Carlos Manuel Echeverría: No al racismo en Costa Rica

Me preocupa más bien que con el embate del anodino consumismo orientado a la generación y satisfacción de deseos derivados de la cultura de origen europeo en Costa Rica, se esté perdiendo no solo la bella raza, sino también la valiosa cultura afro caribeña. Más bien deberíamos estar aspirando a una patria constitucionalmente pluri cultural.

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Carlos Manuel Echeverría Esquivel.

A raíz del evento en el Congreso de la semana antepasada relacionado con el análisis de un justo proyecto afirmativo para los ciudadanos de origen afro caribeño, me he puesto a pensar de nuevo en el tema de las diferencias entre las razas.

Algunas personas insisten en que solo hay una raza; creo que no es así. Al igual como una parte mayoritaria de las especies del Reino Animal, la humana está segmentada en razas que  pueden entremezclarse. Lo que no es aceptable es que se proclame la superioridad de una raza sobre otra. Todos somos iguales en nuestra esencia humana y tenemos los mismos derechos. Desde la otra cara de la moneda, admito que  algunos tenemos más deberes que otros, en función a las ventajas con las que pudimos haber nacido o las oportunidades de desarrollo personal que hemos tenido.

Racismo, discriminación, segregación en Costa Rica. ¿Hay segregación en Costa Rica? La hubo pero hoy en día no la hay. Por supuesto que el que la hubiera avergüenza. Sin embargo, hemos avanzado.

¿Hay discriminación en Costa Rica hacia los compatriotas marcadamente afro caribeños? Es posible y probable que sí, aunque se disimula. Tampoco se puede decir que es generalizada y de allí el mulataje tan común en Costa Rica, lo que nos ha traído como sociedad muchas ventajas.

La discriminación pienso va en disminución aunque no será fácil erradicarla por completo, a pesar del compromiso del país con las convenciones internacionales de los Derechos Humanos y la filosofía imperante al respecto en el país.

¿Hay racismo en Costa Rica? Claro que sí, como lo hay en la mayor parte del mundo. Es notable en Japón, en Rusia, en los EEUU y si usted va a Nigeria notará el racismo que existe contra los de piel clara. Todavía no hace mucho en Limón,  las abuelitas que habían venido de Jamaica, cuando una nieta quería presentarles un novio, lo primero que preguntaban en buen patuá y con disgusto es: ¿“is he “pana”?, “pana” queriendo decir “español” o mejor dicho…blanco. Esas son realidades que no se pueden ignorar.

La gente que vino del Caribe a construir el ferrocarril no vino bajo el régimen de esclavitud.  Ese no fue el caso de mi ancestro don José Cubero, quien en tiempos coloniales españoles terminó su vida como próspero ex esclavo emancipado.  Supongo que la mayor parte de los costarricenses de origen antiguo en el país tienen mi misma condición, con sangre africana e indígena corriendo por sus venas. Así mismo el contingente del cubano Antonio Maceo en el siglo 19, también dejó su huella en Guanacaste.

Por supuesto que la acción afirmativa es legítima y necesaria para estimular a quienes se consideren afro caribeños. No una acción afirmativa paternalista, pues eso sería humillar innecesaria e injustificadamente al compatriota afro caribeño, que lo que necesita es estímulo y oportunidades para progresar sostenidamente.

Me preocupa más bien que con el embate del anodino consumismo orientado a la generación y satisfacción de deseos derivados de la cultura de origen europeo en Costa Rica, se esté perdiendo no solo la bella raza, sino también la valiosa cultura afro caribeña. Más bien deberíamos estar aspirando a una patria constitucionalmente pluri cultural.

Aconsejo a los compatriotas afro caribeños que nutran su espíritu con las ideas de los mejores pensadores africanos, como es el caso de uno de los padres del África post colonial. Me refiero al patriota senegalés y primer presidente Léopold Sédar Senghor a quien inesperadamente me topé en un ascensor, él y yo solos, en la UNESCO en 1985, mientras este servidor aprendía  DDHH en Paris. Enmudecí, sobra decir, ante la grandeza de ese prohombre.

Senghor le dio fuerza al movimiento iniciado en los años 1930s denominado “Negritud”, que busca destacar y desarrollar la conciencia de aquella,  la negritud, como una forma de generar el panafricanismo y la vinculación con la diáspora a nivel mundial. Dejando aparte influencias socialistas en dicho movimiento, éste y derivaciones han contribuido a destacar el orgullo de ser negro y dar la confianza necesaria para enfrentarse inclusive a condiciones adversas.

Finalmente, quiero dejar una semilla sembrada. Desde una perspectiva amplia, el comentario que originó el embrollo que motivó las reflexiones que he hecho tuvo algo de mucho valor, aunque ciertamente pudo haber sido mejor expresado: el referirse a la necesidad de crear condiciones adecuadas para facilitar el desarrollo de otras minorías, una de ellas fundamental y que no anda bien en su incorporación  a la sociedad costarricense, con el debido respeto a sus preferencias culturales: me refiero a la población aborigen de Costa Rica, hoy asediada sin que se haga  mucho por acabar con esa situación. Una vergüenza nacional.



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