Carlos Francisco Echeverría: Una oportunidad histórica

Se nos presenta la oportunidad de actuar con visión de mediano y largo plazo, reforzando algunos proyectos ya existentes, pero que han tenido un avance lento, y también emprendiendo iniciativas nuevas en áreas de valor estratégico que hoy están rezagadas

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Carlos Francisco Echeverría.

A raíz de la emergencia ocasionada por el covid-19, y de la contracción económica que trajo consigo, Costa Rica debe hacer esfuerzos extraordinarios para reactivar su economía y generar empleo. Para ello, el país está gestionando sumas considerables de recursos financieros ante organismos internacionales.

Más allá de la atención de necesidades urgentes, el Gobierno dispondrá de un cierto margen discrecional para invertir una parte de esos recursos.

Se nos presenta entonces la opción de invertir en acciones y proyectos que nos orienten hacia un desarrollo cada vez más equitativo y sostenible, acorde con las aspiraciones y también con las credenciales internacionales de Costa Rica.

Ante la perspectiva de que el calentamiento global, si no se contiene a tiempo, ocasione reiterados episodios como el que estamos viviendo, muchas voces se levantan en todo el mundo para pedir un cambio de rumbo hacia un desarrollo más equilibrado y respetuoso del ambiente.

En el corto plazo, es obvio que urge estimular actividades como el turismo, la construcción y el comercio, como generadores inmediatos de empleo y dinamismo económico. Pero también es importante levantar la mirada hacia el horizonte del futuro.

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Estas pueden ser algunas de esas áreas e iniciativas:

1. Electrificación del transporte público y privado

a. El pronto inicio de los trabajos del Tren Rápido de Pasajeros representará un ahorro en la factura petrolera y en el tiempo útil de miles de costarricenses, además de reducir la contaminación del aire y mejorar la calidad de vida de los habitantes de la GAM.

b. El establecimiento de una red de recarga para vehículos eléctricos en todo el país hará viable a mediano plazo el recambio de la flota — incluso de autobuses y camiones — y será además un factor de demanda agregada que contribuirá a mejorar las finanzas del ICE.

2. Digitalización

a. Está pendiente la extensión de la red de banda ancha a todo el territorio nacional, además de una intensa campaña de equipamiento y capacitación en instituciones educativas, para aprovechar al máximo los beneficios de la comunicación digital con los recursos de FONATEL.

b. Paralelamente, es urgente profundizar y generalizar el programa de Gobierno Digital, para agilizar y bajar los costos de transacción de los numerosos trámites a que están sujetas las empresas y la ciudadanía.

3. Gestión del agua

a. El plan Agua para Guanacaste, cuya financiación está aprobada, debe ejecutarse con celeridad para ampliar las zonas de riego y garantizar el suministro de agua potable en la provincia, asegurando que sus beneficios lleguen a los sectores más amplios de la población.

b. En todo el país urge poner al día las redes de distribución de agua potable, así como los sistemas de captación y tratamiento de aguas residuales, para proteger los mantos acuíferos, que son nuestras grandes reservas de agua para el futuro.

4. Gestión de la riqueza marina

a. Costa Rica debe actuar agresivamente en el control y el aprovechamiento racional de su mar territorial, mediante investigación científica, zonificación de las explotaciones y vigilancia marítima.

b. Al mismo tiempo, se requiere un plan ambicioso que ponga al alcance de las poblaciones costeras la tecnología y los recursos para desarrollar prácticas de maricultura y pesca sostenibles.

Esos esfuerzos demandan, además de recursos, una revisión a fondo de la institucionalidad del sector pesquero.

5. Agricultura de alto valor agregado

a. Costa Rica fue exitosa hace tres décadas en su programa de diversificación y exportaciones agrícolas de alto valor agregado. Es hora de reactivar y mejorar esa experiencia, enlazando investigación científica, prospección de mercados y gestión productiva y comercial.

b. La demanda internacional ofrece nuevas oportunidades para agricultura orgánica y regenerativa, productos sustitutivos de bajo impacto ambiental, alimentos funcionales y muchos otros.

Al igual que en ámbito pesquero, la ejecución de esas iniciativas requiere una reingeniería a fondo de la institucionalidad del sector.

Seguramente hay mucho más que podemos hacer, pero si solo lográramos impulsar con determinación esas iniciativas, las nuevas generaciones podrán decir que supimos sacar buen partido de la crisis del 2020.

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