Carlos Francisco Echeverría: Nunca antes

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Carlos Francisco Echeverría.

Las cosas no se dan por casualidad. Una serie de acciones concertadas en todo el país requieren estrategia y recursos, que no salen de la nada. Aunque se alimenten del descontento popular, exigen medios de comunicación, logística y transporte que alguien tiene que proveer.

Quien sea que haga esos gastos no tiene la intención de resolver ninguna crisis. Si así fuera, habrían planteado alternativas razonadas a la propuesta del gobierno, pero no fue así. Se trata, aparentemente, de crear inestabilidad y caos. Ante eso, cabe preguntarse ¿a quién le puede interesar que se desestabilice Costa Rica? Se me ocurren dos posibilidades:

  1. El narcotráfico. Nuestro país está en la ruta de traslado de drogas de Sudamérica a Europa y los Estados Unidos. Al narcotráfico le conviene que haya en la región estados fallidos, en los que puede incluso llegar a controlar parte del territorio, como lo ha logrado en naciones hermanas. Tiene los recursos, conoce el terreno, maneja gente y carece de escrúpulos. Podría incluso contar con asesoría política del eje Cuba-Caracas. No es nada raro que cause los desórdenes o al menos se sume a ellos y los aproveche.
  2. El nuevo populismo internacional. Con recursos económicos prácticamente ilimitados, procedentes de algunas de las mayores fortunas de los Estados Unidos, ese grupo creyó poder dominar el mundo, en especial a partir de los triunfos de Trump y Bolsonaro, apoyados ambos en la religiosidad conservadora. Tienen fuerte presencia en toda Latinoamérica, y el haber estado a punto de lograr el poder en Costa Rica, en las elecciones pasadas, les debe haber dejado un gran sentimiento de frustración.

El fracaso de la administración Alvarado les haría sentirse reivindicados. Se deben estar frotando las manos. De manera que, además de la crisis fiscal y estructural del Estado, acumulada por décadas, y de una pandemia que ha postrado a algunas de las economías más fuertes del mundo, la sociedad y la institucionalidad costarricenses se enfrentan a embates que no han sufrido nunca antes. Como decía don Pepe, “Dios nos agarre confesaos”.

 

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