Carlos Francisco Echeverría: ¡una mujer con agallas!

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Carlos Francisco Echeverría.

Irene Cañas, la Presidente Ejecutiva del ICE, hizo lo que había que hacer: cortar por lo sano el proyecto de Diquís, asumiendo el costo económico y político, y así darle un golpe de timón al desarrollo energético del país en línea con la demanda y las nuevas tecnologías. No debe haber sido nada fácil vender la idea dentro del propio ICE.

Es más: tal vez no fue vendida sino impuesta, con el obvio respaldo de la Presidencia de la República. Pero era lo que había que hacer, desde hace rato.

Con la exposición, en paralelo, de la situación de rentabilidad del ICE, se desnuda (parcialmente) otra de las vacas sagradas de nuestra institucionalidad.

En los últimos tiempos se nos ha abierto los ojos a la realidad de la CCSS, la Corte Suprema, las universidades públicas y ahora el ICE. En buena hora.

Nos ha quedado claro que el sector público costarricense ha estado por mucho tiempo ayuno de liderazgos de calidad, capaces de llevar por buen rumbo a sus principales instituciones.

En su lugar se han creado argollas y cofradías, que parecen estar más concentradas en sus propios intereses que en los del país.

Por eso es tan refrescante ver a una nueva generación de funcionarios a los que no les tiembla la mano para hacer los cambios necesarios.

Ojalá que el audaz golpe de mano de Irene Cañas sea el primero de los que necesariamente deben venir en muchos otros ámbitos del Estado. Costa Rica demanda grandes transformaciones, y una nueva generación de líderes que las ejecuten.

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