Carlos Francisco Echeverría: Nombres de poetas

"Si, como afirma el griego en el Cratilo / el nombre es arquetipo de la cosa / en las letras de rosa está la rosa / y todo el Nilo en la palabra Nilo" - Jorge Luis Borges.

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Carlos Francisco Echeverría.

Hace algún tiempo me llamó un amigo poeta para invitarme a participar en uno de sus talleres de poesía. Le di las gracias y le dije que prefiero ser un buen lector, en el mejor de los casos, que ser un mal poeta. No solo por falta de talento, sino porque además (esto no se lo dije) no tengo nombre de poeta, y eso, a mi juicio, es un requisito indispensable para escribir buena poesía.
El autor de los espléndidos versos que validan esta nota tenía nombre de poeta. Al pasar la lista de asistencia, su maestra escolar lo llamaba por un nombre original, eufónico, casi musical: Jorge Luis Borges. Estoy convencido de que si se hubiera llamado Mario Ramírez o Alberto Pérez o, para el caso, Carlos Echeverría, jamás hubiera escrito un buen poema. También creo que mucho del talento de Octavio Paz le vino de sus padres, que lo bautizaron Octavio Paz. Con ese nombre sellaron su destino. Uno no se puede llamar Octavio Paz y no ser buen poeta.
Es por eso que Ricardo Neftalí Reyes, que no recibió la misma gracia de sus padres o del destino, tuvo el genial acierto de hacerse llamar Pablo Neruda, un nombre de poeta telúrico y vital, como el que él quiso ser. Nadie valoró más la musicalidad de las palabras o el latido interior de nuestro idioma que José Lezama Lima, cuyo nombre es un verso. ¿Sigo? ¿Debo decir que en el nombre de Rubén Darío anida una emoción melancólica? ¿O, yendo más atrás, que el apellido Góngora contiene ya los genes del Barroco? Pero, naturalmente, el hecho no ocurre solo en nuestra literatura. La poesía épica y viril de Walt Whitman solo pudo escribirla alguien que se llamara Walt Whitman. El nombre Rainer Maria Rilke es casi un poema lírico en sí mismo. Y a mí, por lo menos, el nombre Charles Baudelaire me suena a cierta embriaguez verbal y existencial.
En las raíces de la poesía occidental, una palabra basta para hacer un gran nombre: Homero, Virgilio, Dante. Revisen ustedes la historia. Comprobarán sin dificultad cuánta razón tenía Platón, y por qué nunca escribió poemas.

 


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