que ignorarlos y seguir adelante. No son ellos los que interesan, sino las personas que pasen por allí y se den cuenta del engaño. Sé que suena a poco, pero es la estrategia de la gota de agua.

Si muchos nos empeñamos en defender la verdad, tarde o temprano la mentira se borrará en el aguacero.

 

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