Carlos Luis Fallas, la despedida por Manuel Mora Valverde

Desplegamos nuestra Bandera de lucha frente a la tumba de Carlos Luis Fallas

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Vladimir de la CruzHistoriador y politólogo.

Presento en esta fecha especial, para quienes le conocimos como para las generaciones posteriores, las palabras que pronunciara Manuel Mora Valverde, Secretario General del Partido Vanguardia Popular, en el Cementerio Obrero, en los actos de sepultura de Carlos Luis Fallas, el 9 de mayo de 1966. Se publicó en Semanario Libertad, edición No 179, del 14 de mayo de 1966.

Desplegamos nuestra Bandera de lucha frente a la tumba de Carlos Luis Fallas
Señoras, señores y compañeros:
“Vanguardia Popular”, el Partido de la clase trabajadora de Costa Rica, despide a Carlos Luis Fallas con profundo dolor, pero al mismo tiempo con legítimo orgullo.
La vida de Fallas es la vida de un auténtico revolucionario. Es una vida identificada con los intereses y con la tragedia de su clase y de su pueblo. Es una vida limpia de claudicaciones, sin una sola mancha de cobardía moral, totalmente consagrada a la lucha y al sacrificio, e iluminada siempre por la alegría que brota en las almas grandes de la convicción de que se avanza hacia la justicia y hacia la libertad de los hombres y de los pueblos.
Surgió Fallas de la entraña del pueblo y el pueblo le nutrió su fe en la Revolución. Luchó siempre, sin descanso ni vacilaciones, contra los enemigos del progreso y también contra los impulsos negativos de su propia naturaleza humana en un afán de darle estatura revolucionaria a su personalidad. Y lo consiguió.
Enriqueció su cultura, desarrolló su talento, ascendió a los planos superiores de la intelectualidad, pero no con el propósito mezquino de buscar honores, ni con el grosero de enriquecerse, sino con el propósito noble y superior de contribuir al triunfo de su causa.
Bajo las banderas del Partido, de su clase y de su pueblo se agigantó hasta convertirse, sin dejar nunca de ser humilde, en un valor humano de gran categoría que honra a su Partido, que honra a su Patria y que honra también a la Humanidad, porque no cabe duda de que la Humanidad se honra cuando del corazón de cualquier pueblo, por pequeño que sea, surge una vida tan limpia, tan luminosa, tan revolucionaria y tan profundamente humana, como la vida de Carlos Luis Fallas.
A quien le toque en suerte escribir algún día la biografía de Carlos Luis Fallas necesariamente tendrá que escribir sobre los episodios más fecundos de la vida de su Partido. Asimismo quien escriba la historia de Vanguardia Popular tendrá que escribir la biografía de Fallas.
En ese sentido es que todos sentimos que Fallas no ha muerto. Hoy depositamos sus despojos mortales en una tumba, pero Fallas regresa con nosotros, alegre y vigoroso como siempre fue, a seguir peleando por la justicia social, por la cultura y el bienestar de su pueblo, por la soberanía de su pequeña Patria, por la paz del mundo, por el triunfo del socialismo sobre la tierra.
He dicho que Fallas fue un revolucionario. A este concepto debo agregar otro: Fallas fue un revolucionario costarricense. Esto quiere decir que Fallas supo encarnar el sentido de la Revolución que corresponde a Costa Rica. Esto es claro en la trayectoria de su vida como lo es en las páginas tiernas y al mismo tiempo amargas de sus novelas, en las cuales Fallas no puso artificios literarios sino su pensamiento puro y sus experiencias que son las experiencias del pueblo. Esto se puso de manifiesto durante la capilla ardiente con que el pueblo rindió su postrer homenaje a los restos de nuestro querido camarada.
Nuestra casa, la casa de Fallas, la casa de los comunistas, fue visitada por personas de todas las clases sociales, y de todos los Partidos políticos. Nuestras banderas rojas se inclinaron respetuosamente muchas veces para saludar con sincero reconocimiento a los adversarios que llegaban hasta el ataúd de Fallas para rendirle homenaje en su condición de costarricense ilustre.
Estos hechos tienen una interpretación que no debe pasar desapercibida. Ponen de manifiesto que la lucha revolucionaria de Fallas, ardiente y tormentosa, no le produjo odios irrefrenables. Frente a su cadáver los rencores y los prejuicios se disiparon, y surgió la figura de Fallas en su verdadera significación, como la figura de uno de los mejores hijos de Costa Rica.
Los que, habían peleado contra él, en los campos de batalla de 1948, allí estaban, expresando en voz alta su reconocimiento a la generosidad, a la nobleza y al patriotismo de Fallas.
Los que habían sentido el impacto de sus arremetidas de hombre de ideas, en el Poder, y en la llanura, desde las tribunas públicas, desde las columnas de los periódicos y desde las barricadas, también estaban allí, firmes sin lugar a dudas en sus profundas discrepancias ideológicas, pero ligados al ex dirigente comunista por los lazos de un patriotismo bien en- tendido.
Por demás está decir, que también estaban los viejos linieros a quienes Fallas dirigió en el año 1934 en la huelga agrícola más grande que recuerda la historia del Caribe. Estaban allí, con sus caras endurecidas por la vida y por el trabajo, surcadas por lágrimas de dolor. Y estaban también los obreros, los campesinos y los mejores intelectuales del país, conscientes de que en las grandes conquistas sociales obtenidas por nuestro pueblo en los últimos veinte años, hay sangre y hay espíritu de Fallas.
El Partido Vanguardia Popular -que no niega que ha cometido errores durante su larga lucha- siente que la vida de Fallas tiene todas las características de su propia vida. Nosotros somos y seremos siempre una organización de lucha, de pelea implacable contra todo lo injusto, contra todo lo innoble, contra todas las formas de corrupción social. Pero siempre hemos querido, y seguiremos queriendo, que nuestra lucha se ajuste a la índole y a las buenas tradiciones de nuestro pueblo, que es noble, que es generoso, que no es terreno propicio para los odios profundos, que lleva en su alma los fundamentos esenciales de la democracia, y en sus venas la dignidad que perennemente brota, como de una fuente inagotable, de la lucha sagrada y gloriosa que nuestros abuelos libraron en 1856 para limpiar a Centroamérica de filibusteros.
La capilla ardiente de Fallas reflejó en gran medida el alma del pueblo costarricense. Las luces que la envolvían no eran luces funerarias sino luces de esperanza.
Los comunistas costarricenses sentimos que se robustece nuestra fe; en la posibilidad de que nuestra Patria… pueda, en este período complejo y turbulento de la Historia del mundo, hacer su Revolución por caminos pacíficos, bajo el imperio de la democracia, y bajo el signo de la unidad de todas las fuerzas honradas y progresistas que integran nuestra Nación.
Camarada Fallas, viejo y querido hermano del alma, tus compañeros de lucha te lloramos con lágrimas de fuego. Pero tu Partido, que nunca ha sido ni será viejo, despliega sus banderas ante tu tumba para seguir avanzando, sin que nadie pueda hacerlo retroceder, por el camino de la Revolución Social.

 


Vladimir de la Cruz

Político, historiador, profesor universitario y ex embajador de Costa Rica en Venezuela. Escribe para varios medios de comunicación. Fue candidato presidencial del partido izquierdista Fuerza Democrática en tres ocasiones.

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