Carlos Francisco Echeverría: Maniqueismo

La verdad siempre está en los matices, no en lo blanco o lo negro. Si no penetramos en los matices corremos el riesgo de quedar con la mente en blanco, o en negro. Ya bastante hemos sufrido las consecuencias de esa ceguera. Los retos que tenemos por delante nos exigen abrir los ojos y el pensamiento, no obcecarnos en prejuicios ni en ideas fijas.

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Carlos Francisco Echeverría.

El término se origina en la doctrina del filósofo persa Mani, del siglo III de nuestra era. Mani veía la vida como una lucha constante entre el bien y el mal, representados en la luz y la tiniebla.

En los tiempos modernos el término se ha generalizado para designar una visión dualista de la realidad, para la cual no hay términos medios: una cosa, idea o persona es buena o mala, y punto. Si uno lee las redes se percata de que están inundadas de maniqueísmo.

Tal como hoy se practica, se trata de una posición intelectualmente fácil y moralmente cómoda. Existen sólo los malos y los buenos. Yo, por supuesto, soy bueno, y también lo son quienes piensan como yo. Los demás son malos, cuando no malísimos.

Ante una idea determinada, no tengo que detenerme a pensar mucho. Veo de quién viene, o cómo me suena, y de inmediato la clasifico como buena o mala. Y así voy por la vida muy confortablemente, juzgando todo sin esforzarme mucho.

El problema con el maniqueísmo es que resulta paralizante, para las personas y para las sociedades, porque en ese clima el pensamiento no se desarrolla sino que se empobrece.

La verdad siempre está en los matices, no en lo blanco o lo negro. Si no penetramos en los matices corremos el riesgo de quedar con la mente en blanco, o en negro. Ya bastante hemos sufrido las consecuencias de esa ceguera. Los retos que tenemos por delante nos exigen abrir los ojos y el pensamiento, no obcecarnos en prejuicios ni en ideas fijas.

 


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